Del Dicho al Hecho

Calibre 45

2019-06-17

Después de estar arrinconado, ausente y sin presupuesto para viajar al extranjero, Marcelo...

Por Beatriz Pagés | Revista Siempre

En la ficción política, Marcelo Ebrard llamó al presidente de la república desde Washington para poner los puntos sobre las íes: “¿Quién se va a hacer cargo de las negociaciones con Estados Unidos? ¿La embajadora o yo?”

Era imprescindible que Andrés Manuel López Obrador tomara rápidamente una decisión, después de la imagen de desorden y disputa por los espacios que había provocado la primera conferencia de prensa.

En ella, el canciller leyó en español la carta donde López Obrador fijó la posición del gobierno ante la amenaza norteamericana de imponer aranceles y, de manera inusual, la embajadora Martha Bárcena lo hizo en inglés. ¿A qué público le hablaba uno y a cuál, el otro?

Después de estar arrinconado, ausente y sin presupuesto para viajar al extranjero, Marcelo se convirtió en pocos días en una especie de “supersecretario”.

Ebrard ganó con la negociación, aunque el gran perdedor haya sido México. Esta paradoja, difícil de entender, tiene la siguiente explicación: el secretario de Relaciones Exteriores fue a tratar de que Donald Trump le perdonara la vida al país y lo que obtuvo fueron 45 días de indulto.

Lo que hizo el canciller, junto con la delegación, fue intentar pegar, aunque fuera con “diúrex,” los errores cometidos por el gobierno de la 4T en materia migratoria. Una retórica, sin ton ni son, de puertas abiertas.

México vive hoy, como en otros momentos de su historia, la deshonra. Al igual que en otros episodios de guerra e intervenciones, es víctima de la arbitrariedad del imperio, pero también, como en otras etapas, es responsable de propiciar y ser dócil ante el manotazo del poderoso.

En pocos días, no más de cinco, Donald Trump dejó ver la fragilidad del gobierno mexicano. Los 30 millones de votos obtenidos el 7 de julio no sirvieron para evitar que la bota norteamericana pisoteara la dignidad y soberanía de México.

El presidente de la república repite con frecuencia que la mejor política exterior es la política interna. Sí, en la medida en que la fortaleza interior sea utilizada para defender los intereses de la nación.

Se ha permitido, sin embargo, que Estados Unidos ponga una pistola calibre 45 en la cabeza de los mexicanos. Trump, un sádico de libro, ya encontró la manera de someter a un gobierno que le tiene miedo.

Cuando alguien cede todo es porque ese alguien debe o teme todo. ¿Qué se le debe a Trump?

El presidente norteamericano insiste en decir que la mayor parte del acuerdo con México no ha sido revelada. Si lo que está tratando de decir Trump es que ya obtuvo del gobierno el compromiso de que el Congreso mexicano aprobará la figura de “Tercer País Seguro” a cambio de que no se impongan aranceles, eso tendrá graves implicaciones  políticas.

En ese caso, México no solo habrá rendido su territorio sino que habrá puesto el Poder Legislativo –dominado por Morena– a disposición de Washington. Se trataría de una rendición total y absoluta. Algo inédito, nunca visto, ni siquiera en los peores momentos, en la historia del país.


 



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