Reflexiones

Conciencia del bien y del mal

2019-07-13

En la conciencia se encuentra el conocimiento que un ser tiene de sí mismo y de su entorno....

Jesús María Jordán

En la conciencia se encuentra el conocimiento que un ser tiene de sí mismo y de su entorno. Es esa voz interior que nos dice si son correctas o no nuestras acciones.

“En lo más profundo de su conciencia el hombre descubre una ley que él no se da a sí mismo, sino a la que debe obedecer y cuya voz resuena, cuando es necesario, en los oídos de su corazón, llamándole siempre a amar y a hacer el bien y a evitar el mal [...]. El hombre tiene una ley inscrita por Dios en su corazón [...]. La conciencia es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que está solo con Dios, cuya voz clama en lo más íntimo de ella”. (Catecismo de la Iglesia Católica, 1776).

En el Nuevo Testamento, San Pablo, en el libro “Romanos” (1, 18-32), encontramos las siguientes citas que resultan oportunas mencionar en este contexto:

La culpabilidad del hombre

"Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad; porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó".

"Porque desde la creación del mundo las cualidades invisibles de Dios, es decir, su eterno poder y su naturaleza divina, se perciben claramente a través de lo que él creó, de modo que nadie tiene excusa. A pesar de haber conocido a Dios, no lo glorificaron como a Dios ni le dieron gracias, sino que se extraviaron en sus inútiles razonamientos, y se les oscureció su insensato corazón. Aunque afirmaban ser sabios, se volvieron necios y cambiaron la gloria del Dios inmortal por imágenes que eran réplicas del hombre mortal, de las aves, de los cuadrúpedos y de los reptiles. Por eso Dios los entregó a los malos deseos de sus corazones, que conducen a la impureza sexual, de modo que degradaron sus cuerpos los unos con los otros. Cambiaron la verdad de Dios por la mentira, adorando y sirviendo a los seres creados antes que al Creador, quien es bendito por siempre. Amén. Por tanto, Dios los entregó a pasiones vergonzosas. En efecto, las mujeres cambiaron las relaciones naturales por las que van contra la naturaleza".

"Así mismo los hombres dejaron las relaciones naturales con la mujer y se encendieron en pasiones lujuriosas los unos con los otros. Hombres con hombres cometieron actos indecentes, y en sí mismos recibieron el castigo que merecía su perversión. Además, como estimaron que no valía la pena tomar en cuenta el conocimiento de Dios, él a su vez los entregó a la depravación mental, para que hicieran lo que no debían hacer. Se han llenado de toda clase de maldad, perversidad, avaricia y depravación. Están repletos de envidia, homicidios, disensiones, engaño y malicia. Son chismosos, calumniadores, enemigos de Dios, insolentes, soberbios y arrogantes; se ingenian maldades; se rebelan contra sus padres; son insensatos, desleales, insensibles, despiadados. Saben bien que, según el justo decreto de Dios, quienes practican tales cosas merecen la muerte; sin embargo, no solo siguen practicándolas, sino que incluso aprueban a quienes las practican".

Que estas reflexiones y remembranzas sirvan para forjar una “vida eterna venturosa”, que se vean como amonestación oportuna para que no haya pretexto ni excusa de no haber sido advertido con oportunidad de la gracia que tenemos para no condenarnos a un destino final sombrío y tétrico, y si en cambio para trascender a una vida espiritual eterna y gloriosa. Ante Dios no podremos decir “no lo sabía, nadie me lo dijo”.

De la misma forma que aseamos nuestro cuerpo cuando nos bañamos, así también, escrupulosamente, más aún, deberíamos limpiar y asear nuestro espíritu para que nuestra alma se mantenga limpia y radiante. Bien nos dice Jesús: El espíritu es el que da vida; la carne no sirve para nada. (Juan, 6:63).



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