Diagnóstico Político

Trump y Biden: dos abstemios en carrera por la presidencia

2020-10-30

El presidente Donald Trump y su oponente demócrata Joseph R. Biden Jr., no han tomado una...

Por Adam Nagourney | The New York Times

Una elección presidencial que ha llevado a un país entero a refugiarse en la bebida se disputa a muerte entre dos hombres que no beben.

Por primera vez en la historia moderna de Estados Unidos, los dos candidatos de los principales partidos son abstemios. El presidente Donald Trump y su oponente demócrata Joseph R. Biden Jr., no han tomado una bebida alcohólica en su vida, según han dicho ellos mismos.

Esta Campaña de Abstemios, y el hecho de que dicha circunstancia haya llamado tan poco la atención, es hasta cierto punto evidencia de cómo está cambiando el ambiente de la política, donde solía beberse en abundancia. Los candidatos, los colaboradores de campaña y los periodistas beben menos, conscientes del escrutinio de la era de los teléfonos celulares y Twitter, por no decir las incesantes exigencias de una campaña 24 horas.

Pero también muestra que Biden y Trump, a pesar de sus marcadas diferencias, comparten algunas similitudes de carácter y antecedentes, según los biógrafos y otras personas que los han observado durante años. Ambos crecieron en familias ensombrecidas por el fantasma del alcoholismo: el hermano de Trump murió por esa causa y uno de los tíos favoritos de Biden, con quien vivió de niño, era un bebedor empedernido.

Ambos se han distanciado de los circuitos sociales de Washington y Nueva York donde se bebe con regularidad. Biden debido a que todas las noches volvía a la casa familiar en Delaware y Trump porque suele sentirse más cómodo en casa mirando televisión.

Pero más que otra cosa, es testimonio de la naturaleza de dos hombres de una ambición feroz y del cálculo de que el alcohol los pondría en desventaja, ya sea en el mundo de la política, de los negocios inmobiliarios de Nueva York o la operación de un casino.

“Son dos hombres intensamente competitivos que a principios de su carrera tomaron la decisión de que su camino al éxito implicaría llegar a los puestos que deseaban con su fuerza de voluntad”, dijo Evan Osnos, autor de una biografía de Biden recién terminada. “Eso no deja mucho espacio para embriagarse”.

Ha pasado casi un siglo desde que la moderación resultaba pertinente en la política estadounidense. La época de la Prohibición empezó hace 101 años con la ratificación de la Decimoctava Enmienda de la Constitución y terminó en 1933 cuando esta fue derogada.

“Hubo una época en la vida pública estadounidense en que el carácter se asociaba con cierto nivel de sobriedad”, dijo Tim Naftali, historiador presidencial. “Creo que eso desapareció con el fin de la Prohibición”.

Biden y Trump rara vez hablan de su costumbre de no beber ni mucho menos presentan su abstinencia como virtud.Trump alguna vez hizo una broma al observar que jamás había tomado una copa de alcohol en su vida. “¿Se imaginan si lo hubiera hecho?”, preguntó. “Qué desastre sería”.

Durante siglos ha habido presidentes que practicaban la abstinencia —Rutherford B. Hayes, William H. Harrison y George W. Bush— así como presidentes que adoraban sus cócteles, entre ellos Richard M. Nixon, Lyndon Johnson y Martin Van Buren, o, como le decían, Blue Whiskey Van. Bush dejó de beber a los 40 años porque consideró que bebía demasiado, aunque se sabe que su padre, George H.W. Bush disfrutaba de un martini al final del día. Jimmy Carter presidía una Casa Blanca abstemia, lo que contribuyó a su fama de puritano (y sin duda restaba algo de diversión a las cenas de Estado).

Sin embargo, este enfrentamiento presidencial ha sido algo desconcertante para ciertas personas en Washington. La capital es un sitio donde el alcohol siempre ha tenido un lugar firme, aunque no tanto como antes, como combustible para hacer tratos, legislar y socializar.

“Dos tercios de los estadounidenses beben alcohol”, dijo Garret Peck, quien dirige Temperance Tours, recorridos de los bares más famosos de la capital estadounidense y ha escrito ampliamente sobre el consumo de alcohol en Washington”. “Y la mayoría de los washingtonianos también beben alcohol. Es parte de la cultura de la ciudad”.

El alcohol ya no es tan importante en la vida de Washington como lo fue alguna vez, concedió Peck al observar un cambio en la cultura política que ha causado que la mayoría de los integrantes del Congreso vuelvan a sus estados de origen los fines de semana. Esa transformación cultural a menudo ha sido señalada como la culpa del agrio bipartidismo de Capitol Hill ya que la socialización durante el fin de semana entre partidos prácticamente ha desaparecido.

“En el Congreso de hoy en día, no tanto”, dijo. “Quisiera que fuera un factor más influyente”.

A lo largo de los años, Trump ha dicho que la razón principal por la que no bebe es porque fue testigo de la batalla de su hermano Fred con el alcoholismo, que más tarde causó su muerte. Los hábitos de bebida de su hermano eran causa de disgusto paterno, algo que también impresionó a Trump, un hijo que, según los biógrafos, siempre buscaba la aprobación de su padre, un hombre que tenía un carácter fuerte.

Gwenda Blair, quien ha escrito sobre Trump y su familia, dijo que el presidente se dio cuenta a principios de su carrera que ser abstemio le daría ventaja en el salvaje mercado del desarrollo inmobiliario de Nueva York. Más tarde, como propietario de un casino en Atlantic City, observó que a los jugadores se les atiborraba de trago para que perdieran sus inhibiciones y se mantuvieran cerca de las mesas de juego y las máquinas tragamonedas.

“Mientras se bajaban whiskies, él se bajaba Diet Cokes”, dijo. “Es parte de su perfil ultracompetitivo. Este es un tipo que es tan competitivo que su entrenador de secundaria dijo que era el chico más entrenable que había entrenado porque, a diferencia de la mayoría de chicos, Donald recordaba lo que debía hacer para ganar”.

Biden no es menos resuelto: de muchacho ya hablaba de ser presidente y esta es la tercera ocasión en que busca el cargo. También es un hombre de autodisciplina, como ha demostrado al sobreponerse al tartamudeo. Mientras que Trump habla de perder a su hermano al alcoholismo, Biden creció en un hogar lleno de bebedores, en especial su tío Edward, conocido como Boo-Boo. “Hay suficientes alcohólicos en mi familia”, dijo una vez cuando se le preguntó por qué no bebía.

Osnos dijo que Biden ha aclarado que “cree que hay un componente genético y que su familia lo tiene. No es demasiado arriesgarse al conectar esto con las batallas que su hijo Hunter ha tenido con la adicción”.

De los otros candidatos en las principales fórmulas de este año, el vicepresidente Mike Pence tampoco bebe alcohol, lo que deja a la senadora Kamala Harris como la única que de vez en cuando bebe.

La mayoría de relatos indican que ni Biden ni Trump se han sentido marginados por no participar en el ritual de beber alcohol.

Timothy L. O’Brien, otro biógrafo de Trump, dijo del presidente: “No creo que le importe”.

“Nunca ha sido alguien que disfrute de ir a una fiesta y socializar”, agregó O’Brien. “Su noche ideal es sentarse frente a la televisión viendo deportes con una hamburguesa con queso. Esa es su botella de vino”. Durante su primer mandato, el presidente Barack Obama organizó una famosa reunión para zanjar la confrontación entre Henry Louis Gates Jr., un profesor negro de Harvard y el oficial de policía blanco de Cambridge que arrestó a Gates en su propia casa cuando investigaba un reporte de invasión a la residencia. El encuentro llegó a conocerse como la cumbre de la cerveza porque fue lo que los hombres bebieron bajo un árbol de magnolia frente al Despacho Oval.

Excepto Biden. Él bebió Buckler, una cerveza sin alcohol de Heineken.

A pesar de todo lo que se ha dicho sobre el carácter en la política estadounidense, Naftali dijo que en esta elección a la mayoría de los votantes probablemente no les importan los hábitos de bebida de los candidatos presidenciales.

“A principios del siglo XX, muchos votantes habrían estado encantados de que ambos candidatos fueran abstemios”, dijo. “Creo que eso no importa para nada en el siglo XXI. Hay otros modos, y mejores, para evaluar el carácter de un nominado”.



Jamileth