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El asesinato en Irán amenaza el acuerdo nuclear

2020-11-30

La respuesta radica, en gran medida, en cómo reaccione Irán durante las...

Por David E. Sanger | The New York Times

Es probable que el asesinato del principal científico nuclear de Irán impida las ambiciones militares del país. Su verdadero propósito puede haber sido evitar que el presidente electo de Estados Unidos Joe Biden reanude la diplomacia con Teherán.

El asesinato del científico que durante las últimas dos décadas encabezó el desarrollo de un arma nuclear de Irán amenaza con estropear el intento del presidente electo Joe Biden de restablecer el acuerdo nuclear con Irán antes de que pueda incluso comenzar sus negociaciones con ese país.

Y es muy posible que ese haya sido el objetivo principal de la operación.

Los funcionarios de inteligencia afirman que casi no hay duda de que Israel está detrás del asesinato, ya que tenía todas las características de una precisa y cronometrada operación del Mosad, la agencia de espionaje de ese país. Además, los israelíes no han hecho nada para aclarar esa percepción. Desde hace mucho tiempo, el primer ministro Benjamín Netanyahu ha identificado a Irán como una amenaza existencial para Israel e identificó al científico asesinado, Mohsen Fakhrizadeh, como enemigo público número uno del país por ser capaz de construir un arma que con un solo disparo podría amenazar a una nación de ocho millones de habitantes.

Pero Netanyahu también tiene una segunda intención.

“No se debe regresar al acuerdo nuclear anterior”, declaró brevemente luego de que se supo que Biden —quien ha propuesto justo eso— sería el próximo presidente de Estados Unidos.

Netanyahu cree que sigue en marcha el programa secreto de bombas, hasta el viernes bajo la conducción de Fakhrizadeh, y no tendría obstáculos después de 2030, cuando venzan las restricciones del acuerdo nuclear sobre las posibilidades de Irán de producir tanto combustible nuclear como quiera. Para los críticos del acuerdo, ese es su desacierto fatal.

“El motivo del asesinato de Fakhrizadeh no fue para frenar el potencial bélico de Irán, sino para impedir la negociación”, escribió el vienes en Twitter Mark Fitzpatrick, exfuncionario de no proliferación nuclear del Departamento de Estado.

Tal vez fueron las dos cosas.

Cualquiera que sea la combinación de motivos, Biden debe reparar los daños en solo siete semanas. La pregunta es si el acuerdo que ha definido el presidente electo —eliminar las sanciones relacionadas con el tema nuclear que el presidente Donald Trump ha impuesto durante los últimos dos años si Irán vuelve a aceptar expresamente los límites nucleares establecidos en el acuerdo de 2015— fue destruido junto con la camioneta todoterreno de Fakhrizadeh en el pueblo montañoso de Absard, Irán, al este de Teherán.

La respuesta radica, en gran medida, en cómo reaccione Irán durante las próximas semanas. Desde el inicio del año, Irán ha sido tres veces blanco de ataques muy importantes y despiadados.

Primero fue el asesinato de Qasem Soleimani, el comandante iraní que dirigía el grupo de élite Quds de la Guardia Revolucionaria, mediante un ataque con un dron en Irak, donde el gobierno de Trump afirmó que planeaba ataques a las fuerzas armadas estadounidenses.

Luego, a principios de julio vino la misteriosa explosión en un centro de investigación y desarrollo de centrifugadoras en Natanz. La explosión ocurrió a unos metros del centro subterráneo de producción de combustible que hace más de una década atacaron Estados Unidos e Israel con una sofisticada arma cibernética.

Y ahora el asesinato de Fakhrizadeh, un personaje enigmático que a menudo era considerado como el equivalente iraní de J. Robert Oppenheimer, el científico que supervisó el Proyecto Manhattan hace más de 75 años en la carrera de Estados Unidos para desarrollar la primera arma nuclear del mundo.

El jefe de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de Irán, el general de división Mohammad Bagheri, describió el asesinato de. Fakhrizadeh como “un duro y amargo golpe al sistema de defensa del país” y dijo que habría “una severa venganza”.

El comandante en jefe de la Guardia Revolucionaria, el general de división Hossein Salami, dijo que “el asesinato de nuestros científicos nucleares es una guerra clara y violenta contra nuestra capacidad de alcanzar la ciencia moderna”. Evitó cuidadosamente mencionar la abrumadora evidencia de que Fakhrizadeh enseñaba Física una vez a la semana en la propia universidad de los Guardias, pero pasaba el resto de su tiempo avivando la posibilidad de construir una ojiva nuclear que pudiera caber en la parte superior de una de las crecientes flotas de misiles de Irán.

Los israelíes tal vez estén apostando a que, de cualquier manera, ganan.

Si Irán posterga represalias importantes, entonces habrá rendido frutos la atrevida jugada de eliminar al jefe del programa nuclear, incluso si el asesinato hace que el programa sea más subterráneo.

Y si los iraníes toman represalias y le dan a Trump un pretexto para lanzar un contraataque antes de dejar el cargo en enero, Biden heredará problemas más grandes que solo la destrucción de un documento diplomático de cinco años de antigüedad.

Ambas opciones le vienen bien al equipo de política exterior saliente de Trump, que intenta afianzar el retroceso radical de la política de Irán que ha tenido lugar durante los últimos cuatro años.

“Parece que el objetivo del gobierno de Trump es simple”, señaló Robert Malley, quien lidera el International Crisis Group y fue negociador del acuerdo nuclear de 2015 con Irán.

Afirmó que los planes del gobierno eran “aprovechar el tiempo que le queda antes de salir para consolidar su legado y dificultar que su sucesor retome las negociaciones con Irán y se restablezca el acuerdo nuclear”.

Malley manifestó sus dudas de que “en verdad logre acabar con las negociaciones” o con el acuerdo.

“El centro de gravedad en Irán sigue estando con quienes quieren esperar hasta que Biden sea presidente”, señaló Malley, quien conoce a Anthony J. Blinken, el elegido de Biden como secretario de Estado, desde que hicieron juntos el bachillerato en París.

Biden y Blinken han dejado en claro que uno de sus primeros objetivos en Medio Oriente es restablecer el acuerdo que abandonó Trump.

Pero como dijo el miércoles en un evento en la Universidad de Minnesota Jake Sullivan, el recién nombrado asesor de seguridad nacional, quien fue uno de los emisarios secretos para iniciar las negociaciones que llevaron al acuerdo, “eso depende realmente de Irán”.

“Si Irán vuelve a cumplir sus obligaciones que ha estado violando y está dispuesto a avanzar en las negociaciones de buena fe sobre estos acuerdos de seguimiento”, Biden está dispuesto a hacer lo mismo, dijo. (Si bien Biden apoyó el acuerdo de 2015, también participó en la toma de decisiones en 2010 cuando se desarrolló el ataque cibernético contra Natanz).

Antes del asesinato, era muy evidente que los iraníes mantenían un perfil bajo y que evitaban lanzar provocaciones que le dieran a Trump un pretexto para atacarlos antes de dejar el cargo. Los dirigentes de Irán han precisado que la supervivencia del régimen es su principal objetivo, y han tenido cuidado de no correr riesgos que puedan acabar con sus esperanzas de que les levanten las sanciones, y de restablecer el acuerdo, luego de que termine el mandato de Trump.

Después del asesinato del general Suleimani, hubo un breve ataque con misiles contra una instalación estadounidense que milagrosamente no mató a ningún miembro de las tropas estadounidenses (aunque hubo muchos casos de lesiones traumáticas por conmoción cerebral a los que Trump restó importancia y llamó de “dolores de cabeza”). A continuación se produjo una disminución de la intensidad.

No hubo una respuesta real a la explosión en Natanz, también atribuida a Israel, aparte de la posterior instalación de algunas centrífugas avanzadas para hacer ver que el programa de Irán seguiría adelante, lenta y metódicamente. Los ataques dirigidos a las fuerzas estadounidenses en Irak, muchos de ellos a través de iraníes, han disminuido en las últimas semanas, y los temidos ciberataques de Irán al sistema electoral estadounidense parecían más bien hechos por aficionados: correos electrónicos a algunos votantes que pretendían ser amenazas de un grupo de extrema derecha, los Proud Boys.

Pero los partidarios de la línea dura están molestos y algunos expertos temen que la pérdida del general iraní más reverenciado y del científico nuclear más respetado ya sea demasiado. Cada vez es mayor la presión para dar una respuesta, ya sea planeada, supuestamente con la orden de su líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, o una arremetida no planificada, quizás por parte de alguien sin escrúpulos del Ejército iraní o de una milicia respaldada por Irán que no reciba el aviso de esperar a la toma de posesión de Joe Biden.

Tal vez esto sea exactamente a lo que le apuesta Netanyahu —junto con Trump y sus asesores—. Cualquier represalia podría provocar acciones militares de Estados Unidos, justo lo que Trump tenía contemplado, y se discutió hace dos semanas cuando se supo que Irán seguía produciendo combustible nuclear que superaba los límites del acuerdo de 2015. (Desde luego, esa medida fue una respuesta a la decisión de Trump de salirse del acuerdo a mediados de 2018).

El sábado, los oficiales del Ejército de Estados Unidos señalaron que vigilaban muy de cerca a las fuerzas de seguridad iraníes luego de la promesa de Irán de vengar la muerte de Fakhrizadeh, pero que no habían detectado ningún movimiento de soldados ni de armamento iraníes.

Los oficiales se rehusaron a hablar sobre los acentuados niveles de alerta de Estados Unidos o de las medidas adicionales para proteger a las fuerzas estadounidenses en Medio Oriente y señalaron que los más de 40,000 soldados en la región ya estaban en un estado de alerta relativamente alto.

Una serie de acciones militares podría hacer prácticamente imposible reconstruir el acuerdo nuclear con Irán, no se diga negociar un acuerdo diplomático de mayor envergadura y duración.

Si la respuesta al asesinato de Fakhrizadeh es una serie de represalias y contrarrepresalias, el programa nuclear será —literalmente— más subterráneo y se trasladará a donde no puedan llegar las bombas ni los saboteadores y a donde no surtan eficacia los ataques cibernéticos.

“No debemos excluir el uso de la fuerza, pero los ataques militares no servirán para suspender el programa a largo plazo”, afirmó R. Nicholas Burns, antiguo subsecretario de Estado y negociador del acuerdo de Irán de 2005 a 2008 en el gobierno del presidente George W. Bush.

“Nuestra meta es desandar el camino y detener su programa nuclear para las próximas décadas”, señaló Burns, quien ahora es profesor de Diplomacia en la Escuela de Gobierno Kennedy de la Universidad de Harvard, y “lograr eso mediante negociaciones enérgicas sigue siendo una opción más inteligente y eficaz que un ataque militar que podría provocar una guerra más generalizada en Medio Oriente”.



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