Entre la Espada y la Pared

Los últimos días de Epstein: recordando a los famosos y un inodoro con fugas

2021-11-25

Todo cambió el 9 de agosto, cuando Reyes fue transferido fuera de la cárcel y el...

Benjamin Weiser, Matthew Goldstein, Danielle Ivory, Steve Eder | The New York Times

Epstein según nuevos documentos

Registros recién publicados muestran que el financiero caído en desgracia vivió una existencia tediosa en la cárcel antes de su suicidio, y que tejió engaños hasta el final.

El financiero caído en desgracia, encarcelado en Manhattan por cargos federales de tráfico sexual de niñas adolescentes, fue encontrado inconsciente en el suelo de su celda una mañana de julio de 2019, con una sábana atada alrededor de su cuello magullado.

En las horas y días que siguieron a ese intento de suicidio, Jeffrey Epstein aseguraría estar viviendo una “vida maravillosa”, y negaba albergar cualquier pensamiento de acabar con ella, incluso mientras estaba observación por riesgo de suicidio y enfrentaba problemas legales abrumadores.

“No tengo ningún interés en matarme”, dijo Epstein a un psicólogo de la cárcel, según documentos de la Agencia Federal de Prisiones que no se habían hecho públicos anteriormente. Era un “cobarde” y no le gustaba el dolor, explicó. “No me haría eso a mí mismo”.

Pero dos semanas después, lo hizo: murió en su celda el 10 de agosto en el Centro Correccional Metropolitano, al ahorcarse con una sábana, según dictaminó el médico forense.

Tras una vida de manipulación, Epstein creó ilusiones hasta el final, engañando a funcionarios de prisiones, consejeros y reclusos especialmente entrenados que fueron asignados para vigilarlo las 24 horas del día, según los documentos, entre más de 2000 páginas de registros de la Agencia Federal de Prisiones obtenidos por The New York Times tras presentar una demanda conforme a la Ley de Libertad de Información.

Las notas e informes detallados recopilados por las personas que interactuaron con Epstein durante sus 36 días de detención muestran la forma en la que él les aseguraba repetidamente que tenía mucho por vivir, al tiempo que insinuaba que estaba cada vez más desanimado. Los indicios motivaron pocas medidas por parte de los funcionarios de la cárcel y de la agencia, quienes cometieron un error tras otro hasta la muerte de Epstein, según revelan los registros.

Más allá de los asuntos legales y administrativos, la colección de registros proporciona la mirada más íntima y detallada hasta ahora el momento de los últimos días de Epstein, y ofrece algo que a menudo falta en los relatos públicos: su voz.

Pasó muchos días encerrado en una sala de conferencias con sus abogados, evadiendo los confines de su celda húmeda y sucia. En conversaciones con psicólogos y otros reclusos, habló de su interés por la física y las matemáticas y ofreció consejos sobre inversiones. Rememoraba su relación con los famosos, y también se quejaba de las fugas del inodoro de su celda, de la vestimenta naranja de la prisión, de su dificultad para dormir, de su deshidratación y de un entumecimiento en su brazo derecho.

El recluso Epstein también estaba molesto por llevar un overol naranja y ser tratado como “un mal tipo” cuando no ha hecho nada malo en la prisión. El recluso Epstein abordó sus preocupaciones en materia de custodia y seguridad, incluida la razón por la que tiene que llevar el overol naranja (debido a que está alojado en la unidad de aislamiento).

Mientras estaba encarcelado, Epstein se reunió con psicólogos para hablar de su estado mental.

Informe de intervención clínica

Antes Epstein se había codeado con políticos, científicos y titanes de Wall Street, pero ahora le tocaba conversar sobre la comida en el centro de detención de 12 pisos. “Epstein quiere saber quién es el mejor cocinero del 11 Norte”, escribió un preso.

Los registros recién obtenidos no ofrecen ningún respaldo a la explosión de teorías conspirativas de que la muerte de Epstein no fue un suicidio. Tampoco arrojan luz sobre las ideas planteadas por su hermano y uno de sus abogados de que podría haber recibido ayuda para suicidarse. Sin embargo, sí muestran una imagen de incompetencia y dejadez por parte de algunos miembros de la Agencia Federal de Prisiones, que gestiona ese centro de detención federal.

Un formulario de admisión describía erróneamente a Epstein como un hombre negro (era blanco), e indicaba que no tenía condenas previas por delitos sexuales, aunque estaba registrado como delincuente sexual con dos condenas en 2008 en Florida, por solicitud de prostitución y captación de menores para que ejercieran la prostitución. Los registros muestran que algunas de las llamadas telefónicas sociales que realizó no fueron grabadas, registradas o controladas, lo que constituye una aparente violación de la política de la cárcel.

La noche en que se suicidó, Epstein mintió a los funcionarios de la cárcel y dijo que quería llamar a su madre, que hacía tiempo que había muerto. En cambio, llamó a su novia. El personal de la cárcel lo dejó solo en su celda esa noche, a pesar de una directiva explícita de que se le asignara un compañero de celda.

Una reconstrucción psicológica de 15 páginas sobre la muerte de Epstein, recopilada por funcionarios de la oficina cinco semanas después y nunca antes hecha pública, concluyó que su identidad “parecía estar basada en su riqueza, poder y asociación con otros individuos de alto perfil”.

“La falta de vínculos interpersonales significativos, la pérdida total de su estatus tanto en la comunidad como entre sus asociados, y la idea de pasar potencialmente toda su vida en prisión”, continuaba el documento post mortem, “fueron probablemente factores que contribuyeron al suicidio de Epstein”.

La Agencia Federal de Prisiones, en un comunicado, declinó hacer comentarios sobre la detención de Epstein, pero dijo que “el alojamiento seguro y humano de los reclusos es la máxima prioridad de la Agencia Federal de Prisiones”.

La agencia dijo que había creado un grupo de trabajo para abordar las implicaciones para la salud mental de alojar a los reclusos solos, y se comprometió a mejorar su programa de prevención del suicidio, que implica “continuar la formación del personal de la Agencia Federal de Prisiones en la prevención del suicidio, la evaluación del riesgo y las respuestas de emergencia”.

Este otoño, el Departamento de Justicia, argumentando las malas condiciones de la cárcel, también la cerró temporalmente y trasladó a sus presos a otras instalaciones.

El Times obtuvo el material tras demandar a la Agencia Federal de Prisiones, que había rechazado repetidamente sus solicitudes de registros públicos. Como parte de un acuerdo, la agencia aceptó entregar memorandos y correos electrónicos internos, registros de visitas, notas manuscritas de los reclusos y la reconstrucción psicológica de la muerte de Epstein. Muchos de los documentos estaban severamente censurados; algunos fueron retenidos por completo, incluyendo una serie de registros relacionados con el intento de suicidio anterior.

En una audiencia celebrada en abril en relación con la demanda del Times, el juez Paul A. Engelmayer, del Tribunal Federal de Distrito de Manhattan, dijo que estaba “sorprendido por la audacia de la negativa inicial de la Agencia Federal de Prisiones” a facilitar los registros en un caso que describió como un “fracaso épico de alto perfil”.

“Ciertamente, plantea una preocupación”, añadió el juez, “de que intentan defenderse”.

‘Hablando de los famosos’

La estancia de Epstein en el centro de detención comenzó el sábado 6 de julio de 2019, después de su arresto en el aeropuerto de Teterboro en Nueva Jersey, donde había llegado desde París en un jet privado. Un acta de inculpación acusaba a Epstein, de 66 años, de haber reclutado durante muchos años a docenas de chicas adolescentes para que participaran en actos sexuales con él en su mansión en Manhattan y en su propiedad en Palm Beach, Florida, pagándoles a cada una cientos de dólares en efectivo.

De haber sido condenado, habría enfrentado 45 años de prisión.

Inicialmente, fue ubicado en la población general de reclusos, el área menos restrictiva de la cárcel. En un correo electrónico interno, Hugh Hurwitz, entonces director en funciones de la Agencia Federal de Prisiones, lo atribuyó posteriormente a un descuido del Servicio de Alguaciles de Estados Unidos. “Al parecer, el Servicio de Alguaciles de Estados Unidos no indicó que se trataba de un recluso de alto perfil, y el personal no sabía que iba a venir, por lo que no se había diseñado ningún plan”, escribió.

Esa noche, según la reconstrucción post mortem, una asistente de las instalaciones encontró a Epstein en su celda con un aspecto “angustiado, triste y un poco confuso”, dijo en un correo electrónico a tres funcionarios de la cárcel.

Cuando la asistente le preguntó si estaba bien, él dijo que sí. Pero ella no estaba convencida, escribió. “Parece aturdido y retraído”.

Añadió: “Solo para estar seguros y prevenir cualquier pensamiento suicida, ¿puede venir alguien de Psicología a hablar con él?”.

Al inicio nadie lo hizo, según los registros.

El domingo 7 de julio, el alcaide del centro, Lamine N’Diaye, identificó correctamente a Epstein como recluso “de alto perfil” y lo trasladó a la zona de aislamiento, llamada Unidad Especial de Alojamiento (SHU, por si sigla en inglés), en el noveno piso, debido a “la preocupación por su seguridad personal en la población general”, según el correo electrónico de Hurwitz.

Pero no fue hasta las 9:30 a. m. del lunes que Epstein fue llevado a una evaluación psicológica inicial, como se había sugerido a su llegada.

Esa tarde, Epstein tenía que hacer su primera comparecencia ante la corte. Anticipando que se le denegaría la fianza, el psicólogo jefe de la cárcel recomendó que se evaluara su riesgo de suicidio al regreso, dada la atención mediática y la naturaleza de los cargos.

“Es probable que el recluso Epstein reciba malas noticias en el tribunal hoy, y tiene múltiples factores de riesgo de suicidio según las estadísticas de la Agencia Federal de Prisiones”, escribió el psicólogo. “Seamos proactivos”.

Para cuando Epstein regresó, ya era tarde y fue trasladado a “observación psicológica” —un estatus menos restrictivo que la observación por riesgo de suicidio— en el que los llamados acompañantes de prisión hacían turnos para vigilarlo en su celda y escribían una bitácora de sus acciones cada 15 minutos.

Epstein pasaba las noches paseando por su celda, durmiendo esporádicamente y hablando con otros reclusos, según las notas escritas a mano por quienes lo observaban.

A menudo, las anotaciones eran mundanas: “Epstein está bebiendo agua en el lavamanos”. Pero algunas eran más evocadoras, sugiriendo a la vez su situación sombría y sus expectativas irreales. “Epstein está sentado en el borde de la cama con la cabeza en la palma de las manos”, escribió un preso el 29 de julio.

En las conversaciones con sus cuidadores, Epstein parecía ceñirse a temas que transmitieran la impresión de que era accesible, aunque estaba bien relacionado y tenía éxito.

“Epstein y yo estamos hablando del negocio de las acompañantes”, escribió un preso un día a las 8 p. m. Una hora más tarde: “Epstein y yo estamos hablando de arbitraje”. Treinta minutos después: “Epstein está hablando de los famosos que conoce”. (Las notas no nombran a ninguna celebridad).

En otra anotación, un recluso anotó que él y Epstein habían hablado de manejar taxis en Nueva York. “Los dos conducimos”, señaló el recluso.

A pesar de todo, Epstein seguía sintiendo curiosidad por su entorno.

En una de sus primeras noches, preguntó a un recluso, cuyo nombre no figura en los registros, “sobre el tipo de cosas locas” que había visto en la cárcel. Cerca de la medianoche, informó un recluso, le ofrecieron a Epstein una cena “pero la rechazó porque estaba asquerosa. (Tiene razón)”.

Epstein habló con un recluso durante varias horas hasta altas horas de la noche sobre “la vida en la cárcel y la etiqueta”, según otra anotación. Finalmente, a las 2:35 a. m., anotó el recluso: “la clase acabó”. Epstein se durmió en diez minutos.

‘Estar vivo es divertido’

La mañana del martes 9 de julio, Epstein se sometió a la evaluación formal en persona de riesgo de suicidio que había sido solicitada. La psicóloga, cuyo nombre fue tachado en los documentos, encontró que Epstein era educado, cooperativo, organizado, coherente e incluso mostraba sentido del humor.

“Epstein negó rotundamente cualquier ideación, intención o plan suicida”, escribió en sus notas. Pidió una llamada telefónica, una reunión con su abogado, una ducha y lavarse los dientes.

Epstein se describió a sí mismo como un banquero con un “gran negocio” y dijo que “estar vivo es divertido”. Negó haber abusado sexualmente de alguien, y dijo que tendría una nueva audiencia de fianza la semana siguiente, donde creía que sería liberado.

“Estaba orientado al futuro”, escribió la psicóloga.

Llegó a la conclusión de que la vigilancia por riesgo de suicidio no estaba justificada, pero que Epstein debía permanecer en observación psicológica “por abundancia de precaución”.

En las semanas anteriores a su muerte, declaró que era “un cobarde” y que tenía dificultades para adaptarse a su situación. También aludió con frecuencia a la falta de sueño y a su incapacidad para tolerar el ruido de la cárcel.

Tras el suicidio de Epstein en 2019, los funcionarios de la Agencia Federal de Prisiones elaboraron un informe de 15 páginas en el que se analizaba su encarcelamiento y muerte.

Reconstrucción psicológica del recluso Jeffrey Epstein

Al día siguiente, Epstein pidió “estar en una celda individual”, pero le dijeron que no podía alojarse solo “por motivos de seguridad y protección”.

Y al día siguiente, un psicólogo escribió: “Estaba sonriendo y dijo: ‘¿Por qué pensarías que soy un suicida? No soy un suicida y nunca lo sería’”.

En los documentos se cita a Epstein diciendo que encontró apoyo en su equipo legal, que incluía a Reid Weingarten, su principal abogado defensor, y a Darren Indyke, abogado personal desde hace tiempo y albacea de su vasto patrimonio. Otras dos abogadas, Gulnora Tali y Mariel Colón Miró, lo visitaban casi todos los días laborables en la sala de conferencias de abogados y actuaron como testigos en un testamento que Epstein había redactado dos días antes de su muerte, según los registros de visitas incluidos en los documentos.

Los registros también son reveladores por lo que no tienen: cualquier señal de visitas de los amigos ricos y famosos con los que socializaba después de sus condenas por delitos sexuales en 2008 en Florida. En su lugar, los registros muestran un elenco mucho más rutinario de visitantes, incluyendo un desfile de abogados.

El 18 de julio, cuando el juez Richard M. Berman rechazó una nueva solicitud de fianza, se hizo evidente que era poco probable que Epstein volviera pronto —si es que algúna vez volvía— a su vida anterior y a sus amigos. Cinco días más tarde, en la madrugada del 23 de julio, Epstein intentó suicidarse.

La negación de la fianza se calificó como “una importante decepción para Epstein y probablemente puso en tela de juicio su capacidad y voluntad de adaptarse al encarcelamiento”, según la reconstrucción psicológica post mortem.

“Dado el impacto potencial de la decisión del juez, un psicólogo debería haber evaluado el estado mental de Epstein a su regreso a la institución”, decía.

Según los documentos, fue retirado de la vigilancia por riesgo de suicidio después de unas 31 horas y se le puso de nuevo en observación psicológica.

En conversaciones con personas de los servicios psicológicos durante la semana siguiente, Epstein negó repetidamente tener pensamientos suicidas. Sonreía y hacía bromas. Les dijo que era judío y que el suicidio iba en contra de su religión.

También reiteró sus quejas sobre el inodoro con fugas de su celda, que lo hacía sentirse nervioso durante horas. “Dijo que se sentaba en un rincón y se tapaba los oídos”, escribió un psicólogo. Epstein especuló con la posibilidad de tener autismo, al señalar que el personaje autista de Dustin Hoffman en Rain man tenía aversión al ruido.

Algunos miembros del sistema judicial expresaron su preocupación por su estado mental. Los alguaciles federales que lo escoltaron a una audiencia judicial el 31 de julio volvieron con un “Aviso de alerta de custodia de presos”, que decía que Epstein podría tener “tendencias suicidas”.

Esto provocó otra evaluación del riesgo de suicidio por parte de un psicólogo. Epstein volvió a negar tener pensamientos suicidas. El psicólogo quedó convencido, según los documentos, y escribió que no era necesario que permaneciera en vigilancia de suicidio.

“Declaró que vive y planea terminar este caso y volver a su vida normal”, escribió el psicólogo.

Entre los documentos obtenidos por el Times había un letrero sin fecha, en papel naranja, que decía: “¡¡¡¡SE DEBEN REALIZAR RONDAS OBLIGATORIAS CADA 30 MINUTOS A EPSTEIN #76318-054 POR MANDATO DIVINO!!!!”.

La palabra “obligatoria” estaba mal escrita y subrayada con bolígrafo, y tras ella se había escrito un signo de interrogación. Los registros no ofrecían ninguna explicación sobre el signo, y los funcionarios de la oficina se negaron a responder las preguntas al respecto.

El último día

Cuando regresó al módulo de aislamiento el 30 de julio, a Epstein se le asignó un compañero de celda, Efraín Reyes, un preso que estaba ayudando al gobierno en un caso de asociación para la distribución de drogas. Epstein se quejaba de que las conversaciones de ese hombre le quitaban el sueño.

Todo cambió el 9 de agosto, cuando Reyes fue transferido fuera de la cárcel y el personal fue alertado de que Epstein necesitaría un nuevo compañero de celda.

Los funcionarios conjeturaron más tarde en la reconstrucción psicológica que la divulgación de los documentos empeoró su estado mental, “al erosionar aún más la elevada posición de la que gozaba anteriormente e implicando potencialmente a algunos de sus asociados”.

Esa noche, según la reconstrucción, un encargado de la unidad del centro de detención ayudó a Epstein a hacer una llamada telefónica de carácter “social”. El encargado llamó a Epstein y lo dejó hablar durante 15 minutos. La llamada no fue debidamente registrada y no parece haber sido grabada. No está claro en los documentos si la llamada se realizó a través de una línea vigilada.

“Le pregunté al recluso Epstein a quién llamaba”, escribió el director de la unidad. “Dijo que a su madre”.

La madre de Epstein murió en 2004. La llamada era a su novia, Karyna Shuliak, de 30 años, a quien ayudó a estudiar odontología, dijeron tres personas con conocimiento de la conversación telefónica. Epstein, mencionaron, no dio ninguna indicación durante la llamada de que planeaba suicidarse.

Sin embargo, la llamada de esa noche no figura en los registros telefónicos facilitados al Times por la Agencia Federal de Prisiones. Los registros solo muestran una llamada de carácter social durante su estancia: más de una semana antes, el 30 de julio, a Shuliak.

Ella es una de las mayores beneficiarias de varios fideicomisos que Epstein creó a lo largo de los años, según tres personas informadas del asunto. Shuliak declinó hacer comentarios a través de su abogado, Maurice Sercarz.

Tras finalizar la llamada, Epstein volvió a su celda, donde estaba solo porque aún no le habían asignado un nuevo compañero de celda. También lo dejaron sin vigilancia dos agentes que estaban de guardia, a los que los fiscales acusaron más tarde de pasar el tiempo en internet y aparentando estar dormidos. (En mayo, los dos agentes llegaron a un acuerdo de aplazamiento de la pena por la acusación de haber falsificado los registros de la cárcel sobre el control de Epstein).

A las 6:30 a. m. del día siguiente, lo encontraron con una sábana atada al cuello como una horca. Fue declarado muerto una hora después.

Unos dos meses después de la muerte de Epstein, un recluso que parece haber trabajado en la cocina envió un correo electrónico al departamento de psicología sobre una conversación que tuvo con un hombre cuya celda había estado junto a la de Epstein.

Él respondió con negativas, refutando así mi teoría de que Epstein no podía soportar a los animales en la SHU y que por ello decidió acabar con todo. Ya no creo que alojarse con Jeffrey lo habría salvado.

Dos meses después del suicidio de Epstein, un preso anónimo compartió nueva información sobre su muerte en un correo electrónico.

Un compañero de prisión

Dijo que el otro recluso le había dicho: “Jeffrey Epstein definitivamente se suicidó. Cualquier teoría de la conspiración que diga lo contrario es ridícula”. El hombre había oído a Epstein “romper su sábana antes de suicidarse”, escribió el trabajador de la cocina.

“Quería suicidarse y aprovechó la oportunidad cuando estuvo disponible”, añadió. “Así es la vida… o la muerte, en este caso”.



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