El Pez Muere por la Boca

La demagogia de Trump

2019-02-07

Pero no tener al público entregado no es problema para Trump; basta con cambiar la forma: el...

El País

En la madrugada del miércoles, Donald Trump volvió a ofrecer una inmejorable lección de populismo durante el discurso del estado de la Unión que pronunció ante el Congreso de EE UU. Para el actual inquilino de la Casa Blanca, las palabras son un mero vehículo para adaptarse a cualquier situación por complicada que sea. Lo importante es insistir en las mismas consignas, independientemente de que respondan o no a la realidad. Trump se enfrenta en mitad de su mandato a un Congreso donde ya no tiene mayoría porque los electores —los mismos a los que él ha apelado para justificar sus polémicas decisiones— así lo han decidido y le han dado la espalda. Una Cámara que ha dado un importante giro no solo en cuanto a su composición política, sino también en términos de diversidad racial y de edad. Y desde su atril, Trump —cuyo Gabinete es abrumadoramente blanco y masculino— tuvo que verlo. En la sala había numerosas congresistas vistiendo de blanco en homenaje a las sufragistas y entre los invitados, soldados transgénero o activistas feministas.

Pero no tener al público entregado no es problema para Trump; basta con cambiar la forma: el texto que pronunció estuvo plagado de inéditos llamamientos a la unidad y a la cooperación política. Ambas han estado completamente ausentes de la actitud del presidente hasta hace apenas pocos días cuando prefirió el cierre temporal más largo de la Administración federal a, precisamente, cooperar con los demócratas y llegar a un acuerdo sobre el polémico muro con México. El muro fronterizo es un buen ejemplo de esta actitud falsamente conciliadora, forzada por las circunstancias, pero que no puede ocultar ramalazos autoritarios. Trump falseó los hechos al asegurar que en el pasado una mayoría del Congreso estuvo a favor de su construcción y utilizó consignas cuya veracidad está por demostrar —“los muros funcionan, los muros salvan vidas”—, para acto seguido apelar al compromiso de la oposición y que esta acepte la financiación del muro. Sin embargo, él mismo se desmintió al reflejar poca voluntad de compromiso y unidad. Aseguró que al final él construirá el muro.

Pero el rizo demagógico llegó cuando vinculó la marcha de la economía con las investigaciones que buscan esclarecer si hubo un pacto entre su entorno y el Kremlin para interferir en la campaña electoral de 2016 y favorecer su victoria. La ecuación que presentó el mandatario es sencilla: si le investigan, la economía puede ir mal. No se trata solo de una confusión total entre el interés privado y la razón de Estado, sino de una amenaza velada a todos los estadounidenses. El interés del discurso del presidente ante una Cámara que ya no controla era comprobar si ha reaccionado ante esta nueva realidad. A juzgar por sus palabras, todo parece indicar que no.



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