Vox Dei

«El que tenga oídos, que oiga»

2021-07-21

Un día salió Jesús de la casa donde se hospedaba y se sentó a la orilla...

Evangelio, Mateo 13, 1-9

«Cayeron en tierra buena y dieron fruto»

Un día salió Jesús de la casa donde se hospedaba y se sentó a la orilla del mar. Se reunió en torno suyo tanta gente, que él se vio obligado a subir a una barca, donde se sentó, mientras la gente permanecía en la orilla. Entonces Jesús les habló de muchas cosas en parábolas y les dijo:

«Una vez salió un sembrador a sembrar, y al ir arrojando la semilla, unos granos cayeron a lo largo del camino; vinieron los pájaros y se los comieron. Otros granos cayeron en terreno pedregoso, que tenía poca tierra; ahí germinaron pronto, porque la tierra no era gruesa; pero cuando subió el sol, los brotes se marchitaron, y como no tenían raíces, se secaron. Otros cayeron entre espinos, y cuando los espinos crecieron, sofocaron las plantitas. Otros granos cayeron en tierra buena y dieron fruto: unos, ciento por uno; otros, sesenta; y otros, treinta. El que tenga oídos, que oiga».

Reflexión

S.S. Francisco

«Dios esparce la semilla»

Cristo hoy, como en aquella ocasión, desea mi crecimiento, y parte del crecimiento es el aprovechamiento de la revelación a mi alcance; aprovechar las oportunidades de crecimiento espiritual y afrontar mi vida con verdadera sinceridad de cara a mi realidad cristiana. Jesús me muestra tres cosas que he de considerar para poder ubicarme en mi vida cristiana:

Esta parábola habla de la intención de Dios de salvar a toda la humanidad. El sembrador tenía semillas y de un mismo «costal» sacó todas, es decir, usó la misma semilla en cada uno de los terrenos, sin hacer diferencia entre ellos. Dios esparce la semilla. Es el mismo Evangelio para todos, es la misma palabra de anuncio y salvación para todos, es la misma revelación del Espíritu Santo para todos.

La misma oportunidad. Al esparcir la semilla, Jesús está hablando de ir a los caminos, sin temer a los pájaros, de caminar entre piedras, sin importarle lo duro de andar allí. Jesús está hablando de que el sembrador trabaja aun entre espinas, allí donde nadie se metería. Jesús me reta a imitarle en lanzarme por cumplir el anhelo de la santidad sin importarme costos personales. Quien lo da todo por amor, quien se entrega con totalidad a la misión recibe en abundancia. Hay que dar con generosidad y se recibirá con la misma medida. Jesús me quiere enseñar que todos tenemos las mismas oportunidades, no importa de dónde vengas, quién seas, qué haces o qué has hecho. El mismo Evangelio para todos, dándome la misma oportunidad de creer y crecer.

Las mismas condiciones. Jesús narra cuatro tipos de terreno:

a. El camino: endurecido por andar solo en la vida, defiende su postura sin abrirse a posibilidades y el demonio no permite que la semilla llegue; ha sufrido y se refugia en su dolor.

b. Las piedras: cree por algún tiempo, pero se aparta cuando llega la prueba. Inestable, sin compromisos, movido por lo que siente y lo que conviene.

c. Las espinas: Asiste triste a la iglesia, sin encontrar el propósito de su vida, se abstiene de pagar el precio de ser verdadero discípulo, ve el partido desde la banca.

d. Buena tierra. Verdadero discípulo. Escucha, hace de la palabra su vida y persevera a pesar de las dificultades.

Los tipos de terreno es mi disposición delante del Evangelio, cada uno detalla las actitudes y caminos que tomo ante la palabra de DIOS. Eso me debe enseñar que a DIOS no le toma por sorpresa la testarudez, la rebeldía, la tibieza y demás atributos. Una buena pregunta es ¿Y yo quién soy? DIOS es el sembrador, Él ya salió a sembrar y el Evangelio está cayendo en mi vida. ¿Qué voy a hacer para ser una buena tierra?

«“Muéstranos Señor tu misericordia”. Esta manera paradójica de rezar a un Dios siempre más misericordioso ayuda a romper esos moldes estrechos en los que tantas veces encasillamos la sobreabundancia de su Corazón. Nos hace bien salir de nuestros encierros, porque lo propio del Corazón de Dios es desbordarse de misericordia, desparramarse, derrochando su ternura, de manera tal que siempre sobre, ya que el Señor prefiere que se pierda algo antes de que falte una gota, que muchas semillas se la coman los pájaros antes de que se deje de sembrar una sola, ya que todas son capaces de portar fruto abundante, el 30, el 60 y hasta el ciento por uno».



JMRS