Mensajería

El amor en la era digital

2019-11-18

El reto de la actualidad ante tanto estímulo disponible es tener la capacidad de...

Por: Francisco Peralta Dávalos / Anahí Ruvalcaba Ortíz

Cada vez son más las parejas que se llegan a conocer por medio de redes sociales.

Las herramientas tecnológicas han impactado prácticamente todo en la actualidad; los negocios, la educación, nuestra comunicación y por supuesto, también las relaciones de pareja.

Cada vez son más las parejas que se llegan a conocer por medio de redes sociales, o bien, que después de un encuentro personal, pudieron seguir en comunicación por medio de alguna app, lo cual permitió que se siguieran relacionando para después iniciar su noviazgo. De igual manera, no faltan las parejas que gracias a las videollamadas o a las plataformas de mensajería instantánea como Whatsapp o Telegram, pudieron mantenerse en comunicación y así sostener su relación de manera activa y cercana a pesar de la distancia. En efecto, no cabe duda que la tecnología ayuda en las relaciones de pareja posibilitando un mayor acercamiento y comunicación a comparación de otros tiempos en los que las cartas y después las llamadas eran la única opción posible.

Sin embargo, también debemos tener precaución en que estas herramientas que pueden resultarnos a nuestro favor no se vuelvan contra nosotros. En el año 2013, en Australia, se introdujo por primera vez la palabra phubbing en el famoso diccionario Macquarie, ésta surge de la unión de los términos phone (teléfono) y snubbing (despreciar); aludiendo a la conducta de ignorar a la otra persona durante una conversación por utilizar el teléfono celular, lo cual interfiere directamente en la comunicación interpersonal, y más la de pareja. Es de sorprenderse la cantidad de parejas que en mayor o menor medida se quejan del mal que hace el smartphone en la relación, llegando en ocasiones a grados en que el mayor problema que esa pareja dice tener es precisamente el uso que le da uno de los dos (o en el peor de los casos los dos) al celular.

Cada vez son más las personas que mencionan que en comidas, cenas, convivencias o simplemente en lo cotidiano, su pareja usa el celular de forma continua a lo que quién no está usándolo puede llegar a sentirse ignorado, desatendido, ajeno al mundo del otro; en pocas palabras se siente distante a su pareja. Cuando esto se vuelve la regla, el modus vivendi, la relación se va viendo afectada y dañada y, sin darnos cuenta, algo que parece tan inofensivo como un teléfono celular, podría estar lastimando la relación por el uso que le damos.

Entonces, podemos decir que la tecnología no es positiva ni negativa, buena ni mala, lo que define esto es, en definitiva, el uso que le damos, de tal manera que en primer lugar lo que se debe hacer es identificar que la responsabilidad se encuentra en nosotros, el balón está de nuestro lado, por ello tenemos que definir y actuar de acuerdo a lo que es importante para nosotros, porque quizá, sin darnos cuenta, estamos atendiendo y alimentando más nuestra vida virtual que nuestra relación, que la relación más importante que hemos decidido tener; nuestra pareja.

El reto de la actualidad ante tanto estímulo disponible es tener la capacidad de concentrarse en lo que es verdaderamente importante y valoramos. Podríamos hacernos la pregunta de qué es más importante para nosotros, si los contenidos que podemos consumir por medio teléfono inteligente o nuestra pareja. Seguramente la mayoría respondería que su pareja (espero que así sea), el detalle estaría en poner atención si la respuesta es la misma en las acciones pues al final, más que lo que dices, lo que importa es lo que haces.

Enrique Rojas dice que “el amor es arte y oficio”. El amor requiere sobre todo de las acciones pequeñas del día a día, mejor dicho, a cada momento tenemos una oportunidad de demostrar al otro que le amamos. Comencemos por dejar del lado el celular y poner todo nuestro esfuerzo por hacer sentir a nuestra pareja que nada hay más importante en el mundo que estar con ella, que estar presente en la relación.



regina