Tras Bambalinas

El acuerdo entre Israel y los Emiratos Árabes es solo otra pesadilla para los palestinos

2020-08-14

El acuerdo fue presentado como una especie de bálsamo para los palestinos; muchos de ellos...

Por Isabel Kershner y Adam Rasgon | The New York Times

JERUSALÉN — Cuando el avión sin identificación de los Emiratos Árabes Unidos aterrizó en la pista de Tel Aviv una noche de mayo con 16 toneladas de ayuda médica no solicitada para los palestinos, esta fue rechazada por sus líderes, que dijeron que nadie había coordinado con ellos el envío.

Ese fue solo el preludio de una mayor humillación. Los funcionarios palestinos sostienen que nadie les consultó antes del anuncio sorpresa del presidente Donald Trump. El mandatario estadounidense dijo el 13 de agosto que Israel y los Emiratos Árabes habían acordado una “normalización total de las relaciones” a cambio de que Israel suspendiera la anexión de las partes de la ocupada Cisjordania.

El acuerdo fue presentado como una especie de bálsamo para los palestinos; muchos de ellos lo consideraron, en cambio, una puñalada en la espalda o una daga en el corazón. El golpe diplomático de Israel rompió décadas de unidad árabe en torno a la causa palestina. Cambió una pesadilla palestina —la anexión, que muchos líderes mundiales habían advertido que sería una apropiación ilegal de tierras— por la perspectiva de otra quizás incluso más sombría, la de no ser tomada en cuenta en absoluto.

“Este acuerdo es muy perjudicial para la causa de la paz”, declaró desde Londres Husam Zomlot, jefe de la delegación palestina en el Reino Unido, “porque elimina uno de los incentivos clave para que Israel ponga fin a su ocupación: la normalización con el mundo árabe”.

“Básicamente le dice a Israel que puede tener paz con un país árabe”, añadió, “a cambio de posponer el robo ilegal de tierras palestinas”.

Las portadas del viernes evidenciaron la desconexión. El popular Yediot Ahronot celebró el “acuerdo histórico” y el acuerdo con rebaja de “Paz a cambio de la anexión”. Pero el Al-Hayat al-Jadida, dirigido por el gobierno palestino, tituló en airadas letras rojas: “Agresión tripartita contra los derechos del pueblo palestino”.

La relación emergente israelí-emiratí es, hasta ahora, el logro más destacado de lo que el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, ha llamado un enfoque de afuera hacia adentro. Eso ha implicado cortejar al círculo exterior de los estados sunitas del Golfo para llegar a un discreto acuerdo con Israel y luego involucrar a los palestinos, en lugar de tratar primero con los palestinos.

El gobierno israelí liderado por los conservadores ha visto durante mucho tiempo a los palestinos como interlocutores cerrados, renuentes o incapaces de transigir con principios de larga data que Israel ve como demandas infladas, considerándolos desertores en serie de las conversaciones de paz.

La política también revierte el orden de la Iniciativa de Paz Árabe de 2002, una propuesta respaldada por la Liga Árabe que pide el reconocimiento pleno de Israel por parte de todas las naciones árabes e islámicas a cambio de la completa retirada israelí de los territorios ocupados a las fronteras que existían antes de la guerra de Medio Oriente de 1967.

Netanyahu se ha mofado de las viejas predicciones de que Israel se volvería cada vez más aislado y se enfrentaría a un “tsunami” diplomático por no resolver el conflicto palestino y, en cambio, ha promocionado la paz económica y lo que él llama de TTP: terrorismo, tecnología y paz. Ha argumentado que otros países, incluidos los árabes, ven a Israel como un aliado en la lucha contra el terrorismo islamista y una fuente de innovación tecnológica, no como el obstáculo para la paz de antaño.

En términos más generales, el acuerdo con los Emiratos Árabes Unidos refleja el realineamiento en Oriente Medio de los ejes pro y anti-iraníes, lo que deja a los palestinos sintiéndose aislados y, con la suspensión de la anexión como justificación, utilizados como peones.

“MbZ intentó usarnos como una hoja de parra”, dijo Nour Odeh, escritora y analista palestina, refiriéndose a Mohammed bin Zayed, príncipe heredero de Abu Dhabi y gobernante de facto de los Emiratos Árabes Unidos. “Nadie lo cree”, agregó. “Palestina no fue tomada en cuenta”.

Eso es un golpe adicional para los palestinos, que rechazaron el plan de Trump para resolver el conflicto de Oriente Medio por estar irremediablemente sesgado hacia Israel y, posteriormente, frenaron sus relaciones con el gobierno de Trump. Junto con la fatiga en el mundo árabe, los palestinos también luchan contra sus demonios internos.

La política palestina ha estado durante mucho tiempo débil, dividida entre las partes de Cisjordania controladas nominalmente por Mahmoud Abbas, presidente de la Autoridad Palestina, y sus rivales en Hamas, el grupo militante islámico que domina el empobrecido territorio costero de Gaza.

La lucha ahora no es solo contra Israel, sino una batalla para conservar relevancia.

“Pase lo que pase, soy lo único que debe ser resuelto”, dijo Saeb Erekat, el secretario general del comité ejecutivo de la Organización para la Liberación de Palestina y su veterano negociador en jefe. Insistiendo en que, en última instancia, la cuestión palestina no puede ser descartada o ignorada, agregó: “Soy el hecho sobre el terreno. Soy el hecho real sobre el terreno”.

Además, señaló Erekat: “Nunca hubo un solo emiratí que luchase contra los israelíes en ninguna guerra. No hay guerra entre los Emiratos e Israel”.

De hecho, Israel y los Emiratos han cooperado discretamente durante años en materia de seguridad y comercio. Los ministros israelíes han estado de visita abiertamente, e Israel mantiene una pequeña oficina en la Agencia Internacional de Energía Renovable en Abu Dhabi, uno de los siete Emiratos. Allí también hay una sinagoga y un rabino residente, Levi Duchman, originario de Nueva York.

Las relaciones palestinas con los Emiratos, por el contrario, han sido amargas durante casi una década. Abu Dhabi acoge a Muhammad Dahlan, un exjefe de seguridad de Gaza convertido en crítico mordaz de Abbas y su némesis en el exilio. Los registro del Ministerio de Finanzas palestino indican que los Emiratos no han enviado fondos al gobierno con sede en Ramallah desde 2014.

“Ni siquiera nos invitaron a su día nacional”, dijo Erekat.

Es posible que los Emiratos también se hayan envalentonado por el cansancio del público árabe en general y la respuesta casi apática a las medidas anteriores del gobierno de Trump, entre las que se encuentran reconocer a Jerusalén como la capital de Israel y trasladar la embajada de Estados Unidos a la ciudad en disputa.

Pero los analistas palestinos dijeron que el momento del último anuncio probablemente tuvo que ver con las próximas elecciones presidenciales en Estados Unidos.

“Los países del Golfo están interesados en mantener a Trump en el poder”, dijo Ghassan Khatib, politólogo de la Universidad de Birzeit en Cisjordania. “Estaban muy contentos con la política de Trump sobre Irán y descontentos con la de Obama. Así que harán cualquier cosa para contribuir a la reelección de Trump”.

Como Omán y Bahrein elogiaron el acuerdo, junto con Egipto, muchos aquí esperaban que esos pequeños estados del Golfo fueran los próximos en forjar relaciones con Israel.

En Ramallah, los palestinos denunciaron el acuerdo de los Emiratos con Israel como una traición vergonzosa, pero no parecían sorprendidos. Poco después del anuncio, el jueves por la noche, unos 20 jóvenes y hombres se reunieron en el café de Ashraf Hamoudeh para fumar narguiles y ver un partido de fútbol.

“Este acuerdo seguramente dañará la causa palestina, así como los intereses árabes”, dijo Hamoudeh, de 50 años. “Viola el acuerdo entre todos los países árabes de que ningún país puede firmar acuerdos de paz con Israel de manera unilateral”.

Nader Said, un encuestador con sede en Ramallah y presidente de la firma consultora Mundo Árabe para la Investigación y el Desarrollo, dijo que el acuerdo simplemente hace público y formaliza lo que se estaba gestando entre Israel y los Emiratos desde el principio.

Pero le preocupaba que “esta distracción permitiría que Israel se enfoque en consolidar su control de Cisjordania al construir más asentamientos y carreteras”, y añadió: “uno pensaría que los EAU iban a endulzar el acuerdo con algunos gestos hacia los palestinos”.

Al contrario, algunos israelíes han especulado que Netanyahu podría incluso construir más para apaciguar a los miembros de su base de derecha que están indignados por su incapacidad de cumplir la promesa de anexión.

La Autoridad Palestina también podría estar en un aprieto. Desde mayo, para impedir que Israel lleve a cabo sus planes de anexión, ha frenado la cooperación con Israel, incluida la coordinación de seguridad y se ha rehusado a aceptar los ingresos de impuestos que Israel recauda en su nombre y que comprenden una parte considerable de su presupuesto. Una anexión está por ahora fuera de discusión, pero la autoridad podría estar renuente a dar la apariencia de que legitima el acuerdo Israel-Emiratos al restablecer inmediatamente la cooperación.

Si ahora hubiera alguna ventaja, podría ser que evita una anexión, algo que muchos analistas dicen que podría acabar de una vez por todas con la esperanza de un futuro estado palestino fundamentado en la solución de dos estados, que es la fórmula aceptada internacionalmente para resolver el conflicto.

Pero Odeh, la escritora y analista, dijo que con la expansión constante de los asentamientos, ya estaba en marcha una anexión progresiva.

Ella dijo que nada iba a cambiar en la posición palestina, o en la necesidad estratégica a largo plazo de Israel de lidiar con el asunto, y agregó: “los palestinos no se marchitarán. Estamos aquí y podemos resultar bastante molestos. Yo creo que ya deberían saberlo”.

Mohammed Najib colaboró con la reportería desde Ramallah, Cisjordania.



Jamileth