Ecología

‘Nos preocupa mucho el cambio climático’: el gobierno de Singapur lucha contra el calor y la humedad

2022-08-05

Las olas de calor en el Reino Unido, China, Japón y gran parte de Europa han provocado...

Por Sui-Lee Wee | The New York Times

SINGAPUR — La temperatura había llegado a 30 grados Celsius y seguía en ascenso. La humedad era del 75 por ciento. El sol deslumbraba desde los edificios altos.

Catorce voluntarios, seis climatólogos y un carrito biometeorológico llamado Smarty se aprestaban a iniciar una “caminata por el calor” en el área del centro de esta ciudad-Estado del sureste asiático. Los voluntarios usaban dispositivos para medirse la frecuencia cardiaca y la temperatura de la piel. Winston Chow, el investigador principal, observaba la escena mientras un hilo de sudor bajaba por su frente.

Chow y su equipo forman parte de Cooling Singapore (en español sería “Refrescando a Singapur”), un proyecto multi institucional que se puso en marcha en 2017 gracias al financiamiento del gobierno de Singapur. La meta actual del proyecto es construir un modelo de computadora, o un “doble digital del clima urbano”, de Singapur, que les permita a los legisladores analizar la eficacia de diversas medidas para mitigar el calor antes de invertir recursos en soluciones que tal vez no funcionen. Se trata de una investigación que el gobierno espera que se pueda replicar en todo el mundo.

“La gente siempre se ha preguntado cuál es, en realidad, el componente fundamental del clima que nos provoca incomodidad. ¿Es la baja velocidad del viento? ¿O son las altas temperaturas del aire? ¿O la alta radiación del sol?”, comentó Chow, profesor adjunto de Ciencia, Tecnología y Sociedad en la Universidad de Administración de Singapur.

“Eso lo entendemos y se puede ayudar mucho con un diseño urbano más inteligente con respecto a la planificación o con la manera en que los individuos gestionan el calor”, aseveró.

La prosperidad de Singapur le brinda los recursos para invertir en esas soluciones de alta tecnología. Pero los investigadores afirman que la situación geográfica de este Estado del sureste asiático también hace que sea un buen modelo para los demás, sobre todo para los países de los trópicos. Situada cerca del ecuador, esta isla tiene una temperatura anual que ronda los 31 grados Celsius. Al igual que el resto de los países en los trópicos, tiene el problema adicional de una humedad elevada: de 84 por ciento en promedio.

Esta investigación es relevante en particular cuando muchos países están siendo afectados por temperaturas nunca antes vistas. Las olas de calor en el Reino Unido, China, Japón y gran parte de Europa han provocado muertes, trastornan las vidas cotidianas y obligan a que decenas de miles de personas tengan que marcharse.

En Singapur, existe el temor de que ese calor extremo haga inhabitable a esta próspera ciudad-Estado. Las temperaturas están aumentando al doble del promedio mundial. Un estudio de 2015 sobre el cambio climático a nivel nacional pronosticó que la temperatura promedio diaria de Singapur podría aumentar entre 1,6 y 4,4 grados Celsius hacia finales de este siglo. En 2019, durante la celebración del Día de la Independencia, el primer ministro Lee Hsien Loong, dijo en su discurso que el clima de Singapur era “notoriamente más cálido” y que las tormentas eran más fuertes y añadió que “es muy probable que esto empeore en las próximas décadas”.

Los científicos han advertido que la combinación de altas temperaturas y humedad —conocida como temperatura de bulbo húmedo extrema— es quizás una de las consecuencias más letales del calentamiento global. La exposición constante a ciertos límites de calor extremo hace que el cuerpo tenga dificultad para enfriarse porque no puede transpirar de manera eficiente. Eso puede ser fatal incluso para las personas sanas. Los niños pequeños y la gente mayor son quienes están en un riesgo mayor.

“Nos preocupa mucho el cambio climático”, señaló Zhang Weijie, director de Energía y Política Climática en el Ministerio de Sustentabilidad y Medioambiente. “Se trata de un reto existencial para todos nosotros”.

“Para nosotros es muy importante que Singapur siga siendo habitable y que podamos continuar con las actividades que tenemos ahora”, añadió.

Los críticos afirman que Singapur podría hacer todavía mucho más para desacelerar los efectos potencialmente catastróficos del cambio climático. Casi todo su aprovisionamiento de energía procede de los combustibles fósiles y alberga uno de los complejos más grandes del mundo de petroquímica y refinación. Fomentó el uso casi generalizado del aire acondicionado, el cual Lee Kuan Yew, el primer ministro inicial de Singapur, solía calificar como el invento más importante del siglo XX.

Pero, en esta ciudad-Estado, se volvió carísimo tener los aires acondicionados en constante funcionamiento. De acuerdo con una encuesta gubernamental de 2019, cerca del 25 por ciento de las familias de bajos ingresos que habitan en apartamentos de viviendas sociales de una o dos habitaciones tienen aire acondicionado. En 2019, un ministro de Estado señaló que los aires acondicionados representaban un porcentaje “bastante grande” de las emisiones de carbono procedentes de los edificios y las casas, la segunda fuente más alta después del sector industrial.

Gerhard Schmitt, quien fue investigador principal de Cooling Singapore, comentó que la idea del proyecto comenzó porque en 2011 le preguntó a un grupo de residentes mayores si Singapur siempre había sido tan caluroso. Le dijeron que nunca había estado tan mal y que ellos solían encontrar rocío matinal sobre el pasto.

Schmitt y su equipo de científicos comenzaron a investigar lo que estaba sucediendo. Fue evidente que la urbanización había hecho que Singapur fuera mucho más caluroso que antes. En las últimas décadas, el gobierno transformó esta ciudad-Estado al construir rascacielos, y desplegar edificaciones de concreto, acero y vidrio donde alguna vez estuvieron los bosques naturales de Singapur.

Eso contribuyó de manera directa a lo que los climatólogos denominan el efecto del “calor urbano de la isla”, donde la diferencia entre el centro de Singapur y los bosques de la zona noroeste de la isla puede ser mayor a los 7 grados Celsius.

En 2017, los investigadores de Cooling Singapore recomendaron 86 formas en que la ciudad-Estado podría modificar su planificación, como cambiar la dirección de los edificios para crear un flujo de viento y usar sistemas de enfriamiento de distrito, que canalizan agua fría a los edificios circundantes para enfriar el aire, en vez de depender de los aires acondicionados.

También dijeron que usar pinturas reflectantes sería una buena manera de mitigar el calor. Pero Peter Crank, investigador de Cooling Singapore, dijo que eso es caro, por lo que la relación de “costo-beneficio es un desafío potencial”.

Según Zhang, antes de Cooling Singapore, el gobierno no había identificado en su totalidad los factores más importantes que influían en el calor. Ahora puede medir cómo el aumento de la vegetación o la disminución del número de automóviles en algunas áreas puede afectar las temperaturas y corregir las medidas según las necesidades de cada distrito.

Los estudios de calor previos generalmente se basaban en datos derivados de estaciones meteorológicas, que no reflejaban lo que personas como Rachel Pek, de 23 años, sentían en el ambiente.

Mientras el sudor empapaba su rostro, Pek, la investigadora del clima, hizo un recorrido con el carrito móvil durante aproximadamente una hora por el campus de la Universidad de Administración de Singapur. Algunos vecindarios, en particular los que no tienen sombra, eran mucho más calurosos que otros.

En Bencoolen Street, donde los edificios altos bloquean el sol de la mañana, la temperatura radiante media —una métrica que no solo mide la temperatura del aire, sino también la radiación del entorno de una persona— fue de 27,7 grados Celsius. Aproximadamente a unos 500 metros de distancia, en Queen Street, una zona que está más expuesta al cielo, la temperatura era de unos 52 grados.

“La hipótesis que prevalece ahora es que la presencia o ausencia de sombra en un lugar como Singapur es determinante para adaptarse a la exposición al calor”, dijo Chow. Para abordar esto, Singapur se comprometió a sembrar un millón de árboles para 2030 y hasta ahora ha plantado más de 388,000.

Pero Chow también dijo que no solo el número es importante, sino también el tipo de árbol, idealmente los que proyectan “máxima sombra”. “Si tienes árboles pequeños, como las palmeras, no van a ayudar”, dijo.

Uno de los voluntarios, Shamil Kuruppu, dijo que ha dejado de dar las largas caminatas que solía disfrutar en su ciudad natal en Negombo, Sri Lanka. Ahora solo hace ejercicio en gimnasios con aire acondicionado.

“Realmente me gusta estar aquí”, dijo Kuruppu, de 28 años. “La única queja que tengo es el clima”.

Yuliya Dzyuban, una becaria investigadora de Cooling Singapore, comentó que ahora uno de los objetivos que tienen los científicos es hallar maneras de desarrollar “islas de respiro” en la ciudad, que son lugares donde la gente puede tener una sensación de brisa fresca o de aire acondicionado después de caminar al aire libre en un día caluroso.

Las investigaciones han revelado que los pequeños cambios en el diseño urbano y la vegetación pueden generar estas sensaciones placenteras, mencionó Dzyuban. Una mejor comprensión de cómo y cuándo se expone la gente al calor podría ayudar incluso a que los gobiernos desarrollen planes para alentar a que más personas usen el transporte público, añadió.

Para lograr que la gente modifique sus hábitos, “tenemos que pensar cómo hacer que sus experiencias sean más agradables y placenteras”, comentó. “Porque, de otra manera, no lo harán”.



Jamileth