El Pez Muere por la Boca

Trump, Ucrania y el juicio político: la historia de cómo llegamos hasta este momento

2019-11-12

Esa conversación de treinta minutos se ha convertido en una amenaza mortal para la...

Por Sharon LaFraniere, Andrew E. Kramer y Danny Hakim, The New York Times

El presidente de Estados Unidos vio en Ucrania una solución a sus problemas políticos. En cinco meses, su obsesión cambió la política exterior estadounidense y puso en riesgo su mandato.

WASHINGTON — Al igual que para cualquier otra conversación con un líder extranjero, el presidente de Estados Unidos tenía por escrito unos puntos de conversación y ya estaba listo un comunicado de prensa con el relato de un intercambio que apenas estaba por ocurrir. Varios asesores se agruparon en la sala de crisis de la Casa Blanca alrededor del teléfono con el altavoz activado, bolígrafos y libretas en mano. Estaban listos para documentar todo lo que escucharan.

A las 9:03 de la mañana del jueves 25 de julio, escucharon mientras el presidente estadounidense, Donald Trump, levantaba el auricular en la residencia de la Casa Blanca y la llamada se conectaba con Volodímir Zelenski, el presidente recién electo de Ucrania. Después de solo unos minutos, dos de los encargados de tomar notas voltearon a mirarse con expresión de angustia.

Trump no solo se había desviado del diálogo sugerido. Para cuando terminó la conversación, le había pedido a Zelenski —dirigente que necesitaba con desesperación la ayuda militar de Estados Unidos para combatir una invasión encabezada por los rusos en su frontera oriental— que “nos hiciera el favor” de investigar a uno de sus rivales políticos y una teoría conspirativa sin fundamento relacionada con las elecciones de 2016.

Esa conversación de treinta minutos se ha convertido en una amenaza mortal para la presidencia de Trump. Esta semana, la Cámara de Representantes de Estados Unidos comenzará a realizar audiencias públicas que podrían dar paso a un juicio político contra el presidente. Es apenas la tercera vez en la historia del país que eso sucede. Más de seis funcionarios del gobierno de Trump han descrito la conversación telefónica y los sucesos relacionados con ella como maliciosos y escandalosos. Desde septiembre, cinco funcionarios que se encargaban de las relaciones con Ucrania han presentado su renuncia.

La historia que se ha ido revelando es, en muchos sentidos, una secuela de las circunstancias que hicieron necesaria la investigación de Robert Mueller sobre la interferencia rusa en las elecciones estadounidenses de 2016. Una vez más, la trama involucra influencia extranjera en las elecciones y se centra en la esfera postsoviética.

Tan solo un día antes de la conversación de Trump con Zelenski, Mueller había testificado ante el congreso en relación con las acciones rusas para contribuir a la elección de Trump a través de la organización del robo y la divulgación de correos electrónicos que dañaron a su oponente. En ese caso, los rusos tomaron la iniciativa para establecer contacto con la campaña de Trump.

En el caso actual, el presidente de Estados Unidos y sus esbirros fueron los agresores; ellos solicitaron ayuda para la reelección de 2020. Les pidieron a los ucranianos investigar supuestas acusaciones infundadas sobre el exvicepresidente Joe Biden, uno de los principales rivales demócratas de Trump, además de investigar una teoría conspirativa según la cual Ucrania, y no Rusia, fue el país que intervino en 2016.

La historia también es otro capítulo en la guerra de Trump contra el funcionamiento del gobierno en Estados Unidos, desde la comunidad de inteligencia hasta los diplomáticos y el mismo congreso. Era tan importante para Trump que Zelenski cumpliera su solicitud, que destituyó a la embajadora estadounidense ante Ucrania, congeló ayuda militar que ya había autorizado el congreso, ignoró a expertos en política exterior del Consejo de Seguridad Nacional y pasó por encima del Departamento de Estado para establecer un contacto clandestino con Kiev mediante su abogado personal, Rudy Giuliani.

La saga de Ucrania es otro episodio más en que las decisiones de la Casa Blanca podrían beneficiar a Rusia. Trump no solo intentó disfrazar el papel real de Rusia en las elecciones de 2016, sino que también retuvo alrededor de 400 millones de dólares en ayuda militar —equivalentes a una décima parte del presupuesto de Ucrania para defensa—, que ese país necesitaba para repeler a fuerzas respaldadas por los rusos.

A los rusos “les encantaría que Zelenski quedara humillado a manos de los estadounidenses”, dijo William B. Taylor Jr. —principal diplomático en Kiev, quien estuvo a punto de renunciar en protesta— durante su testimonio ante el congreso.

Esta descripción de las acciones empleadas para presionar a los ucranianos en beneficio político de Trump se basa en entrevistas con más de diez líderes estadounidenses y ucranianos, así como miles de páginas de declaraciones de testigos que forman parte de las investigaciones de la Cámara de Representantes en relación con el juicio político. Es posible que se dé a conocer más información durante las audiencias que iniciarán el 13 de noviembre en la histórica sala del Comité de la Cámara de Medios y Arbitrios en el Capitolio.

Los expertos estadounidenses en política exterior quedaron encantados con la elección de Zelenski en abril, pues Ucrania había batallado durante décadas a la sombra de amenazas económicas y militares rusas, alternando entre regímenes democráticos y autoritarios.

Zelenski esperaba consolidar su relación con el presidente de Estados Unidos. Sin embargo, incluso antes de tomar posesión del cargo, sus colaboradores sospechaban que el contacto con Trump sería a través de Giuliani en lugar de con el Departamento de Estado o el Consejo de Seguridad Nacional. La influencia del exalcalde de Nueva York en la política del gobierno estadounidense hacia Ucrania “era casi imposible de ignorar”, declaró durante su testimonio George P. Kent, un secretario de Estado asistente.

Giuliani y sus aliados trabajaron durante meses para forzar la salida de Marie L. Yovanovitch, embajadora estadounidense en Kiev, pues afirmaban, sin ninguna prueba, que le era desleal a Trump.

Yovanovitch —cuyos superiores la describieron como una servidora pública ejemplar que había sufrido acusaciones falsas— testificó que, aunque no sabía con exactitud por qué, creía que Giuliani y Trump la consideraban un obstáculo para aplicar la estrategia que tenían planeada para Ucrania.

Incluso antes del despido de Yovanovitch, Giuliani y el presidente ya habían hablado en Fox News de algunos cargos contra uno de los principales rivales demócratas de Trump, Biden. Según ellos, cuando Biden era vicepresidente obligó al antecesor de Zelenski a despedir a un fiscal estatal para hacer desaparecer una investigación sobre una empresa ucraniana de gas, Burisma, que había contratado al hijo de Biden, Hunter.

No se ha presentado ninguna prueba que respalde esa acusación ni que indique que Hunter Biden cometió algún delito.

Trump también creía en una teoría extraoficial, desacreditada por numerosas pruebas, conforme a la cual un suceso central durante la campaña de 2016 (el robo de correos electrónicos privados de computadoras demócratas y su divulgación a través del sitio web WikiLeaks) no había sido responsabilidad de Rusia —como habían demostrado los expertos en inteligencia estadounidenses y una investigación de índole penal—, sino de Ucrania.

Tres días después de la toma de posesión de Zelenski el 20 de mayo, Gordon D. Sondland, un donador republicano sin ninguna experiencia diplomática a quien Trump había designado embajador ante la Unión Europea, y Kurt D. Volker, enviado especial de Estados Unidos ante Ucrania, participaron en una reunión en el Despacho Oval de la Casa Blanca. En esa reunión, alabaron a Zelenski por ser un reformista que merecía el apoyo de Estados Unidos.

El presidente no compartía esa opinión. “Todos son unos corruptos, todos son personas terribles”, replicó Trump, según Volker. Añadió: “Intentaron acabar conmigo”.

Al parecer, Trump se refería a que Ucrania entregó en 2016 decenas de millones de dólares en pagos secretos a Paul Manafort, quien era director de la campaña de Trump en ese entonces y había trabajado como consultor para uno de los predecesores de Zelenski. Manafort se vio obligado a renunciar a la campaña de Trump y ahora se encuentra en prisión por delitos relacionados con esos pagos.

En el Despacho Oval, el presidente les dijo a ambos que en el futuro coordinaran cualquier iniciativa relacionada con Ucrania con Giuliani. “No dejaba de decir: ‘Hablen con Rudy, hablen con Rudy’”, declaró Sondland.

Y eso fue lo que hicieron. Así crearon un contacto clandestino para asuntos de política exterior que confundió tanto a los ucranianos como a funcionarios de alto nivel del gobierno estadounidense.

Uno de esos funcionarios fue John R. Bolton, el tercer asesor de seguridad nacional de Trump. Solo unos días antes, le había advertido a Fiona Hill, una de sus principales asesoras: “Giuliani es una granada de mano; cuando explote, va a acabar con todos”.

El 18 de julio, la voz no identificada de un empleado de la Oficina de Administración y Presupuesto interrumpió una llamada de videoconferencia segura con funcionarios de seguridad nacional. Según dijo el empleado, por instrucciones de Mick Mulvaney, el jefe de Gabinete interino del presidente, esa oficina había retenido 391 millones de dólares de ayuda militar para Ucrania.

Taylor, el principal enviado estadounidense en Ucrania, dijo que escuchó la noticia “con asombro”.

En este contexto se desarrolló la conversación telefónica de Trump con Zelenski el 25 de julio. El presidente le dijo a Zelenski que Estados Unidos había hecho mucho por su país y entonces procedió a explicar el “favor” que quería pedirle: realizar investigaciones sobre las elecciones de 2016 y los Biden.

Lo que habían hecho los Biden “me suena horrible”, dijo Trump, según una transcripción reconstruida de la llamada hecha por la Casa Blanca. Trump añadió que Giuliani se pondría en contacto. Zelenski le aseguró a Trump que el nuevo fiscal investigaría a Burisma.

Sin embargo, Alexander S. Vindman, principal especialista en Ucrania del equipo de Bolton, que había tomado notas de la conversación en la sala de crisis, quedó estupefacto ante las implicaciones de lo que había dicho Trump. Se dirigió a la oficina de John A. Eisenberg, principal asesor legal del Consejo de Seguridad Nacional, para consultarle si era adecuado solicitar investigaciones.

Eisenberg se apresuró a hacer desaparecer el resumen oficial de la conversación en un sistema de almacenamiento electrónico que por lo regular se utiliza para la información clasificada más delicada. Más tarde, instruyó a Vindman que no hablara acerca de la llamada telefónica con nadie más.

De cualquier forma, un funcionario de la CIA asignado a la Casa Blanca supo algo al respecto y el 12 de agosto presentó una queja en carácter de informante. Las noticias sobre ese informante llegaron a las posiciones más altas del Consejo de Seguridad Nacional. En cuanto el congreso se enteró de lo acontecido a principios de septiembre, tres comités de la Cámara Baja abrieron investigaciones.

Volker calificó la transcripción de la llamada sostenida el 25 de julio de “explosiva” y renunció justo antes de presentar su testimonio.

Kent, el secretario de Estado asistente, dijo a los investigadores que Trump había puesto de cabeza la política estadounidense. Según dijo, desde hace décadas en Estados Unidos se ha exigido que los líderes de Ucrania y otros países dejen de instigar en contra de sus opositores casos judiciales con motivaciones políticas y que respeten el Estado de derecho.

El hecho de que Trump le haya pedido a Ucrania investigar a un rival político por su propia conveniencia, en su opinión, estuvo “mal”.

Hill declaró que quedó “impactada” y “le causó mucha tristeza” conocer el contenido de la transcripción de las llamadas y otros documentos. En conjunto, según señaló, confirmaron “mis peores temores y pesadillas” de que ciertos intereses privados se habían antepuesto a los objetivos de seguridad nacional de Estados Unidos.

Su antiguo jefe, Bolton, quien renunció en septiembre, ha dicho que no testificará a menos que un tribunal federal dictamine que puede hacerlo legalmente.

No obstante, en una misiva dirigida al tribunal la semana pasada, su abogado dio a entender que todavía hay más. Según dijo, Bolton tiene información sobre otras reuniones y diálogos sostenidos en la Casa Blanca en relación con Ucrania que no se han dado a conocer al público en general.



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