Mensajería

Abejas o escarabajos

2022-05-20

Ahora, ¿cómo debo actuar, cómo debo comportarme cuando descubro faltas y...

Por: Padre Nicolás Schwizer

La indulgencia es una virtud de mucha importancia, pero bastante difícil en la vida en comunidad. La indulgencia con las faltas de los hermanos, se traduce en perdonarlas, expiarlas, comprenderlas, ignorarlas. El Padre Kentenich, fundador del Movimiento de Schoenstatt, explica: Â"la comunidad no es sólo gracia condensada, sino también pecado original condensado. El realismo cristiano nos indica, entonces, que los grupos humanos no son solamente una Â"comunidad de santosÂ", sino también Â"una comunidad de pecadoresÂ".

Y cuando me entero de la falla de un hermano, la tentación es muy grande de criticarlo enseguida o en forma indebida (a sus espaldas). Es en estos momentos en que tenemos que cuidar nuestra lengua. Si quieren examinar si han tomado en serio el amor entre ustedes, en este punto pueden verificarlo. Y tenemos los criterios cuando se trata de criticar a un hermano ausente:

1. A sus espaldas yo digo sólo aquello que diría también en su presencia.

2. A sus espaldas yo digo sólo aquello que quisiera que se diga de mí en un caso semejante.

Ahora, ¿cómo debo actuar, cómo debo comportarme cuando descubro faltas y deficiencias en los hermanos? El P. Kentenich propone dos actitudes y un método práctico.

¿Cuáles son esas dos actitudes?

1. Tenemos que considerar las miserias humanas como algo evidente. Porque todos somos seres cargados con el lastre del pecado original. Esto no lo debemos ni lo podemos olvidar nunca. Es natural que yo tenga faltas. Es natural que también mis hermanos tengan fallas. Y así como tengo que soportar diariamente mis propios defectos y limitaciones, así he de aguantar también las debilidades ajenas.

2. Siendo así la situación del hombre, debemos, en segundo lugar, acercarnos al hermano que falla con mucha benevolencia. Nadie de nosotros es juez, ni de vivos ni de muertos.

Benevolencia es un Â"cierto disimulo que parece no ver ciertas deficiencias notablesÂ". Es todo lo contrario de Â"aquella triste perspicacia que tienen algunos para ver defectos ocultosÂ". Benevolencia presupone también una cierta ingeniosidad para descubrir el oro en cada uno. Y, en cada uno de nosotros hay cantidades de lingotes de oro. Sólo precisamos un sentido para descubrir lo bueno en el hermano.

Y entonces el Padre Kentenich hace una comparación: no debemos ser como el escarabajo. El escarabajo puede pasar por los manjares más ricos y delicados, pero no le interesan. Busca sólo los desperdicios, lo descompuesto. Nosotros debemos ser como la abeja. Ella revolotea por todas partes, pero sólo se detiene en el néctar.

El método práctico cuando descubro en un hermano un defecto

1. Debo preguntarme: ¿acaso no tengo yo el mismo defecto? Y muchas veces tendré que contestar que lo tengo. Tal vez se manifieste de manera diferente. O tal vez no tenga la misma falla, pero he de reconocer que tengo otras y aún mayores que mi hermano.

2. En segundo lugar, antes de llamarle la atención al hermano, debo tratar de vencer en mí mismo ese defecto. Debo esforzarme en ese campo, al menos durante un cierto tiempo.

Y después de haber cumplido con esas dos condiciones, puedo hablar con mi hermano y decirle mi crítica. Podré ser más objetivo, y el modo de llamarle la atención necesariamente será más cuidadoso, moderado y digno.

Preguntas para la reflexión

1. ¿Tenemos mentalidad de escarabajo o de abeja?

2. ¿Hablo en ausencia de los demás?

3. ¿Me es fácil ver lo positivo de los demás?



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