Entre la Espada y la Pared

La tragedia del metro podría hundir al proyecto de la izquierda en México

2021-05-07

En esta ocasión, el centro de las miradas está sobre el mismo presidente...

Por Guillermo Osorno | The New York Times

CIUDAD DE MÉXICO — La noche del lunes, quienes habitamos en la capital de México observamos con terror cómo se desenvolvía un capítulo más de la trágica historia de la ciudad: el derrumbe de un tramo del metro, dos vagones naranja y verde caídos en forma de “v” sobre una de las calles del sureste de la ciudad.

No es la primera vez que somos testigos de la atrocidad y el dolor: después de los temblores de 2017 y 1985, en los que colapsaron decenas de edificios y murieron demasiadas personas, siguió un pasmo político, una ineficiencia gubernamental inclemente y la constatación de que los destrozos no fueron accidentales, sino producto de años de corrupción estatal, negligencia y opacidad. Los saldos de esas tragedias —tras promesas grandilocuentes de políticos e investigaciones truncas— ha sido la misma: impunidad, vidas perdidas y cientos de ciudadanos afectados. Esta semana también lo hemos visto: autoridades y detractores se colocan ante la tragedia para controlar el daño político y prometen investigar hasta las últimas consecuencias o aprovechan la ocasión para descalabrar al adversario.

Quienes vivimos en esta ciudad de desastres y negligencias estamos de luto e indignados. Necesitamos una investigación independiente, transparente y creíble sobre la responsabilidad en la tragedia del metro. No solo porque es lo correcto para cualquier gobierno, sino también será necesaria para que no se derrumbe el proyecto de la izquierda en México, en el poder nacional y en la capital.

En esta ocasión, el centro de las miradas está sobre el mismo presidente Andrés Manuel López Obrador y dos de sus colaboradores más cercanos, que se disputan la sucesión al líder según la percepción general: Marcelo Ebrard, actual secretario de Relaciones Exteriores y jefe de gobierno de la ciudad entre 2006 y 2012, cuando se mandó construir la Línea 12 del metro, donde ocurrió la tragedia, y la jefa del gobierno capitalino, Claudia Sheinbaum, responsable última de la operación y mantenimiento del metro. En esa triada está representada la cara más visible del proyecto de la izquierda mexicana y son tres de las figuras más importantes del poder político en México hoy.

La historia reciente de México, un país que hasta 2018 fue dirigido por partidos de la derecha o la centroderecha, está plagada de procesos de justicia inconclusos. Siguen sin respuesta la investigación sobre la guerra sucia en el país en los años setenta así como la responsabilidad última sobre la desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa. Las pesquisas sobre la corrupción asociada con la constructora brasileña Odebrecht han señalado a algunos funcionarios, pero no parece que estemos viendo la trama completa. Esa impunidad y la sensación colectiva de hartazgo ayudan a explicar la victoria aplastante de López Obrador y su partido, Movimiento Regeneración Nacional (Morena). En su campaña prometió el cambio, que su movimiento no sería más de lo mismo, sino algo distinto y mejor.

Así que el derrumbe de la viga que sostenía el paso por donde corrían los vagones del metro también impacta a una izquierda que prometió una transformación.

Se ha extendido la idea de que la capital ha sido el experimento político más exitoso de esta corriente. López Obrador, jefe de gobierno de la ciudad entre 2000 y 2005, hizo de su gestión un laboratorio para probar algunos de sus planes más conocidos sobre política social, como la pensión universal para adultos mayores. Aquí han gobernado Ebrard y Sheinbaum, quienes, a diferencia de sus compañeros de partido (y del presidente mismo, dicho sea de paso) combinan una rara pasión por los aspectos más técnicos de la política pública —como una gestión policial más eficiente y con capacidad de investigación— con asuntos discursivos más progresistas, como la legalización del aborto, el matrimonio igualitario o un urbanismo que pone alguna atención en el espacio público y el transporte sustentable.

De hecho, la Línea 12 fue uno de los grandes proyectos de Marcelo Ebrard, quien impulsó una inversión de 2,000 millones de dólares para ese nuevo tramo del sistema del metro, inaugurado al final de su mandato. Poco después de su apertura, se reportaron fallas. Los conductores tenían que disminuir la velocidad por temor a que los trenes se descarrilaran, y un año y medio después cerraron 11 de 20 estaciones por reparaciones. Entrevisté a Ebrard unos meses antes de que dejara el gobierno de la ciudad. Me dijo que estaba preparando un frente amplio, progresista y liberal. Pero el escándalo de la Línea 12 canceló sus aspiraciones de dirigir el siguiente paso de la izquierda en México. Con la victoria de López Obrador, se restauró su carrera y fue designado secretario de Relaciones Exteriores.

Ahora, el fatal accidente ha vuelto a poner las miradas en sobre el canciller. Y el asunto también apunta hacia López Obrador, quien en vez de atender problemas reales de infraestructura, como una mejora del sistema agua, ha decidido no solo aplicar una política de austeridad atizada por la pandemia, sino que desmanteló a un costo millonario el aeropuerto de Texcoco y ha dado prioridad a las refinerías —en un momento en el que el mundo opta por alternativas de energías limpias— además de embarcarse en la construcción de un tren en el sureste del país cuyos dudosos beneficios están por verse.

También está en la mira Sheinbaum por las repetidas denuncias del deterioro de los pilares en esa parte de la Línea 12 que no se atendieron. Ahora recae sobre ella la responsabilidad de que la investigación sobre el derrumbe no sea un desastre mayúsculo. El día después de la tragedia dio una conferencia de prensa donde anunció que se haría una investigación con dos peritajes, uno de la fiscalía de la ciudad y otro independiente, que recayó en una empresa noruega. Es posible que se esté jugando su carrera en este lance.

El resultado podría ser una investigación a modo que, por ejemplo, señale como culpable a Miguel Ángel Mancera, su antecesor y el único personaje de este ajedrez que no es parte del grupo. También la jefa de gobierno podría actuar para hacer eco del instinto del lider de su partido, que suele polarizar acusando a la prensa y sus enemigos de querer usar estos eventos a su favor.

El colapso de unas vigas que sostenían el paso del metro va a poner a prueba de qué están hechos estos encumbrados actores. Sería deseable que la investigación sea intachable y arroje una explicación coherente sobre los errores en la construcción y mantenimiento de la Línea 12, encuentre y juzgue a los responsables y, finalmente, se le ofrezca una reparación a las víctimas. Cualquier otro resultado será doloroso para todos, y además afectará al proyecto de la izquierda puesto en marcha por López Obrador, que tiene a Sheinbaum y Ebrard como sus más brillantes sucesores.

Una investigación que de verdad llegue a sus últimas consecuencias es la única manera de demostrar que las cosas pueden hacerse de manera diferente, y que la izquierda en el gobierno sigue representando una opción distinta y no una nueva versión de los viejos trucos de la clase política mexicana.



Jamileth