Detrás del Muro

Las labores del tabaco en Kentucky: belleza lacerante y realidad hostil

2021-12-06

Cuando el sol de verano se oculta en el horizonte, los trabajadores se van a dormir. En pocas...

Por Luke Sharrett | The New York Times

Una cuadrilla de 26 hombres mexicanos y nicaragüenses trabaja en una granja familiar del condado de Shelby en tareas que los estadounidenses no suelen aceptar.

Mientras duran las restricciones de viaje, lanzamos una serie — El mundo a través de la lente — en la cual fotoperiodistas te transportan, virtualmente, a algunos de los lugares más hermosos e intrigantes del planeta. Ahora Luke Sharrett comparte una colección de imágenes de Kentucky.

Entro en la plantación de tabaco cuando los primeros rayos de sol empiezan a atravesar la niebla matutina. Los hombres del equipo de corte ya están trabajando duro para cosechar las altas plantas de tabaco Burley que han echado raíces en el suelo durante los últimos meses. El sonido de las hachas resuena en el campo: tuac, tuac, tuac.

Con cada golpe, otra planta de tabaco es derribada en los campos del condado de Shelby, Kentucky.

Los trabajadores ensartan las plantas recién cortadas en palos de tabaco, de cinco en cinco, y el delgado cono metálico colocado en un extremo del palo les permite perforar el tallo fibroso. Sus camisas ya están completamente empapadas, no solo de sudor, sino del rocío que cubre las hojas verdes y amarillas de las plantas de tabaco.

A lo largo de la mañana, el campo se transforma lentamente de una selva de hojas en un conjunto de hileras uniformemente esquiladas.

Impulsado por mi interés en las culturas y tradiciones de mi estado natal, Kentucky, fotografié mi primera cosecha de tabaco hace ocho años. Desde entonces, he vuelto cada año con ilusión.

El tabaco —el producto que se muestra en estas fotografías se usa en los cigarrillos— es un producto agrícola diferente a cualquier otro. Su uso ha ido disminuyendo en Estados Unidos desde mediados de la década de 1960. En 2018, alrededor de 34 millones de adultos estadounidenses, o cerca del 14 por ciento de la población adulta, fumaban cigarrillos, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC). En 1965, esa cifra era del 42 por ciento. El tabaquismo sigue siendo la principal causa de enfermedades, discapacidades y muertes evitables, según los CDC.

Históricamente, el cultivo de la planta ha dependido del trabajo de personas esclavizadas y empobrecidas. Antes de 1865, los trabajadores esclavizados eran la principal fuente de trabajo en las plantaciones de tabaco de Kentucky. (La zona centro-norte de Kentucky dependía de la esclavitud más que cualquier otra región del estado). En los últimos años, los trabajadores extranjeros han realizado el agotador trabajo estacional que los estadounidenses evitan en gran medida.

Como fotoperiodista, hace tiempo que pienso que los hombres que realizan este trabajo merecen ser vistos y su labor reconocida.

En el interior de los graneros, los andamios de pesadas vigas de madera llegan desde el suelo hasta los techos. Algunos de los hombres se alzan y llegan a lo alto de las vigas. Uno a uno, se levantan los palos cargados.

En los graneros del condado de Shelby, las hojas de tabaco son curadas lentamente durante al menos seis semanas. Durante ese tiempo, el color de las hojas pasa de un amarillo vibrante a un marrón oscuro y plano. Finalmente, las hojas se despojan del tallo y se venden en el mercado.

Ray y Stephanie Tucker, de Tucker Farms, dirigen juntos una granja de tabaco en el condado de Shelby desde que se casaron hace 27 años (la familia de Ray lleva seis generaciones en el negocio y la de Stephanie, cuatro). Cultivan en varios pueblos, como Bagdad y Pleasureville.

A pesar de los reparos de otros sobre el producto, los Tucker piensan seguir cultivando tabaco Burley mientras siga siendo económicamente viable. “El cultivo no solo es importante para nosotros, sino también para mantener a las 26 familias de nuestros trabajadores”, afirmó Stephanie Tucker.

Este año, sus cuadrillas cosecharon 80 hectáreas de tabaco, que se almacenaron en 45 graneros individuales.

En comparación con el cultivo de maíz y soya, que representan la mayor parte de la cartera agrícola de Tucker Farms, el proceso de cultivo, cosecha, almacenamiento y despale del tabaco sigue siendo en gran medida el mismo que hace 100 años.

Sin embargo, algo que ha cambiado son los trabajadores que recogen las cosechas de los Tucker.

Durante los últimos 22 años, la familia Tucker ha recurrido a los trabajadores extranjeros que entran al país bajo el programa H-2A, que trae mano de obra agrícola temporal a los Estados Unidos.

Veinticinco hombres de Nicaragua y uno de México viajan al condado de Shelby para la cosecha. El trabajo es físico, repetitivo y agotador. Las largas jornadas se interrumpen con algunos descansos breves y un almuerzo de frijoles y arroz caseros.

Un cuchillo para tabaco y una púa para tabaco, que, colocada en un extremo de un cuje, permite a los trabajadores perforar el tallo fibroso de la planta de tabaco.

No se puede escapar de la dura realidad del trabajo. Las condiciones de trabajo son incómodas. El trabajo en sí es extenuante. Los expertos en salud llevan mucho tiempo señalando los graves riesgos que corren los trabajadores por la intoxicación por nicotina, los pesticidas y la deshidratación. Y, sin embargo, el mismo grupo de hombres deja sus hogares y vuelve año tras año a trabajar para los Tucker.

La mayoría de los trabajadores, que este año recibieron 12,96 dólares la hora, envían la mayor parte de su sueldo a sus familias. En Nicaragua, donde un cálculo reciente situaba el salario mínimo en la capital, Managua, en 360 dólares al mes, ese dinero ganado con dificultad alcanza para mucho.

En 1965, el 42 por ciento de los estadounidenses fumaba cigarrillos. En 2018, esa cifra se redujo al 14 por ciento. Aun así, el consumo de cigarrillos sigue siendo la principal causa de enfermedades, discapacidades y muertes evitables, según el CDC.

“Regreso a Kentucky cada año porque allí es donde está mi trabajo, y se paga mucho mejor que trabajando en Nicaragua”, dijo Felipe Ponce, un jefe de cuadrilla de la ciudad costera de Corinto que ha trabajado para los Tucker durante 20 años.

Con sus ingresos, Ponce dice que puede mantener a su familia en casa: su mujer, sus tres hijas y su madre, con las que se mantiene en contacto mediante llamadas diarias de WhatsApp.

Para los Tucker y los hombres que trabajan para ellos, el clima es uno de los grandes desafíos. Una primavera fría y la abundancia de lluvias retrasaron considerablemente la siembra de este año. Una temporada de cosecha lluviosa en agosto y septiembre volvió a poner en aprietos su capacidad de cortar y almacenar a tiempo.

Las complicaciones con las visas y las persistentes restricciones de viaje relacionadas con la pandemia también impidieron que algunos trabajadores llegaran a tiempo. El aumento de los costos de los fertilizantes y el combustible, así como la creciente escasez de piezas de repuesto para sus equipos agrícolas, también amenazaron el negocio.

Para mí, documentar las cosechas de tabaco es uno de los aspectos más destacados de mi trabajo como fotógrafo en Kentucky. Reunirme cada año con el equipo es una alegría. Me maravilla su habilidad, ingenio y eficiencia.

Espero que los hombres que he fotografiado durante los últimos ocho años sepan el respeto y la admiración que siento por ellos.

Durante los últimos 22 años, la familia Tucker ha recurrido a los trabajadores extranjeros que entran en el país bajo el programa H-2A, que trae mano de obra agrícola temporal a Estados Unidos.

Al final de cada larga jornada, el equipo de recolección regresa a su barracón en las granjas Tucker, donde se dividen en grupos y comienzan a preparar la cena para ellos mismos. Las sobras de la cena sirven para el almuerzo del día siguiente.

Una vez terminan de preparar la comida, los hombres se instalan en una rutina nocturna: lavandería, cartas, televisión. También se conectan con sus familias en casa.

Cuando el sol de verano se oculta en el horizonte, los trabajadores se van a dormir. En pocas horas, volverán a los campos con un hacha en una mano y un tallo de tabaco Burley en la otra.



aranza
Utilidades Para Usted de El Periódico de México