Panorama Norteamericano

Nancy Pelosi: “Es incapaz éticamente” de ser líder de EU

2019-03-20

“Vamos a iniciar investigaciones sobre los abusos de poder, la corrupción y la...

Por Bernardo González Solano | Revista Siempre

Durante mucho tiempo Estados Unidos de América fue el paradigma de los valores democráticos en todo el mundo. La primera gran democracia de los tiempos modernos. Pero los excesos intervencionistas de la gran potencia en todos los puntos cardinales minaron el ejemplo estadounidense. El triunfo de los aliados, con Estados Unidos a la cabeza, al término de la Segunda Guerra Mundial, fue quizás el mejor momento de la Unión Americana. El Plan Marshall en el Viejo Continente fue único.  Eso ya es historia, un  pasado glorioso que muy difícilmente se repetirá, y menos con un presidente tan burdo como Donald Trump, calca de la actuación menos ejemplar, retrógrada, de un sector importante de la sociedad americana.

Nunca antes un mandatario al norte del río Bravo había cometido tantas aberraciones y despropósitos como Donald Trump. Ningún otro presidente de Estados Unidos usó sus prerrogativas presidenciales —para formar su gabinete—  como lo ha hecho el mentiroso magnate: en aproximadamente 24 meses de gobierno ha cesado a más de 30 funcionarios de primer nivel, lo que demuestra, por lo menos, tremenda indecisión al nombrarlos. Al grado de que internamente muchos de los miembros del gobierno llegaron a considerar la posibilidad constitucional— de destituirlo, preocupados (más bien asustados) por las órdenes y contraórdenes que ha dispuesto el inquilino número 45 de la Casa Blanca. En tales condiciones, el presidente demócrata neoyorquino del Comité de Justicia de la Cámara de Representantes, Jerrold Nadler, el domingo 3 de marzo informó que está solicitando documentos a más de 60 personas del gobierno, familia y empresas de Donald Trump  como parte de una investigación en curso relacionada con la injerencia rusa en los comicios de 2016, tras asegurar que “está claro que el mandatario obstruyó la justicia”.

“Vamos a iniciar investigaciones sobre los abusos de poder, la corrupción y la obstrucción de la justicia”, específica Nadler y advierte: “Haremos todo lo posible para obtener evidencia de todo esto”. Al cuestionársele si tenía la certeza de que el presidente interfería con la justicia, el representante aseguró: “Sí, así lo creo”.

Nadler fue preciso en su propósito: el comité investigador quiere revisar los documentos del Departamento de Justicia sobre Donald Trump Jr. , hijo del mandatario, así como los del director de finanzas de la Organización Trump, Allen Weisselberg. Además, refirió que tanto el exjefe de despacho de la Casa Blanca, John Kelly, y el exabogado de la presidencia, Don McGahn, eran objetivos probables.

Esta investigación no presupone el inicio del Impeachment (juicio político en contra del mandatario), aclaró Nadler, pero sí afirmó que sus compañeros de bancada demócratas en la Cámara de Representantes  —que a partir del mes de enero pasado cuentan con la mayoría— “simplemente hacen su trabajo para proteger el Estado de derecho”, después de que los republicanos durante los primeros dos años del mandato de Trump únicamente se “dedicaron a proteger al presidente de cualquier responsabilidad”; es decir, el probable juicio político no está a la puerta, aunque hasta no pocos republicanos desearían que procediera.

Ante la embestida demócrata, Trump, muy a su manera, recurrió a sus desgastados tuits para “defenderse”: “Soy un hombre inocente perseguido por algunas personas muy malas, conflictivas y corruptas en una cacería de brujas que es ilegal y que nunca se le debería haber permitido comenzar, ¡y solo porqu gané la elección!”. El enfrentamiento entre la Casa Blanca y la Cámara de Representantes va para largo, el presidente tiene otros recursos legales, hasta el derecho de veto, así como el Poder Legislativo que ya comienza otra media docena de investigaciones relacionadas con el magnate, desde sus relaciones con Rusia hasta posibles conflictos de intereses que involucran sus negocios familiares. La lucha es de poder a poder; de pronóstico reservado.

Sin embargo, el lunes 11 de marzo, la  presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, declaró al periódico The Washington Post, que no estaba a favor del juicio político, “a menos de que exista algo muy convincente, abrumador  y bipartidista, no debemos optar por eso, porque divide al país, y él (Trump) simplemente no vale la pena… Hemos podido soportarlo todo. Aunque no dos periodos de Trump. Así que tenemos que asegurarnos de que eso no pase. Trump no está en condiciones de ser el líder de Estados Unidos, es incapaz éticamente”. Pelosi, la representante demócrata de 78 años de edad, no se arredra ante las reacciones y las mentiras de Trump, que desde principios de año va de tropiezo en tropiezo, en la política interna y en el escenario internacional, como acaba de suceder en la reunión de Hanoi con el dictatorial mandatario norcoreano que tampoco se doblegó a las exigencias del truculento magnate.

A fines de 2018, la administración Trump ya había sufrido muchos escándalos por las dimisiones y despidos de “decenas” de sus funcionarios, cada vez más desgastantes. Desde la Secretaría de Estado, la Defensa, del Interior, la General, de Justicia, del Medio Ambiente, de los Combatientes Veteranos, la embajada de Estados Unidos ante la ONU, la asesoría de Seguridad Nacional, la Económica, directores de comunicación, y muchos más.

Cada cese (renuncia o despedido) ha sido un episodio vergonzante. Por ejemplo, el caso del exgeneral James (Jim) Mattis, de 68 años de edad, secretario de Defensa, que el 21 de diciembre de 2018 anunció su retirada del importantísimo puesto criticando en particular la estrategia diplomática de Donald Trump: “Debemos tratar a los aliados con respeto”, escribió el jefe del Pentágono en su carta de renuncia, cuando las relaciones entre el presidente y otros gobernantes aliados están muy degradadas.

Después del anuncio del miércoles 21 de diciembre del año pasado de la retirada de las tropas estadounidenses de Siria, el general Mattis se encontró en una posición más incómoda que nunca, al haberse opuesto enérgicamente a esta medida durante casi dos años. Por su parte, por medio de su herramienta favorita para “gobernar”, el Twitter, Trump señaló que Mattis dejaría sus funciones a finales de febrero del presente año. Escribió: “¡Agradezco sinceramente a Jim por su servicio!”. Pero la historia no había terminado.

El miércoles 21 de enero de este año, durante una rueda de prensa previa a una reunión de gabinete en la Casa Blanca, con la mala leche que le acostumbra, flanqueado por el sucesor de Mattis en la cartera de la Defensa, Patrick Shanahan, Trump aseguró que “en esencia había despedido” a Jim Mattis, quien por su parte había afirmado que presentó su renuncia voluntariamente por múltiples desacuerdos con el mandatario.

En dicha rueda de prensa, Trump se explayó: “¿Qué ha hecho (Mattis) por mí? ¿Cómo actuó en Afganistán?”, lamentando la actual crisis de seguridad en territorio afgano y las enormes sumas de dinero que Estados Unidos ha invertido en aquella nación devastada por la guerra. Agregó: “No estoy contento con lo hecho en Afganistán y no debería estar contento2… “Le deseo lo mejor. Espero que le vaya bien. Pero como saben, el presidente Obama lo despidió y, en esencia, yo también. Quiero resultados”. Exgeneral de la Infantería de Marina, Mattis era jefe del Comando Central cuando Barack Obama lo despidió en 2013 por sus opiniones sobre Irán, pero sin desplantes ni ofensas personales.

Ahora todo el mundo sabe que Trump acostumbra hacer comentarios humillantes sobre funcionarios a los que acaba de despedir, pero la crítica a Mattis tuvo efectos particulares porque durante mucho tiempo el presidente declaró públicamente su admiración por el hombre al que llamaba “Mad Dog Mattis”.

Había razones para que lo admirara. Bob Woodward, autor del libro Miedo. Trump en la Casa Blanca, cuenta la siguiente anécdota: “James Mattis, un veterano de guerra retirado de la Marina, era probablemente la voz con más influencia en el gabinete, había servido cuarenta años en el cuerpo… le dijo al presidente: Kim Jong-un representa la mayor amenaza a nuestra seguridad nacional. Necesitamos que Corea del Sur sea un aliado. Los recursos militares y de inteligencia estadounidenses en Corea del Sur son la piedra angular para poder defendernos de Corea del Norte… (Trump estaba furioso por el alto costo del sistema de defensa de lanzamiento de misiles THAAD: Terminal High Altitude Área Defense)  y había amenazado con quitarlo de Corea del Sur y trasladarlo a Portland, Oregón). —No estamos haciendo esto por Corea del Sur (dijo Mattis), estamos ayudando a Corea del Sur porque nos beneficia a nosotros. Trump pareció aceptarlo, pero solo momentáneamente”.

Episodios como este abundan en la larga lista de las renuncias de funcionarios en la Casa Blanca. A Trump le importan poco, pues él y más de la mitad de los evangélicos blancos estadounidenses creen que Dios desempeñó un papel decisivo en la elección del 45 presidente de Estados Unidos, por ende, su lugarteniente en la Tierra no puede equivocarse. Pero, la respetable y valiente Nancy Pelosi y muchos millones de estadounidenses más opinan diferente. El 2020 está a la puerta. Vale.



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