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Juntar la vacuna contra la COVID-19 con la de la influenza: el nuevo plan de las autoridades sanitarias

2022-05-23

La idea es que se les exhorte a los estadounidenses elegibles para que este otoño quieran...

Por Apoorva Mandavilli | The New York Times

Como el coronavirus se está volviendo una presencia persistente e impredecible en nuestra vida cotidiana, los científicos y las autoridades federales de salud se están reuniendo para idear una nueva estrategia con el propósito de inmunizar a los estadounidenses: una campaña de vacunación en el otoño que tal vez contemple dosis muy precisas para combatir la versión del virus que piensen que va a estar en circulación.

Este plan se parece mucho a la estrategia para distribuir las vacunas anuales contra la influenza y quizás se convierta en el modelo para que los estadounidenses tengan cómo protegerse del coronavirus en los próximos años.

No obstante, algunos expertos ponen en duda con cuántas ganas una población desgastada por la pandemia recibiría una nueva campaña de vacunación, si las dosis pueden estar listas con la rapidez suficiente como para llegar a la gente que más las necesita… y si en verdad la mayoría de los estadounidenses necesitan que los sigan vacunando.

Los asesores científicos de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por su sigla en inglés) se reunirán el 28 de junio para determinar cuál variante del coronavirus tiene las mayores probabilidades de entrar a Estados Unidos cuando desciendan las temperaturas. Eso les dará tiempo a los fabricantes para decidir si tienen que ajustar la composición de las vacunas y aumentar la producción lo suficiente como para sacar al mercado cientos de millones de dosis antes de octubre.

Los asesores científicos de la FDA han manifestado que aceptarían elaborar una nueva versión de las vacunas solo si hubiese pruebas convincentes de que las vacunas actuales ya no son eficaces y si se demostrara que sería mejor una versión modificada.

La idea es que se les exhorte a los estadounidenses elegibles para que este otoño quieran inmunizarse contra el coronavirus y la influenza al mismo tiempo y en los mismos lugares: farmacias, consultorios médicos, clínicas y lugares por el estilo. El mes entrante se definirán algunos detalles importantes —como quiénes serían las personas idóneas— en las reuniones de los asesores científicos de la FDA y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por su sigla en inglés).

Este plan conllevaría suspender las actuales autorizaciones consecutivas de vacunas de refuerzo para diversos grupos etarios. Pero durante años, los científicos especialistas en la influenza han visto las limitaciones de la estrategia de vacunación anual.

Por lo general, los científicos y las autoridades federales de salud son quienes determinan la formulación de la vacuna contra la influenza en la primavera, seis meses antes de la época de influenza. Al analizar, entre otros factores, la versión del virus de la influenza que ya está en circulación en el hemisferio sur, pueden conjeturar qué versión llegará a Estados Unidos.

No obstante, algunos años, “para cuando se fabrica la vacuna, las cepas ya han cambiado y entonces tal vez no haya una buena compatibilidad”, señaló Ofer Levy, director del programa relacionado con la precisión de las vacunas en el Hospital Infantil de Boston y asesor de la FDA.

Entre las candidatas para vacuna contra la covid del otoño está un refuerzo diseñado para ómicron, la nueva y singular variante del coronavirus, y las combinaciones que la incluyen. El candidato principal de Moderna para el refuerzo contiene 25 microgramos de su vacuna original y una diseñada para ómicron, explicó Paul Burton, el director médico de la empresa.

Pfizer también está probando una vacuna específica para ómicron, pero, de acuerdo con Jerica Pitts, la portavoz de la empresa, hasta junio tomará una decisión sobre cuál será su candidata para el otoño.

Aunque la compatibilidad de la vacuna no sea perfecta, el refuerzo debería brindar cierta protección contra cualquier variante que aparezca en el otoño, tal y como sucede con la vacuna contra la influenza.

El número de estadounidenses que han decidido ponerse dosis de refuerzo ha disminuido cada vez que les recomiendan ponerse otra dosis. Aunque el 90 por ciento de los adultos estadounidenses han recibido una dosis de la vacuna contra la covid y el 76 por ciento optaron por una segunda dosis, solo el 50 por ciento se han puesto una tercera dosis.

“Plantear más dosis para obtener un beneficio cada vez menor da la impresión de que no contamos con un programa de vacunación eficaz”, señaló Matthew Daley, un investigador sénior en Kaiser Permanente Colorado que encabeza el grupo de trabajo de los CDC que se ocupa de las vacunas.

El mes pasado, en una reunión de su comité, Daley y otros asesores advirtieron que una campaña a nivel nacional para una vacunación más abrumaría de manera innecesaria a los farmacéuticos, a los proveedores y al personal de salud pública.

Además, a los especialistas les preocupa que el hecho de promover más dosis este otoño, cuando es probable que para la mayoría de los estadounidenses sea bajo el riesgo de enfermarse de gravedad y morir, afecte la disposición colectiva de vacunarse si después surge una nueva variante y la población lo necesita con urgencia.

Es posible que las reiteradas inmunizaciones puedan disminuir la eficacia de la vacuna. Por ejemplo, la gente que se vacuna contra la influenza un solo año desarrolla una inmunidad más sólida que quienes se vacunan dos años seguidos, señaló Florian Krammer, un inmunólogo de la Escuela de Medicina Icahn del hospital Monte Sinaí en Nueva York.

A pesar de tantas dudas, las autoridades federales están preparando una campaña para el otoño. Juntar la vacuna contra la COVID-19 con la de la influenza cada año es la manera más sencilla de convencer a los estadounidenses de que se vacunen, comentó Peter Marks, director del Centro de Evaluación e Investigación Biológica de la FDA.

“Esto le ahorra tiempo a la gente, cosa que tal vez influya para que más personas reciban las dos vacunas, lo cual sería bastante bueno”, explicó Marks.

Los científicos de la agencia están debatiendo activamente sobre cuál es la mejor composición para la vacuna de otoño con la Organización Mundial de la Salud, los Institutos Nacionales de Salud y los fabricantes de vacunas, dijo Marks.

La FDA está a favor de ofrecer aproximadamente las mismas formulaciones de las vacunas Pfizer-BioNTech y Moderna, para evitar confundir a la gente. De lo contrario, “me preocupa que eso pueda paralizar una campaña de vacunación, cuando lo más importante es que las personas reciban una dosis”, dijo Marks.

Sin embargo, si la vacuna contra la gripe es una simple opción, muchos estadounidenses renunciarán a recibir otra dosis contra la covid. La variante ómicron ha dejado en claro que prevenir todas las infecciones es un objetivo inalcanzable, y muchos consideran que tienen un riesgo bajo de enfermedad grave o muerte.

Sin embargo, Marks señaló que las campañas contra la influenza también tienen como objetivo prevenir la pérdida de productividad, no solo las consecuencias médicas.

Antes de la llegada de la variante ómicron, los funcionarios gubernamentales dijeron que las vacunas contra la covid estaban destinadas a prevenir todos los contagios sintomáticos, pero desde entonces se han retractado de esa postura.

Si bien las vacunas contra la covid mitigaron la propagación de variantes anteriores hasta en un 70 por ciento, “eso claramente no se cumple con ómicron”, dijo. “Sería bueno tener algo que hiciera un trabajo más efectivo”.

Algunos expertos dijeron que en vez de otra ronda de inyecciones, la mejor opción para limitar las infecciones habría sido un aerosol nasal que cubra la nariz y la garganta con anticuerpos para bloquear el virus justo en su entrada. Pero esos aerosoles no estarán disponibles en Estados Unidos hasta dentro de dos o tres años.

Según Marks, hasta que apareció ómicron, los científicos de la FDA estaban tan entusiasmados con las vacunas de ARNm que no consideraron refuerzos alternativos. “Es posible que la luz nos haya cegado temporalmente”, dijo el experto.

Sin embargo, minimizar la cantidad de infecciones siempre que sea posible es “obviamente un objetivo secundario muy, muy importante”, dijo Sara Oliver, quien representa a los CDC en el grupo de trabajo de la vacuna COVID-19.

Además de limitar la propagación del virus y la perturbación social, la reducción de los contagios debería disminuir los casos de covid prolongada, que se caracterizan por una serie de síntomas que pueden persistir durante meses, dijo Oliver.

El nuevo plan puede revivir algunas tensiones persistentes. Los desacuerdos sobre quién debería recomendar las vacunas, y para cuál sector de la población, han perturbado a estas agencias durante meses.

En general, los asesores científicos de la FDA analizan la seguridad y eficacia de las vacunas y recomiendan su autorización o aprobación. Los expertos que asesoran a los CDC luego emiten los lineamientos sobre quién debe recibir las vacunas y cuándo.

Durante la pandemia, las atribuciones de la Casa Blanca, la FDA y los CDC a menudo se desdibujaron. “En este momento, uno de los desafíos es que tenemos muchas voces que hablan sobre la política de inmunización, e históricamente solo hemos tenido una voz”, dijo Daley.

Por ejemplo, cuando la FDA autorizó un segundo refuerzo solo lo hizo para los adultos de 50 años o más, una distinción que normalmente habría surgido de los asesores de vacunas de los CDC.

Los CDC también hicieron una distinción sutil que muchos estadounidenses no entendieron: recomendaban que los adultos mayores de 50 años pudieran recibir un refuerzo si así lo deseaban, pero no era una exigencia. Sin embargo, el nuevo zar de las políticas de la covid en la Casa Blanca, Ashish Jha, respaldó las segundas vacunas de refuerzo.

“No está del todo claro que la Casa Blanca esté en posición de hacer recomendaciones de vacunas per se, sin embargo, dijo que las recomendaba”, dijo Camille Kotton, médica de enfermedades infecciosas en el Hospital General de Massachusetts y asesora científica de los CDC.

No está claro quién pagará la campaña de vacunación de otoño. El estancamiento en el Congreso sobre la financiación para los planes de la COVID-19 pone en peligro la capacidad del gobierno para comprar y proporcionar las vacunas a las personas que más las necesitan.

“Sin fondos adicionales urgentes, no podemos asegurar suficientes vacunas de refuerzo para cada estadounidense que quiera una en el otoño, y no podemos asegurar vacunas más nuevas y más efectivas que protejan contra nuevas variantes”, dijo Sarah Lovenheim, secretaria asistente de Asuntos Públicos del Departamento de Salud y Servicios Humanos.



Jamileth