Vox Dei

«Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza»

2019-11-16

La realidad histórica del ser hombre y ser mujer está marcada por el pecado....

Antiguo Testamento: Génesis 1, 26-31

«La realidad histórica del ser hombre y ser mujer está marcada por el pecado»

Y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y ejerza dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados, sobre toda la tierra, y sobre todo reptil que se arrastra sobre la tierra.

Creó, pues, Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios y les dijo: Sed fecundos y multiplicaos, y llenad la tierra y sojuzgadla; ejerced dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre todo ser viviente que se mueve sobre la tierra.

Y dijo Dios: He aquí, yo os he dado toda planta que da semilla que hay en la superficie de toda la tierra, y todo árbol que tiene fruto que da semilla; esto os servirá de alimento. Y a toda bestia de la tierra, a toda ave de los cielos y a todo lo que se mueve sobre la tierra, y que tiene vida, les he dado toda planta verde para alimento.

Y fue así. Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. Y fue la tarde y fue la mañana: el sexto día.

Reflexión

Enrique Cases y Antoni Carol

"El pecado distorsiona la realidad original"

La realidad histórica del ser hombre y ser mujer está marcada por el pecado. Desconocer este hecho llevaría a no poder reconocer la realidad original. El espejo primero donde se refleja la imagen y semejanza de Dios está distorsionado, algo roto, aunque no del todo. Sólo Cristo es el Hombre perfecto que revela al hombre como es su situación y su ser. Veamos algunas de estas distorsiones en la femineidad y la masculinidad, para no confundirlas con lo original y menos con lo sobrenatural, sino como algo a superar.

La mujer es dadora de vida, especialmente en la maternidad, pero también en toda su actividad humana. El pecado lleva a que el egoísmo y la soberbia cieguen las fuentes de la vida y de la donación. Una manifestación clara es la anticoncepción. La voluntad amorosa da y se da. La voluntad maliciosa se resiste y manipula la acción natural para separar lo placentero de lo fecundo. El efecto en la mujer es un agostamiento de la espiritualidad y un endurecimiento del carácter. Hombre y mujer ya no engendran hijos de Dios, sino hijos para sí, o ensimismamientos estériles o se encierran en la esterilidad. La anticoncepción mata a la madre y al padre, y con ello frustra una faceta esencial de la persona. Por ello se puede decir que la mentalidad fértil es profética porque defiende a la persona de las tinieblas de los egoísmos. Para esta deformación pecaminosa el otro se trasforma en un objeto a utilizar, y al perder el aspecto personal, que es el más unitivo, el objeto deja de ser valioso y acaba molestando. Se pierde la esencial dimensión humana del don de sí.

El varón frustra su papel respecto a la vida y de ayudarla a través de la mujer, con lo que la pareja cerrada y egoísta se hace muy poco capaz de amor verdadero y gratuito con toda la frustración que esto lleva consigo.

Una consecuencia de esta mentalidad es la dificultad de la comunidad de personas entre hombre y mujer, que se ven más como cómplices que como compañeros y amigos; ya no se ve al tú como otro yo que me perfecciona. De ahí es fácil que crezca otro enemigo siempre presente: cambiar el intercambio de la comunión por la posesión y el dominio. Surgen de ahí las luchas por dominar que tan crueles heridas han dejado en la historia, como se puede apreciar en la plaga de las separaciones que encuentran en este defecto gran parte de su explicación. Pero el problema no está sólo en la pareja, sino que pasa a las relaciones padres e hijos, al trabajo profesional, a los logros sociales. Se pierde el ideal de servicio, del amar gratuito que se tilda de locura o de utopía irrealizable.

Si la envidia se adelanta al servir se pierde el optimismo de la mirada limpia. Los demás son escalones, no personas, hermanos, hijos, otro Cristo. Mientras que la mentalidad sanada y cristiana entiende la locura de la entrega sin condiciones, y el que pierde su vida la encuentra; no sólo en lo más espiritual, sino incluso en forma de felicidad y plenitud, de esa que el mundo no puede dar.

El pecado torna el dominio del mundo exterior en una carrera por la competitividad. Lo importante no es amar y conocer la verdad, sino el éxito, y sus pequeños derivados de confort. Y la vida laboral pierde sentido, mucho más si es necesario el sacrificio. Es una carrera a ninguna parte. En esta lucha la competitividad hiere más profundamente a la mujer. Si entra en esta lógica puede vencer en las luchas, pero a costa de perder lo gratuito, encerrándose en un ritmo de vida que la deja interiormente seca, arisca y frustrada. Y el mundo queda huérfano de servidores, desmadrado, desbrujulado también en lo humano.

Lo mismo podemos observar en la lujuria que ciega los ojos del alma y convierte al hombre y la mujer en el hombre animal de que habla San Pablo. La castidad en cambio es fuente de amor limpio y de plenitud humana es afirmación gozosa del amor. Sin ella la vida matrimonial se empequeñece y ensucia. Pero fuera de ella las degradaciones son degradación humana como se ve en la promiscuidad, en la prostitución y en la homosexualidad práctica. La falta de castidad hace imposible el amor verdadero.

La lógica del pecado es la del egoísmo y del orgullo. La lógica cristiana es la del amor y la entrega. La primera deshumaniza, la segunda sana las tendencias heridas. La realidad cristiana dice que es posible superar el pecado y alcanzar altas cotas de perfección y santidad, tanto en el hombre como en la mujer, cada uno a su modo. No se puede aceptar como natural lo que no es más que una consecuencia del pecado que hiere la condición femenina o masculina del ser humano. De ahí la importancia de volver a las fuentes de la creación remontándose al ser divino, Uno y Trino en personas.

La pereza impide el desarrollo de todos los talentos de la persona en la sociedad, en la familia y en la propia individualidad. La pereza es falta de amor, de diligencia. Es ocio pasivo, no ocio contemplativo fuente de acción. Esa pasividad lleva a fuertes males y frena el progreso, agosta la mente, debilita la voluntad y conduce a una desidia que es debilidad y pobreza.

La ira, por seguir los pecados capitales, lleva a la agresividad física o psicológica, al enfrentamiento. Pasa de ser un sentimiento de superación de los obstáculos, a ser una fuente de malestar para la sana convivencia y la armonía social. En el caso de las relaciones entre sexos es necesario un continuo comprender y perdonar para superar los diferentes modos de ver la vida y de actuar. Sin perdón no hay convivencia y se pierde el amor, pues el perdón es amar cuando el otro es menos amable o desagradable. La ira como pecado es una manifestación de orgullo que se manifiesta violento y desagradable. En los casos extremos está la guerra, el insulto, la violencia física que tanto daño pueden hacer.

La templanza en los sentidos es necesaria para la virtud. Es conocida la distorsión de la prudencia que produce la falta de templanza (gula, alcoholismo, drogadicción, impureza). El destemplado se vuelve como una fiera que busca satisfacer sus propios sentidos o sus pasiones, con ello hace imposible el amor, que es donación generosa. Como la satisfacción de los sentidos es efímera, entra en el círculo de la frustración y de la insatisfacción, que puede ser agravada por el vicio, con lo que el desorden puede ser mayor. En el caso de la relación entre sexos es patente la necesidad de que sean armoniosas. Cuando se ve al otro como objeto de placer solamente, se le despersonaliza, es un objeto de uso, no alguien a quien amar, no se busca el bien del otro, sino el propio egoísmo, y la consecuencia es la soledad amarga e insatisfecha. La virtud requiere moderación en los sentidos y en las pasiones.

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Hoy no publicamos el Evangelio correspondiente a este día, según la Liturgia Católica, ya que coincide con el que publicamos recientemente el pasado 20 de Octubre. (Puedes leerlo aquí)

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