Tras Bambalinas

Los primeros casos de COVID-19 en Wuhan son un misterio. ¿Qué esconde China?

2022-12-01

El informe de la OMS afirmó que todavía no se podía sacar “una...

Editorial | The Washington Post

La historia de cómo comenzó la pandemia —y cómo se convirtió en una catástrofe global— sigue siendo una caja negra. No debería serlo.

Los primeros casos podrían proporcionar las pistas más importantes sobre los orígenes del virus, y sin embargo son sobre los que menos sabemos. Podrían mostrar si el brote comenzó por un derrame zoonótico, quizás de animales vendidos en el mercado mayorista de mariscos de Huanan en Wuhan, China, o si fue un accidente involuntario relacionado con alguna investigación, como alguna fuga en un centro de investigación en Wuhan. Los primeros casos podrían dar luces sobre los errores cometidos en la salud pública que permitieron la propagación del virus. Podrían identificar fallas en los sistemas de monitoreo y alerta temprana, y ofrecer lecciones importantes para el futuro. Además, conocer más sobre los primeros casos podría revelar hasta qué punto China ocultó información vital al público cuando el brote aún podría haberse controlado.

El gobierno de Pekín ha insistido en que el virus provino de algún lugar del extranjero, tal vez importado en alimentos congelados. Pero la clave para descubrir los orígenes se encuentra dentro de China. Es particularmente importante descubrir la magnitud y distancia de la propagación del virus en diciembre de 2019. El brote probablemente eludió la detección al principio, y luego fue detectado pero no reconocido como una nueva enfermedad por personal médico y de enfermería. Después de eso, fue detectado y reconocido, pero las autoridades chinas, tanto locales como nacionales, reprimieron y censuraron los informes cruciales.

Para prevenir la próxima pandemia y comprender mejor esta, se necesita una investigación seria, constante y creíble.

¿Qué oculta China?

El misterio de diciembre

En el otoño de 2019 hubo muchas señales de que algo inusual estaba sucediendo en Wuhan, una ciudad de más de 11 millones de habitantes. Russell J. Westergard, jefe consular adjunto en el Consulado de Estados Unidos en esa ciudad, escribió tiempo después que para mediados de octubre, el equipo del consulado estaba al tanto de “una temporada de gripe inusualmente feroz”. Registros médicos muestran que la cantidad de enfermedades similares a la influenza, una medida de pacientes con problemas respiratorios, se disparó a finales de noviembre y en diciembre en Wuhan a una tasa más elevada que las oleadas de inviernos anteriores. El Centro Nacional de Inteligencia Médica, una organización de Estados Unidos que recopila datos y que monitorea eventos de salud inusuales que podrían afectar a las Fuerzas Armadas, también registró señales de enfermedades inusuales en ese momento.

Oficialmente, el primer caso fue alguien que se enfermó el 10 o el 11 de diciembre, aunque ha sido difícil establecerlo. Es posible que cuando comenzaron a aparecer los pacientes enfermos, los trabajadores de la salud no hayan podido distinguir su dolencia de una gripe estacional grave. Luego, los médicos comenzaron a escribir “neumonía de etiología u origen desconocido” en los registros de los pacientes. Al mismo tiempo, los médicos y enfermeros sabían que un nuevo brote de SARS (síndrome respiratorio agudo severo, por su sigla en inglés) significaría un gran problema. Uno previo en 2002 y 2003 enfermó a 8,098 personas, causó la muerte de 774 y convirtió al SARS en sinónimo de miedo, algo de lo que había que protegerse.

Josephine Ma, editora de noticias de China del South China Morning Post, en Hong Kong, informó tiempo después que el primer paciente había sido un hombre de 55 años que se enfermó el 17 de noviembre de 2019. Ocho personas más, de 39 a 79 años, se enfermaron días después en noviembre. Citando documentos gubernamentales filtrados, Ma encontró 27 infecciones para el 15 de diciembre y 60 para el 20 de diciembre. El número total de casos —en su mayoría confirmados de forma retrospectiva mediante pruebas de laboratorio o diagnósticos clínicos— había aumentado a 266 para el 31 de diciembre, incluidos los nueve pacientes de noviembre. Su reportaje fue publicado el 13 de marzo de 2020.

El grupo de investigaciones DRASTIC, que ha estado indagando los orígenes del virus, ha encontrado evidencias de que el reportaje de Ma estaba en lo correcto. Los investigadores determinaron que para finales de febrero de 2020, China había identificado hasta 260 casos del diciembre anterior. Sin embargo, China le informó a la Organización Mundial de la Salud (OMS) un año después —a principios de 2021— que solo hubo 174 casos en diciembre. Esto plantea preguntas importantes que siguen sin respuesta: ¿Quiénes fueron estos primeros casos? ¿Cómo se enfermaron? ¿Por qué no fueron reportados a la OMS?

El silencio de enero

La Comisión de Salud Municipal de Wuhan emitió un “aviso urgente” a las instituciones de salud para que estuvieran atentos a casos de “neumonía de origen desconocido” a las 3:10 p.m. del 30 de diciembre. Luego, a las 6:50 p.m. hubo un segundo aviso, advirtiendo “no divulgar información al público sin autorización”. Esa noche, el oftalmólogo Li Wenliang, médico del Hospital Central de Wuhan, escribió en un grupo de chat privado de Weibo que siete personas habían contraído un virus parecido al que causaba el SARS y que estaban en cuarentena en su hospital. Él y otros médicos fueron citados por la policía el 1 de enero y reprendidos por difundir rumores sobre la aparición de casos similares al SARS en los hospitales de Wuhan. Li murió tiempo después de COVID-19.

El 31 de diciembre, la Comisión de Salud de Wuhan emitió su primer boletín público. Reportó 27 casos de “neumonía de origen desconocido”. El 3 de enero de 2020, la comisión emitió un segundo boletín, en el que confirmó 44 casos. El 4 de enero, la Comisión Nacional de Salud le exigió a los laboratorios y otros que no divulgaran ninguna información sobre la enfermedad a ningún medio, ni que la publicaran en las redes sociales. El 5 de enero, la comisión de Wuhan reportó 59 casos, pero afirmó que no había señales de transmisión de persona a persona y que ningún trabajador de la salud se había infectado.

A finales de diciembre y principios de enero, científicos chinos identificaron y verificaron el virus como del tipo SARS a través de la secuenciación genómica. Esto activó una gran alarma: tenía un gran potencial para transmitirse de persona a persona. Sin embargo, no le advirtieron a la población. El 11 de enero, la comisión de salud de Wuhan emitió un cuarto boletín, en el que modificó el total de casos hacia la cifra más baja de 41, y declaró —una vez más— que no se había encontrado “evidencia clara de transmisión de persona a persona”.

El mercado mayorista de mariscos de Huanan, considerado una posible fuente del virus, había sido clausurado y limpiado el 1 de enero, pero eso no detuvo la propagación. Al contrario, se estaba disparando.

Después del desastre del SARS de 2003, China había invertido en la construcción del Sistema Nacional de Notificación de Enfermedades de Declaración Obligatoria para el seguimiento de enfermedades infecciosas. Supuestamente debía proporcionar una detección muy rápida de brotes. Pero en Wuhan fracasó. Muchos médicos de primera línea no lo conocían y no tenían claro cómo reportar una infección de naturaleza desconocida. Los procedimientos los disuadían de seguir indagando y además temían cometer un error y ser acusados de informar falsamente un nuevo tipo de infección. Como resultado, según periodistas de la revista Caixin, la mayoría de los informes médicos fueron transmitidos de manera verbal, por correo y por teléfono durante los primeros 28 días y, por lo tanto, no fueron ingresados al sistema que se suponía debía rastrearlos.

Las reuniones políticas anuales en la provincia de Hubei y en Wuhan se llevaron a cabo del 6 al 17 de enero. El gobierno no reveló ningún caso nuevo al público. Las autoridades chinas encubrieron la verdad en lugar de revelarla, demostrando así el sello distintivo de un sistema autoritario y hermético que valora y prioriza la estabilidad política a cualquier costo. Pero en privado, el 14 de enero, el director de la Comisión Nacional de Salud admitió ante funcionarios de la provincia en una teleconferencia que la situación era “grave y compleja, el reto más grave desde el SARS en 2003”, según un memorando obtenido por The Associated Press.

No fue sino hasta el 20 de enero, tres semanas después de que el mercado de Huanan fuera clausurado, y en medio de un rápido crecimiento del número de casos, que los expertos chinos aparecieron en televisión y reconocieron la gravedad de la transmisión de persona a persona. El 23 de enero, China inició el confinamiento de Wuhan.

Pero ya era demasiado tarde.

Órdenes de mordaza

El Centro Chino para el Control y la Prevención de Enfermedades (CCDC, por su sigla en inglés), el cual depende de la Comisión Nacional de Salud, carece de influencia y, por ley, no puede publicar datos epidémicos ni declarar por sí solo una epidemia. Actúa como asesor de las comisiones de salud, las cuales son políticas y tienen poder de decisión.

Pero los expertos de los CCDC querían comprender el brote y eso requería datos precisos. A partir del 6 de febrero, la agencia intensificó su labor para identificar casos, incluido el seguimiento retrospectivo mediante el uso de registros médicos de los hospitales. Uno de los líderes de este esfuerzo fue Yu Chuanhua, profesor de epidemiología y estadísticas de salud en la Universidad de Wuhan, y un destacado científico en su campo. Cuando él y su equipo examinaron los casos, en colaboración con el CCDC, las cifras totales de diciembre crecieron rápidamente. El 17 de febrero, el CCDC publicó un boletín oficial revelador sobre diciembre, el cual mostró 104 casos confirmados por pruebas de laboratorio, y 37 de ellos diagnosticados clínicamente. Esta fue una imagen drásticamente distinta a la de los 27 casos durante ese mes que el gobierno había informado al público al principio.

Pero al hacer su informe, es probable que el CCDC haya excedido su autoridad. El 25 de febrero, la Comisión Nacional de Salud impuso una orden de mordaza al CCDC y le exigió que no publicara artículos “hasta que la epidemia esté bajo control”, además de notificarle que debía obtener la aprobación de sus superiores para realizar cualquier nueva investigación y que nadie en el CCDC podía compartir información o muestras sobre la epidemia. El 3 de marzo, el Consejo de Estado emitió un aviso confidencial mucho más amplio: una orden de mordaza para todas las investigaciones y datos sobre la pandemia en China.

El sondeo de la OMS

Aproximadamente un año después, a principios de 2021, se puso en marcha otro intento para responder preguntas sobre los orígenes de la pandemia. Desde el 14 de enero hasta el 10 de febrero se ensambló en Wuhan una misión conjunta de 17 científicos chinos y 17 científicos de otros países y de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Dentro de la misión general, un grupo de trabajo más pequeño sobre epidemiología estudió la interrogante crucial de los primeros casos. Como parte de este ejercicio, los científicos chinos le informaron al equipo de la OMS que se habían encontrado 174 casos de diciembre en el Sistema Nacional de Notificación de Enfermedades de Declaración Obligatoria. Se trataba de casos de pacientes que habían sido hospitalizados. De ellos, 100 fueron confirmados por pruebas de laboratorio y 74 por diagnósticos clínicos.

Algunos de los infectados tuvieron contacto con el mercado mayorista de mariscos en Wuhan, otros no, y algunos tuvieron contacto con otros mercados. El informe de la OMS afirmó que todavía no se podía sacar “una conclusión firme” sobre el mercado de mariscos, el cual vendía animales vivos y carne congelada, entre otros productos.

El equipo de la OMS, liderado por el experto en inocuidad alimentaria Peter Ben Embarek, quería saber: ¿Hubo casos previos, quizás en octubre o noviembre, que pudieran ofrecer pistas sobre cómo comenzó la pandemia? En respuesta, los científicos chinos realizaron una búsqueda en 233 instituciones de salud en Wuhan y examinaron 76,253 registros de afecciones respiratorias en el otoño de 2019. Solo 92 casos se consideraron posibles, pero todos fueron excluidos tras la revisión de los expertos chinos o pruebas retrospectivas. Al parecer, los chinos no proporcionaron datos originales en bruto, métodos, ni ninguna manera independiente para que el equipo de la OMS corroborara estos resultados. El informe final concluyó que “se considera poco probable que se haya producido alguna transmisión sustancial” en octubre y noviembre.

La misión conjunta terminó en polémica. Embarek aseguró tiempo después que China había ejercido una fuerte presión sobre los investigadores para que no mencionaran una posible fuga de laboratorio como el origen de la pandemia. Al final, los científicos chinos cedieron y emitieron una declaración en la que afirmaron que una filtración así era “extremadamente improbable”. Sin embargo, no le proporcionaron al equipo visitante de la OMS alguna manera de verificar tal conclusión. Embarek también afirmó, tras salir de China, que el virus “estuvo circulando masivamente en Wuhan en diciembre”, lo que sugiere que los 174 casos oficiales fueron solo la punta del iceberg y que el virus podría haber infectado a 1,000 personas o más ese mes.

¿Quiénes fueron los casos adicionales?

A pesar de las órdenes de mordaza, Yu y otro destacado científico chino, Cao Wuchun, tuvieron acceso a la base de datos oficial del CCDC. Cao es un coronel del Ejército Popular de Liberación que estudió en el extranjero y tiene muchas conexiones en la comunidad internacional. Fue responsable de preparar lo que hoy es el registro oficial de la epidemia de SARS de 2003. Sorprendentemente, ambos científicos publicaron artículos sobre epidemiología pandémica que son reveladores. El artículo de Yu apareció en Global Health Research and Policy en mayo de 2021. El informe de Cao en el International Journal of Environmental Research and Public Health se publicó en septiembre de 2020. Un tercer artículo, realizado por científicos de la Universidad de Harvard, la Universidad de Huazhong en Wuhan y la Universidad de Fudan en Shanghái, proporcionó detalles adicionales de la base de datos del CCDC. Fue publicado en el Journal of the American Medical Association en abril de 2020. Los tres artículos fueron revisados por pares.

Los artículos muestran que había entre 247 y 260 casos en la base de datos oficial del CCDC durante ese diciembre problemático, mucho más de lo que China admitió al comienzo de la pandemia, y más de lo que le notificaron a la OMS un año después. Según el grupo de investigaciones DRASTIC, es muy probable que la cifra exacta total esté en la parte superior de ese rango. Los casos habían alcanzado ese total en la base de datos del CCDC a finales de febrero de 2020. Esto también encaja con lo reportado por Ma en el South China Morning Post el 13 de marzo. Al final, 33 personas que se habían enfermado en diciembre murieron tiempo después.

El grupo de investigaciones afirma que los informes chinos y otros materiales revelan que el total más grande incluye al menos 165 casos que fueron confirmados por laboratorio, lo que descarta cualquier duda de su validez. Eso es un gran contraste en comparación con los 100 casos de este tipo notificados a la OMS. ¿Quiénes fueron estos casos adicionales? ?¿Dónde?¿Qué se sabe de los casos de noviembre? Los artículos de los científicos chinos no brindan respuestas a estas preguntas, las cuales podrían ayudar a determinar cómo empezó la pandemia.

Encontrando un 'epicentro’

Los científicos continúan enfocándose en los primeros casos, incluso sin la cooperación de China. Michael Worobey de la Universidad de Arizona, Kristian Andersen del Instituto de Investigaciones Scripps y otros, tomaron los 174 casos de la misión conjunta OMS-China y trazaron la ubicación residencial de 155 de ellos usando mapas en el informe de la OMS.

En un artículo publicado en la revista Science en julio, ellos y sus coautores argumentaron que los casos de diciembre estaban “geográficamente centrados” en el mercado mayorista de mariscos de Huanan, al cual llaman el “epicentro” de la epidemia. Alegan que allí ocurrió un derrame zoonótico de la vida silvestre. Worobey ha declarado que, según su investigación, un derrame zoonótico es el único escenario plausible para el origen de la pandemia. Le preguntamos a Worobey si casos adicionales podrían cambiar su conclusión. “Con cualquier tipo de situación como un virus SARS-CoV-2 que puede causar infecciones leves o incluso asintomáticas, siempre estás tomando una muestra”, afirmó. “Probablemente existen al menos 10 veces más casos de los que no hemos tomado muestras porque solo alrededor del 6% termina en el hospital. Esperamos que los casos de los que no tenemos muestras provengan exactamente de la misma distribución geográfica de los que sí tenemos muestras”.

¿Qué pasaría si, como revelaron los científicos chinos, hubiera muchos más casos confirmados en diciembre que los reportados en el informe de la OMS? ¿Y qué sucede con los nueve casos de noviembre, como reveló la filtración publicada por Ma? Los casos adicionales podrían afectar el escenario de cómo comenzó el brote, así como el momento en el que lo hizo. El mercado de mariscos podría haber sido la locación de un derrame zoonótico, pero también podría haber sido el escenario de un evento de superpropagación. Los datos incompletos de China son un enorme obstáculo para cualquiera que intente llegar a una conclusión firme sobre cómo comenzó la epidemia.

Es fundamental obtener una mejor comprensión de cómo se produjo un desastre tan monumental para la humanidad. Un equipo de investigación serio debe regresar a China y analizar tanto las hipótesis del derrame zoonótico como las relacionadas con investigaciones científicas. Dicha investigación debe ser exhaustiva y creíble, y realizada con amplia experticia que incluya tanto a científicos y expertos en salud pública dentro y fuera de China. Nada debe estar prohibido o excluido

Una lección importante de la pandemia es que el monitoreo de enfermedades —sistemas de alerta temprana— es crucial. El monitoreo puede ayudar a mitigar la propagación de enfermedades, rastrear el camino y la composición de la transmisión en la población y ayudar a los investigadores de vacunas y terapias a comenzar a desarrollar medidas. Pero como descubrió China, la ventana de oportunidad para la alerta temprana podría ser muy pequeña, y detectar una enfermedad puede ser especialmente complicado si el patógeno es algo nunca antes visto. Si se determinan los orígenes de la pandemia, eso le daría al mundo una ventaja en la búsqueda de la próxima. El muy alardeado sistema de notificaciones electrónicas de China tardó casi un mes en comenzar a funcionar mientras el virus se propagaba rápidamente. Eso fue un fallo, en parte, del sistema político chino, el cual creó una serie de obstáculos, comenzando a nivel local y luego impuesto a nivel nacional. Sin embargo, también es un fracaso que podría evitarse en cualquier lugar con un monitoreo de enfermedades bien diseñado, en especial uno que aproveche los grandes avances en genómica.

El secretismo generó consecuencias fatales en la pandemia. El mundo le debe a quienes han fallecido —seis millones de personas según el recuento oficial, pero probablemente la cifra sea el doble o más— estar mejor preparado en el futuro. El encubrimiento es inmenso y sigue en progreso. China debe aceptar ahora una investigación científica integral y exhaustiva que regrese a Wuhan. Esta caja negra debe ser abierta.
 



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