Entre la Espada y la Pared

Diplomáticos afectados por ataques misteriosos luchan contra el gobierno de Trump

2020-10-20

El gobierno ha dicho poco sobre los eventos en China y minimizó la idea de que una potencia...

Por Ana Swanson, Edward Wong y Julian E. Barnes | The New York Times

Los funcionarios estadounidenses que sufrieron lesiones en China, Cuba y Rusia dicen que las agencias estadounidenses están ocultando el verdadero alcance de los episodios, dejando a los colegas vulnerables ante acciones hostiles en el extranjero.
   
El extraño sonido comenzó de noche: era una especie de crac, como una canica que golpeaba el piso del apartamento de arriba.

Mark Lenzi y su esposa tenían mareos, problemas para dormir y dolores de cabeza, y sus hijos se despertaban con la nariz ensangrentada, unos síntomas que pensaban que se debían al esmog de Cantón, China, donde Lenzi trabajaba para el Departamento de Estado. Pero la contaminación del aire no pudo explicar la repentina pérdida de memoria que sufría y que se manifestaba en el olvido de los nombres de sus herramientas de trabajo.

Lo que comenzó como unos sonidos y síntomas extraños sufridos por más de una docena de funcionarios estadounidenses y sus familiares residentes en China, en 2018, se ha convertido en un misterio diplomático que se extiende por varios países e involucra especulaciones sobre armas secretas de alta tecnología y ataques extranjeros.

Una de las preguntas más importantes se centra en si los funcionarios del gobierno de Trump creen que Lenzi y otros diplomáticos en China experimentaron la misma aflicción misteriosa que sufrieron docenas de diplomáticos y espías en la embajada de Estados Unidos en Cuba, entre 2016 y 2017, y que llegó a conocerse como el síndrome de La Habana. Los empleados estadounidenses destacados en ambos países reportaron haber escuchado sonidos extraños, seguidos de dolores de cabeza, mareos, visión borrosa y pérdida de memoria.

El gobierno adoptó un enfoque más suave con China. En mayo de 2018, el secretario de Estado, Mike Pompeo, dijo a los legisladores que los detalles médicos de un funcionario estadounidense que se había enfermado en China eran “muy similares y totalmente consistentes” con el síndrome de Cuba. La administración evacuó a más de una docena de empleados federales y algunos de sus familiares.

El Departamento de Estado pronto se retractó y calificó lo sucedido en China como “incidentes de salud”. Si bien los funcionarios en Cuba obtuvieron licencias administrativas para rehabilitación, los de China inicialmente tuvieron que usar permisos de enfermedad y licencias sin goce de sueldo, según dicen algunos funcionarios y sus abogados. Y el Departamento de Estado no abrió una investigación sobre lo sucedido en China.

El gobierno ha dicho poco sobre los eventos en China y minimizó la idea de que una potencia hostil podría ser responsable. Pero algunos oficiales sénior de la CIA que visitaron las instalaciones de la agencia en el extranjero han reportado episodios similares, según aseguran tres funcionarios actuales, así como exagentes y otras personas familiarizadas con los hechos.

Eso incluye Moscú, donde Marc Polymeropoulos, un oficial de la CIA que ayudó a ejecutar operaciones clandestinas en Rusia y Europa, experimentó lo que él cree que fue un ataque en diciembre de 2017. Polymeropoulos, quien tenía 48 años en ese momento, sufrió un vértigo severo en su habitación de hotel en Moscú y luego presentó migraña y dolores de cabeza debilitantes que lo obligaron a retirarse.

Los episodios que involucran a los agentes de la CIA —y que no han sido divulgados de manera pública— aumentan las sospechas de que Rusia ejecutó los ataques en todo el mundo. Algunos analistas rusos de alto nivel en la CIA, funcionarios y científicos del Departamento de Estado, así como varias de las víctimas, ven al gobierno ruso como el responsable más probable debido a su historial con el uso de armas que causan lesiones cerebrales y su interés en afectar las relaciones entre Washington, Pekín y La Habana.

El director de la CIA aún no está convencido, y los líderes del Departamento de Estado dicen que no han determinado una causa o actor responsable.

Los críticos dicen que las diferencias en el trato hacia los funcionarios se deben a consideraciones diplomáticas y políticas, incluido el deseo del presidente de fortalecer las relaciones con Rusia y lograr un acuerdo comercial con China.

Los diplomáticos en China comenzaron a reportar síntomas extraños en la primavera de 2018, cuando los funcionarios estadounidenses designados allí intentaban convencer a sus homólogos chinos de que aceptaran un acuerdo comercial que Trump había prometido cumplir. El mandatario también buscaba ayuda en Pekín para cerrar las conversaciones sobre temas nucleares con Corea del Norte y elogiaba de manera constante a Xi Jinping, el líder autoritario de China.

Según media docena de funcionarios estadounidenses, los jefes del Departamento de Estado se dieron cuenta de que seguir un curso de acción similar al que habían implementado en Cuba, incluida la evacuación de misiones en China, podría paralizar las relaciones diplomáticas y económicas.

Con Cuba, Trump buscó revertir la distensión del expresidente Barack Obama. Jeffrey DeLaurentis, jefe de misión de la Embajada de Estados Unidos en La Habana durante esos eventos, dijo que la decisión del gobierno Trump de retirar a los miembros del personal “encajaba fortuitamente con su objetivo sobre Cuba”.

Los que huyeron de China han luchado por más de dos años para obtener los mismos beneficios que se les da a las víctimas en Cuba y a otras personas que fueron atacadas por potencias extranjeras. Las querellas han complicado su recuperación y provocaron represalias del gobierno que podrían afectar sus carreras de manera permanente, según entrevistas con más de 30 funcionarios gubernamentales, abogados y médicos.

Los legisladores estadounidenses han criticado lo que califican como la confidencialidad e inacción del Departamento de Estado y presionan a la agencia para que publique un estudio que recibió en agosto de las Academias Nacionales de Ciencias, que examinó las posibles causas de los incidentes.

“Estas lesiones, y el tratamiento posterior por parte del gobierno de Estados Unidos, han sido una pesadilla viviente para estos dedicados servidores públicos y sus familias”, dijo la senadora Jeanne Shaheen, demócrata por New Hampshire. “Resulta obvio que un adversario de Estados Unidos tendría mucho que ganar con el desorden, la angustia y la división que sucedieron después de esto”.

David A. Relman, profesor de la Universidad de Stanford y presidente del comité de las Academias Nacionales de Ciencias que examinó los casos, dijo que era “desalentador e inmensamente frustrante” que el Departamento de Estado se hubiera negado a compartir el informe con el público o el Congreso “por razones que se nos escapan”.

En un comunicado, el departamento dijo que “la seguridad del personal, sus familias y los ciudadanos estadounidenses es nuestra principal prioridad. El gobierno de Estados Unidos aún no ha determinado una causa o un actor”.

Lenzi dijo que demandó al departamento por discriminación por discapacidad, y la Oficina del Asesor Legal Especial de Estados Unidos está realizando dos investigaciones sobre la conducta del Departamento de Estado.

La Oficina del Asesor Legal Especial se negó a comentar. Pero en una carta del 23 de abril que fue examinada por el Times, los funcionarios del asesor especial dijeron que los investigadores habían “encontrado una probabilidad sustancial de irregularidades” cometidas por el Departamento de Estado, aunque la investigación continúa.

“Este es un encubrimiento deliberado de alto nivel”, dijo Lenzi. “Nos ignoran para que nos cansemos”.

La situación se ha complicado porque los funcionarios y científicos estadounidenses todavía debaten si los síntomas fueron el resultado de un ataque.

Muchos diplomáticos, agentes de la CIA y científicos sospechan que un arma que produce radiación de microondas afectó el cerebro de las víctimas. Pero algunos científicos y funcionarios gubernamentales argumentan que fue una enfermedad psicológica que se extendió en el ambiente estresante de las misiones extranjeras. Algunos señalan la posibilidad de que se hayan usado agentes químicos como los pesticidas.

El gobierno de Trump no ha aclarado su punto de vista ni ha dicho exactamente cuántas personas se vieron afectadas.

Al menos 44 personas en Cuba y 15 en China fueron evaluadas o tratadas en el Centro de Reparación y Lesiones Cerebrales de la Universidad de Pensilvania. Otros recibieron atención médica en otros sitios. Al menos 14 ciudadanos canadienses en La Habana dicen haber sufrido síntomas similares.

Los médicos de la Universidad de Pensilvania se negaron a discutir los detalles, pero descartaron la idea de una enfermedad psicológica, diciendo que los pacientes habían sufrido una lesión cerebral provocada por una fuente externa.

Algunos altos funcionarios del Departamento de Estado y exoficiales de inteligencia dijeron que creían que Rusia había desempeñado un papel. Los agentes de inteligencia de ese país han sembrado la violencia en todo el mundo, envenenando a sus enemigos en el Reino Unido y alimentando los asaltos a los soldados estadounidenses en Afganistán.

Durante la Guerra Fría, la Unión Soviética bombardeó la embajada de Estados Unidos en Moscú con microondas. En un documento de 2014, la Agencia de Seguridad Nacional dijo que tenía reportes de inteligencia sobre un país hostil que usaba un arma de microondas de alta potencia para “irradiar las viviendas de un objetivo con microondas”, causando daños al sistema nervioso. El nombre del país permaneció como información clasificada, pero personas familiarizadas con el documento dijeron que se refería a Rusia.

Varios de los casos de la CIA son de oficiales superiores que resultaron afectados cuando viajaban al extranjero para discutir planes con el fin de contrarrestar las operaciones encubiertas rusas con agencias de inteligencia asociadas, según dos personas familiarizadas con esa situación. Algunos analistas de la CIA creen que Moscú estaba tratando de obstaculizar esa estrategia.

Polymeropoulos se negó a hablar sobre sus experiencias en Moscú, pero criticó cómo el gobierno de Estados Unidos manejó la situación de su personal lesionado. Está presionando a la agencia para que le permita ir al Centro Médico Militar Nacional Walter Reed, el hospital que ha atendido a algunos de los afectados en Cuba.

Algunos altos funcionarios estadounidenses insisten en examinar más pruebas antes de acusar a Rusia. Gina Haspel, directora de la CIA, ha reconocido que Moscú tenía la intención de dañar al personal operativo, pero no está convencida de que sean los responsables o que ocurrieron ataques, dijeron dos funcionarios estadounidenses.

Nicole de Haay, portavoz de la agencia, dijo que “la primera prioridad de la CIA ha sido y sigue siendo el bienestar de todos nuestros oficiales”.

Maria Zakharova, portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia, ha calificado cualquier insinuación de la participación de Moscú como “absolutamente absurda y extraña”. Un portavoz de la embajada rusa en Washington dijo que los supuestos ataques probablemente fueron un caso de “histeria masiva”.

Lenzi, quien tiene una amplia experiencia trabajando en la antigua Unión Soviética, dijo que en el material clasificado se decía el país que había llevado a cabo los ataques, pero el Departamento de Estado le negó el acceso a los documentos.

Los altos funcionarios “saben exactamente qué país” fue el responsable, dijo Lenzi, y agregó que no era Cuba o China, sino otro país “al que el secretario de Estado y el presidente no quieren confrontar”.

La primera persona que se enfermó en China, una funcionaria del Departamento de Comercio llamada Catherine Werner, quien vivía al lado de Lenzi, experimentó vómitos, náuseas, dolores de cabeza y mareos durante meses antes de que la trasladaran en avión a Estados Unidos, en abril de 2018.

Según una denuncia presentada por Lenzi, el Departamento de Estado solo tomó medidas después de que la madre de Werner, una veterana de la Fuerza Aérea, usó un dispositivo para registrar altos niveles de radiación de microondas en el apartamento de su hija. La madre también se enfermó.

Ese mes de mayo, oficiales estadounidenses celebraron una reunión para asegurarles a los funcionarios en Cantón que la enfermedad de Werner parecía ser un caso aislado. Pero Lenzi, un oficial de seguridad diplomática, escribió en un memorando a la Casa Blanca que su supervisor insistió en usar un equipo inferior para medir microondas en el apartamento de Werner, calificándolo como un “ejercicio para cumplir”.

“No encontraron nada, porque no querían encontrar nada”, dijo Lenzi.

Envió un correo electrónico advirtiendo a los diplomáticos estadounidenses en China que podrían estar en peligro. Sus superiores enviaron un psiquiatra para evaluarlo y le entregaron una “carta de amonestación” oficial, dijo Lenzi.

Meses después de que comenzara a reportar los síntomas de lesión cerebral, él y su familia fueron evacuados con fines médicos a la Universidad de Pennsylvania.

Otros funcionarios en China experimentaron síntomas similares. Robyn Garfield, un empleado del Departamento de Comercio, fue evacuado de Shanghái con su esposa y dos hijos en junio de 2018.

Los médicos de la Universidad de Pensilvania le dijeron a Garfield que sus lesiones eran similares a las de los estadounidenses en Cuba, pero la oficina médica del Departamento de Estado dijo que se debían a una lesión de béisbol que había sufrido hace 17 años, escribió en un grupo de Facebook para diplomáticos estadounidenses, en marzo de 2019.

El Departamento de Estado calificó a un solo oficial de China por tener la “constelación completa” de síntomas consistentes con los casos de Cuba: Werner, la primera evacuada. En una carta interna, el departamento dijo que otras 15 personas en Cantón, Shanghái y Pekín tenían algunos síntomas y hallazgos clínicos “similares a los” de Cuba, pero no había determinado que padecieran el “síndrome de La Habana”.



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