Vuelta al Mundo

Si la vida fuera una película, se llamaría ‘Cerrado hasta nuevo aviso’

2020-05-22

No conocemos el origen exacto del virus. No sabemos cuándo se desarrollará una vacuna...

Por Dan Barry, The New York Times

Dicen que un simple paseo es bueno para la salud, en especial en estos momentos. Que es bueno para despejar la mente. Tonterías.

A continuación, algo de lo que me he encontrado en los paseos que he dado por las tardes entre semana en este suburbio de Nueva Jersey, en una ruta que he tomado cientos de veces:

Letreros que advierten sobre no hacer picnics en el parque. Tableros de baloncesto a los que se han retirado los aros. Un audio repetitivo en una estación de tren desierta que habla de “respetar el distanciamiento social”. Un anuncio de “NO entrar” afuera de un restaurante. La marquesina de un cine que anuncia el título de la película que estamos viviendo: “Cerrado hasta nuevo aviso”.

Tendrá más funciones aquí en Maplewood, una ciudad de 25,000 habitantes ubicada aproximadamente a 25 kilómetros del centro de Manhattan que hasta ahora ha tenido 23 fallecimientos relacionados con el coronavirus. Es probable que la misma película se esté proyectando en tu comunidad (o se estrene muy pronto) y, aunque comparta la trama a continuación, descuida, no revelaré el final:

Un país batalla para recuperar la estabilidad en medio de una prolongada incertidumbre… respecto a todo.

“Vivimos en una película de suspenso sin final”, dijo Deborah Carr, profesora de Sociología en la Universidad de Boston. “Y vemos incertidumbre por todos lados. No hay un mapa que señale los caminos del pasado. Nunca se había presentado un trastorno social de este nivel. Y no hay un punto final evidente”.

Ahora mismo, parece que el proyector se descompuso, se sobrecalentó. Tan solo piensa en una pequeña muestra de lo que no sabemos, incluso en una época en la que podemos saber casi todo con unos cuantos toques en la pantalla de un teléfono inteligente.

No conocemos el origen exacto del virus. No sabemos cuándo se desarrollará una vacuna o si en verdad se desarrollará alguna. No sabemos si somos susceptibles de volver a contagiarnos. No sabemos cuándo volveremos a animar a un equipo de béisbol en un partido con entradas agotadas, a estar sentados codo a codo en la ópera, a entrar con la panza por delante a un bar atestado o a bailar al unísono en un concierto de rock.

Tal vez lo más desconcertante de todo es que no sabemos cuándo terminará esta situación. Nadie ha dicho que nuestra nueva normalidad volverá a la antigua normalidad para el Día de los Caídos o el Día del Trabajo o la luna de cosecha, lo cual crea una dinámica abierta y angustiante que frustra una de las maneras más importantes que tenemos para enfrentar las situaciones difíciles.

“Los finales nos permiten pensar en la transición, pensar en la siguiente fase, en la siguiente era”, dijo Calvin Morrill, profesor de Derecho y Sociología en la Universidad de California, en Berkeley. La incapacidad de distinguir un final, dijo, merma nuestra idea de control, “nuestro sentido de iniciativa”.

Joshua Gordon, psiquiatra y director del Instituto Nacional de Salud Mental, aseguró que saber cuándo terminará un momento, incluso si esa información no es lo que se deseaba, ayuda a las personas a adaptarse.

“Si alguien me dijera: ‘Josh, dentro de seis meses podrás ir a cualquiera de tus restaurantes favoritos y todo volverá a la normalidad, entre comillas’, entonces podría hacer planes para esos seis meses”, dijo Gordon. “Pero no se sabe cuándo terminará esto”.

Carr dice que aún está pensando en los viajes que se suponía que debía hacer en el otoño, las conferencias que se suponía que debía dictar. ¿Algo de eso va a suceder?

“La mayoría de nosotros somos muy buenos solucionando problemas”, dijo. “Lo que normalmente haríamos es formular un plan y tener un plan B. Pero no podemos hacer planes para el futuro, porque todo aquello con lo que normalmente contamos está en proceso de cambio: las escuelas, la industria aeronáutica, el empleo, las inversiones”.

“No sabemos siquiera si seguirán ahí”, agregó Carr. “Y aunque la respuesta sea sí, no será lo mismo”.

Tracey A. Revenson, profesora de Psicología en Hunter College y el Centro de Posgrado de la Universidad de la Ciudad de Nueva York, coincidió. Aseguró que había dejado su apartamento de Manhattan hace un par de meses para esperar a que pasara la pandemia en su casita en el este de Long Island, pero que no ha guardado su maleta; sigue junto a su cama.

“No quería guardar mi maleta porque imaginaba que sonaría una campana o recibiría una llamada que daría la luz verde”, dijo Revenson. “Es una fantasía ridícula, pero la maleta sigue ahí”.

Los expertos en salud mental afirman que esta sensación de estar a la deriva, que algunos toleran mejor que otros, se ve exacerbada por la desinformación y los mensajes confusos que el público recibe de los dirigentes en el gobierno federal. Los científicos argumentan que retomar demasiado pronto actividades parecidas a las que solíamos realizar provocará muertes innecesarias, mientras que el presidente Donald Trump sostiene que restringir la vida cotidiana perjudica tanto a la economía como a la identidad estadounidense.

Los desacuerdos que acaparan los titulares (por ejemplo, entre Trump y el inmunólogo Anthony Fauci, un asesor que se basa en datos) crean una confusión que empeora con la política divisiva del día.



Jamileth