Panorama Norteamericano

‘Importamos’: un momento de catarsis tras el veredicto de Derek Chauvin

2021-04-21

Cuando Mineápolis escuchó el veredicto del juicio a Chauvin fue un momento de...

Por Shaila Dewan y Julie Bosman | The New York Times

MINEÁPOLIS — Afuera de la tienda de conveniencia Cup Foods donde George Floyd fue asesinado en mayo pasado, una mujer casi se derrumba en llanto al escuchar los veredictos de culpabilidad contra Derek Chauvin, el oficial de policía que mató a Floyd.

“Importamos”, dijo, incorporándose. “Importamos”.

En un vecindario de Mineápolis los vecinos jubilosos tocaban las bocinas y se asomaban a las ventanas golpeando cacerolas. Cientos de personas frente a la corte empezaron a levantar los puños, al unísono, mientras la noticia corría entre la multitud. “¡Culpable!”, gritaron y empezaron a corear: “‘¡Los tres cargos! ¡Los tres cargos!”.

Cuando Mineápolis escuchó el veredicto del juicio a Chauvin fue un momento de catarsis para muchos en la ciudad, una escena de alivio colectivo y satisfacción de que se le hubiera encontrado culpable de dos cargos de asesinato y uno de homicidio involuntario por la muerte de Floyd.

Esas escenas se repitieron de formas más discretas, por todo Estados Unidos cuando las personas detuvieron sus labores, mandados o la búsqueda de sus hijos en la escuela para escuchar el momento en que el juez Peter A. Cahill anunció el veredicto. Para algunos estadounidenses negros en particular, el momento fue especialmente conmovedor, una confirmación de que se había hecho justicia en el caso de Floyd.

Don Jackson, un trabajador de tecnología de 33 años, salía de su trabajo en el Loop de Chicago cuando la noticia de la condena de Chauvin se propagaba por el centro de la ciudad. “No tenía muchas esperanzas de que fueran a hacerlo bien”, dijo sobre los miembros del jurado. “Pero lo hicieron”.

En Atlanta, en la zona del Old Fourth Ward, a una cuadra de la Iglesia Bautista Ebenezer, Rema Miller, de 49 años, estaba afuera de una tienda de puros inhalando una calada victoriosa.

“Honestamente siento algo de alivio porque hemos estado muy atribulados”, dijo Miller, una consejera retirada. “Sentíamos que la historia se iba a repetir. Que lo iban a encontrar culpable de un cargo menor. Entonces nos hemos preparado para eso”.

En algunas ciudades, la gente dijo que no se atrevió a mirar la audiencia.

Tifanny Burks, de 28 años, organizó protestas el verano pasado para la Alianza Black Lives Matter en el sur de Florida y dijo que durante la tarde del martes su madre le envió por mensaje de texto la noticia del veredicto.

“Esta es una señal, un rayo de esperanza, de que vamos en la dirección correcta”, dijo Burks, quien vive en Fort Lauderdale.

Pero también dijo que un veredicto en un solo caso era solo eso: un veredicto.

“El sistema de justicia penal realmente no va a brindar la rendición de cuentas y la liberación que estamos buscando”, dijo. “Necesitamos que los departamentos de policía sean desfinanciados. Necesitamos quitarle los fondos al departamento de policía que le falló a George Floyd”.

En algunas comunidades, la gente dijo sentir alivio de que el veredicto pudiera evitar la perspectiva de disturbios civiles que muchas ciudades experimentaron el año pasado a raíz de la muerte de Floyd.

Lucy Putluk, quien vive en los suburbios de Highland Park, Illinois, y trabaja en Chicago, lamentó la forma en que los negocios del centro de la ciudad se habían tapiado a manera de prevención.

“¿Por qué cada vez que hay un juicio tenemos que preocuparnos por los disturbios así?”, dijo, señalando a un helicóptero que sobrevolaba. “Bueno, genial, ya cállense. Ya tienen lo que querían”.

En Nueva York, para algunas personas el anuncio del veredicto fue como si les hubieran quitado una carga de encima. En Washington Square Park en Manhattan, donde la mayoría de la gente parecía atraída por el cálido clima primaveral, una multitud coreaba la palabra “culpable”, después de que se anunció la noticia. Cerca de allí, las flores rodeaban un monumento improvisado a Daunte Wright, un hombre negro que, como George Floyd, resultó asesinado durante un encuentro con agentes de policía en Minnesota.

A unas cuadras, en Union Square Park, Gurpreet Singh, de 46 años, dijo que se sentía extasiado con el veredicto. Aunque nada podía devolverle la vida a Floyd: “Al menos este error ha sido corregido”, dijo Singh.

Frente a la cárcel del condado en el centro de Portland, Oregon, Cyncyrie Cruz, de 32 años, se enteró de la noticia del veredicto por una llamada telefónica de su novio.

“¿Qué fue? Dime”, preguntó Cruz tan pronto como respondió la llamada. Empezó a caminar en la acera y luego vitoreó y alzó el puño.

Pero aunque Cruz dijo sentirse agradecida por lo que le pareció un paso hacia la rendición de cuentas, también dijo que no veía el veredicto como el fin de la batalla más amplia por la justicia racial y en contra de la brutalidad de la policía.

Dijo que no se sentía esperanzada de que la sentencia de Chauvin, que está por definirse, sea suficiente.

“Esto no es algo que está pasando solo en Mineápolis, Minnesota”, dijo Cruz. “Esto es en todo el país”.

Algunos estadounidenses que siguieron de cerca el juicio, dijeron que el veredicto fue sorprendente, distinto a lo que suelen esperar en los casos en los que la policía está involucrada.

Juan Carmona, director del departamento de ciencias sociales de la secundaria Donna High School en Donna, Texas, una ciudad de 16,000 habitantes en la frontera con México, dijo que había estado escuchando el juicio en la radio. Para él, un momento decisivo fue cuando el jefe de policía de Mineápolis testificó para la fiscalía, declarando claramente que las acciones de Chauvin contravenían la capacitación del departamento.

“Puede que ese muro azul de silencio finalmente esté cediendo”, dijo Carmona. “Los oficiales de policía son como cualquiera, y están viendo lo que sucede en el país”.

En el sur de Los Ángeles estalló una celebración por el veredicto en la esquina de Florence y Normandie, una intersección que en 1992 explotó con rabia y fuego después de que un jurado absolvió a cuatro policías blancos por la golpiza a Rodney King. Fue en esa misma esquina que Reginald Denny, un chofer blanco, fue sacado de su camión y golpeado en medio de los disturbios de Los Ángeles.

El martes, ese lugar tenía la atmósfera de una fiesta callejera: los choferes sonaban las bocinas de sus autos y los activistas ondeaban afiches caseros que decían: “Culpable”. Un puñado de hombres y mujeres negros, blancos e hispanos ondeaban banderas de Black Lives Matter y cartulinas mientras los parlantes portátiles emitían música.

Al pasar un camión de bomberos por ahí, su conductor miró a una activista en la esquina y le mandó un beso volado y hubo vítores.

“Es una celebración de la vida de George Floyd, una celebración del veredicto y también es una celebración para comprender que el sistema al fin le exige cuentas a la gente que durante tanto tiempo ha estado protegida”, dijo Daymond Johnson, activista de 40 años que es afroestadounidense y estaba de pie en la esquina con un megáfono.



Jamileth