Consultorio Médico

La viruela del mono se propaga. Y otra vez no estábamos preparados

2022-06-29

Muchos casos de viruela del mono durante el brote reciente en Europa y Estados Unidos se detectaron...

Por Jay K. Varma | The New York Times

Las infecciones de viruela del mono se propagan con rapidez en muchos países. Y Estados Unidos, de nuevo, no estaba listo para enfrentar otro virus.

Se están repitiendo muchos de los problemas de la respuesta del gobierno a los brotes de COVID-19: poco acceso a pruebas, rastreo de contactos, apoyo de vacunación y aislamiento, además de datos escasos de las autoridades de salud pública sobre las áreas y circunstancias en que las personas se infectan. Como en este momento las infecciones se concentran en el grupo de hombres que tienen relaciones sexuales con hombres, la viruela del mono también ha puesto al descubierto otra vulnerabilidad crucial del sistema de salud pública estadounidense: servicios de salud sexual limitados en muchas partes del país. Esta situación dificultará saber cuántos casos de viruela del mono hay y qué hay que hacer para evitar que el virus se propague.

El público en general necesita exigir que los funcionarios electos reconozcan que es apremiante tener una estrategia nacional sólida y un presupuesto concentrado en la salud sexual. Si se considera a la salud sexual una parte rutinaria del bienestar y se le asignan suficientes fondos, podemos reducir la barrera que dificulta el acceso a servicios esenciales y proteger a todos de amenazas sanitarias emergentes, como la viruela del mono.

El causante de la viruela del mono es un virus similar al de la varicela, y antes se pensaba que muchos brotes se originaban por contactos humanos con animales infectados en países del centro y occidente de África. En general, el virus produce varios días de síntomas parecidos a los del resfriado y después aparece un salpullido.

Desde mayo de 2022, se han reportado varios casos de viruela del mono en distintos estados de Estados Unidos y en Europa, asociados principalmente con hombres que tienen relaciones sexuales con hombres. Las investigaciones sobre salud pública sugieren que las infecciones se propagan durante el contacto sexual, muy probablemente cuando la piel de una persona sana toca la de una persona infectada en el área genital o anal. Si bien los especialistas en epidemiología todavía debaten si la viruela del mono debe describirse como una enfermedad “de transmisión sexual” o “transmisible sexualmente”, es razonable pensar que la infección se transmite durante la actividad sexual, de manera parecida a otras infecciones que se transmiten por el contacto piel con piel durante las relaciones sexuales, como herpes, sífilis y el virus del papiloma humano. Si bien no se han registrado muertes en Estados Unidos, una mayor generalización de las infecciones tendrá como consecuencia que algunas personas experimenten complicaciones graves, como daños a los ojos, al cerebro y los pulmones. También es posible que las infecciones sean más graves en el caso de personas con VIH, que, en Estados Unidos, es más común entre los hombres que tienen relaciones sexuales con hombres.

Muchos casos de viruela del mono durante el brote reciente en Europa y Estados Unidos se detectaron en clínicas dedicadas al tratamiento de infecciones de transmisión sexual. Pero existen motivos que hacen creer que Estados Unidos sufre muchos casos más de los registrados. Los Centros para el Control y Prevención de las Enfermedades (CDC, por su sigla en inglés), ha dicho que no sabe cómo contrajeron la enfermedad algunos pacientes estadounidenses, lo que hace pensar que es posible que algunas personas a quienes no se ha diagnosticado siguen propagando la infección. También según la información de los CDC, hay al menos dos variantes distintas de la viruela del mono en Estados Unidos y, por lo tanto, más de un brote al mismo tiempo. En mi experiencia personal, los hombres jóvenes que tienen relaciones con hombres en muchos casos reciben diagnósticos equivocados cuando recurren a los servicios de emergencias.

¿Por qué no se identifican todos los casos? Una posible razón es que Estados Unidos no tiene un número suficiente de clínicas especializadas en salud sexual, incluidas las de servicios de planeación familiar, disfunción sexual, afirmación de género e infecciones de transmisión sexual. Históricamente, la mayor parte de estas clínicas dependen de departamentos locales de salud con financiamiento público.

Las clínicas tienen varias ventajas en comparación con los centros de servicios primarios o urgentes de salud. En general, los pacientes las consideran ambientes más cordiales, pues pueden garantizar el anonimato, cuentan con personal que conoce bien la salud de los hombres gay, por lo regular no tienen cargos o cobran cargos mínimos y pueden ofrecer opciones rápidas de prueba y vacunas de particular importancia para los adultos y adolescentes sexualmente activos. Además, los médicos tienen experiencia para diferenciar con precisión entre las distintas infecciones de transmisión sexual y darles tratamiento a los pacientes y sus parejas sexuales que han sido expuestas. La amplia disponibilidad de clínicas de salud sexual reduce la barrera para que las personas se hagan pruebas, busquen tratamientos en caso de presentar síntomas y obtengan vacunas cuando estén disponibles.

El control de las epidemias de infecciones de transmisión sexual depende de un diagnóstico rápido y el tratamiento efectivo de las personas infectadas y sus contactos. Sin embargo, el financiamiento público para el diagnóstico, tratamiento y rastreo de contactos ha ido a la baja.

En la década de 2010, muchos departamentos de salud redujeron las horas de atención en las clínicas de salud sexual, y los programas de prevención se vieron afectados más a partir de 2020 por la COVID-19. En parte debido a estos servicios de salud reducidos, las infecciones de transmisión sexual han ido en aumento desde hace varios años, y los CDC calculan que, en cada día de 2018, uno de cada cinco estadounidenses tuvo alguna de estas infecciones. Las tasas son especialmente altas entre las personas de 15 a 24 años y los hombres que tienen relaciones sexuales con hombres.

Otros especialistas, con quienes coincido, temen que la viruela del mono explote esta vulnerabilidad y se convierta en una infección de transmisión sexual arraigada permanentemente en Estados Unidos, como ha ocurrido con la sífilis y el VIH. Los cambios iniciales en la piel vistos en este brote por lo regular parecen inocuos y pueden presentarse en áreas que pasan desapercibidas con facilidad, como dentro del ano. De cualquier forma, se trata de lesiones muy contagiosas que incluso pueden contaminar superficies o materiales como toallas, que pueden propagar la infección a otras personas. Los cambios en la piel también pueden ser parecidos a los que ocasionan otras infecciones, como herpes, molusco contagioso o sífilis, por lo que es muy fácil que alguien que no es experto en la evaluación de infecciones de transmisión sexual dé un diagnóstico distinto a la viruela del mono.

Como sabemos por la experiencia con otras enfermedades de transmisión sexual, es posible que los pacientes que tienen síntomas en los genitales o el ano y creen que se relacionan con su actividad sexual no quieran ver a un médico de cuidados primarios, en parte por temor a que el diagnóstico quede documentado en su historial médico y afecte su seguro de salud (si es que lo tienen). A falta de clínicas de fácil acceso que ofrezcan pruebas de viruela del mono en la actualidad, hay una mayor probabilidad de que no se diagnostiquen pronto las infecciones de manera precisa y se sigan propagando. Además, es probable que la dinámica de algunas redes sexuales de hombres que tienen relaciones sexuales con hombres —en la que hombres con varias parejas sexuales tienen relaciones sexuales con hombres que también tienen varias parejas— contribuya a la continua transmisión de la viruela del mono en esta población.

El gobierno federal y los gobiernos estatales deberían poner en marcha de inmediato campañas a gran escala para educar a los proveedores de servicios de salud de todo tipo acerca de la viruela del mono. Las autoridades de salud pública no pueden asumir que los médicos sabrán cuándo hacer una prueba para detectar esta enfermedad y cómo manejar el proceso de tomar muestras de una lesión cutánea y enviarlas a un laboratorio especializado.

Las agencias de salud pública necesitan aumentar en gran medida la colaboración con grupos comunitarios y aplicaciones diseñadas para encontrar parejas, promotores de fiestas y compañías de viajes especializadas en hombres homosexuales, bisexuales y otros hombres que tienen relaciones sexuales con hombres para invitarlos a examinar su piel y detectar cambios. Algunos hombres homosexuales no tienen ningún reparo en tomar y compartir fotografías de su pene y ano cuando quieren ligar; es necesario alentarlos a hacerlo también por su salud. El gobierno federal también debería autorizar que los departamentos de salud estatales utilicen fondos asignados a la COVID-19 que todavía no se han gastado para suministros, equipo y personal dedicado a las infecciones de transmisión sexual para ofrecer más horas de atención y divulgación comunitaria en las clínicas de salud sexual, así como el rastreo de contactos y apoyo para el aislamiento de personas infectadas.

Es probable que la viruela del mono no afecte a tantos estadounidenses como la COVID-19. No obstante, una importante lección de la década pasada que nos han dado las epidemias de COVID-19, ébola y zika es que, si no se controla la transmisión, un virus no quedará limitado a un subconjunto de la población y provocará complicaciones de salud impredecibles. Fortalecer los servicios de salud sexual en este momento puede ayudarnos en dos frentes: contener el brote de viruela del mono y también la propagación en curso de las infecciones de transmisión sexual.