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La sombra de la recesión mundial

2019-08-21

Si bien no existe una definición única de recesión, en términos...

Manuel Sánchez González | El Financiero

Desde octubre de 2018, los principales mercados accionarios del mundo han registrado severas fluctuaciones, al tiempo que se ha incrementado el precio de los bonos gubernamentales de algunos países avanzados, tradicionalmente considerados “refugios seguros”.

De forma destacada, como reflejo de su elevada demanda, el rendimiento de las Notas del Tesoro de Estados Unidos a diez años ha descendido aproximadamente a la mitad del nivel de principios de octubre.

Al parecer, el factor más importante que contribuye a explicar la mayor aversión al riesgo ha sido el temor a una recesión global. Entre las causas que podrían estar detrás de tal ansiedad, destaca, en primer lugar, la incertidumbre sobre la posible gravedad de ese evento.

Si bien no existe una definición única de recesión, en términos generales, ésta se refiere a una caída generalizada y prolongada en la actividad económica. La medida simple, no exenta de limitaciones, utilizada casi de forma universal fuera de Estados Unidos, consiste en por lo menos dos caídas trimestrales consecutivas en el PIB.

Independientemente del criterio empleado, es importante recordar que no todas las recesiones son iguales. Aunque corresponden a fases sucesivas de los ciclos económicos, cada contracción exhibe características singulares. En particular, las recesiones pueden ser leves o profundas y extenderse por poco o mucho tiempo.

Tal vez, parte de los temores actuales tenga su origen en la cercanía temporal con la Gran Recesión y la sospecha de que se repita. Aunque no es posible descartar otro cataclismo de esa naturaleza, la próxima recesión, cuando ocurra, no tiene por qué ser tan severa.

Una segunda razón de la aprensión sobre una posible contracción económica podría derivarse de la imposibilidad de predecir su inicio con certeza. A pesar de ello, con frecuencia se esgrimen argumentos sobre su supuesta inminencia, algunos de los cuales carecen de validez.

Un razonamiento común se basa en el hecho de que la presente expansión estadounidense ha sido la más larga desde que se tiene registro en ese país, por lo que la recesión podría estar cercana. Al tratarse de la economía más grande del mundo, se infiere, con razón, que su impacto rebasaría ese territorio.

No obstante, las expansiones no tienen vida finita predeterminada. Utilizando la noción común, varios países han experimentado avances más prolongados que los reconocidos en Estados Unidos, incluyendo los de Australia desde mediados de 1991, de China desde 1993 y del Reino Unido durante 1992 -2008. Ello permite concluir que la presunta inminencia de una recesión mundial no puede basarse en el argumento sobre la longevidad de la actual recuperación.

Una premisa de más fondo, esgrimida también para Estados Unidos, se sustenta en el sentido de la curva de rendimientos, definida ésta como la relación entre las tasas de interés de los bonos gubernamentales y sus correspondientes plazos. Generalmente, esa asociación es positiva, ya que los ahorradores demandan una compensación adicional entre más amplio es el horizonte de la deuda.

Sin embargo, en ocasiones, esa curva “se invierte”, es decir, las tasas de interés de largo plazo llegan a ser menores que las de corto plazo. En el pasado, tal situación ha resultado ser un indicador adelantado de las contracciones económicas. Específicamente, las últimas siete recesiones en Estados Unidos han estado precedidas de un período en que la tasa de diez años es inferior a la de tres meses.

Desde mediados de mayo, esta condición ha prevalecido, lo que ha acrecentado las preocupaciones sobre la proximidad de una recesión en ese país. Empero, en esta ocasión, ese indicador podría no ser tan certero. Un posible factor es la política monetaria sin precedente aplicada en la última década, la cual ha incluido una cuantiosa tenencia de bonos de largo plazo por parte del Fed, que ha presionado sus rendimientos a la baja.

En cualquier caso, el elevado nerviosismo explica por qué los datos decepcionantes sobre el crecimiento del PIB de algunas grandes economías durante el segundo trimestre, así como el escalamiento de la pugna comercial entre Estados Unidos y China, hayan impactado tanto la evolución de los mercados financieros internacionales en semanas recientes.

Si bien las señales no parecen aún definitivas, tampoco es posible desechar la posibilidad de una recesión global. Dada la presente debilidad económica, tal evento afectaría notablemente a México. Es preferible corregir cuanto antes los errores que han conducido a la actual anemia productiva, a reaccionar tardíamente en momentos más difíciles.



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