Deportes

España empieza a cosechar los frutos de invertir en el fútbol femenino

2019-06-24

Gracias a un triunfo previo frente a Sudáfrica y a un empate contra China, España...

Por JERÉ LONGMAN | The New York Times

VALENCIENNES, Francia — Solo fue un despiste momentáneo: dejó el balón libre cerca de la portería española después de una parada excepcional en el Mundial de Fútbol Francia 2019. Sin embargo, ese segundo se volvió decisivo: una jugadora alemana se deslizó hacia la portera española después del bloqueo y pudo meter el gol que le dio la victoria a las germanas, 1-0.

“Fue muy frustrante”, dijo la arquera Sandra Paños. “Somos mejores que Alemania”.

Lo sucedido no desvaneció las esperanzas de la Roja. Gracias a un triunfo previo frente a Sudáfrica y a un empate contra China, España logró avanzar a la ronda de octavos en el Mundial y este lunes 24 de junio se enfrentará a Estados Unidos en el estadio de Reims. Que su actuación hasta ahora las haya puesto frente a una de las mejores selecciones desde hace tiempo en el torneo es apropiado, porque tal vez ningún país como España ha tenido un crecimiento tan pronunciado de su fútbol femenino.

Ese crecimiento fue evidente en marzo pasado, cuando un público de 60.739 personas acudió a ver el Atlético de Madrid Femenino y al Barcelona Femení, con Paños en la portería blaugrana. Fue un récord de asistencia tanto para un partido de fútbol femenino en España como para un partido de clubes femeniles a nivel mundial.

Y es por ese crecimiento también que las seleccionadas españolas, en apenas su segunda aparición en una Copa del Mundo, se sintieron enojadas pero también motivadas por una pérdida de apenas un gol contra Alemania, dos veces campeona mundialista y cuya selección es de las favoritas este año.

“Todo está cambiando en España”, dijo Paños respecto a la atención que ya le están prestando al fútbol de mujeres ahí. “Sentimos que podemos jugar contra cualquier equipo del mundo”.

Habría parecido inimaginable hace apenas unos años pasar de la fase de grupos en un Mundial o jugar un partido frente a más de sesenta mil espectadores en una cultura en la cual el machismo está muy arraigado y que por mucho tiempo ha desestimado el fútbol femenino o, lo que es peor, simplemente lo ha ignorado.

“A veces las mujeres se han visto obligadas a decir: ‘Gracias por dejarnos jugar’”, dijo Susanna Soler, profesora de Historia y Sociología de los Deportes en el Instituto Nacional de Educación Física de Cataluña. “Pero no hay ningún problema con pedir más que solo eso”.

La creciente aceptación del fútbol femenino en España, una nación apasionada por el deporte y que ganó el Mundial Sudáfrica 2010 en la categoría varonil, ha sido el resultado de muchos factores. Las protestas de las jugadoras españolas después del Mundial de Canadá 2015 desataron un estruendo, pues hablaron de tratos despectivos por parte de quien era el director técnico en ese entonces; de cómo él menospreciaba a las futbolistas al llamarlas “chavalitas”, como si fueran niñas inmaduras. Desde entonces ha habido cambios en la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) y la liga profesional varonil del país también ha invertido en el fútbol femenino más de sus capacidades organizativas y de comunicación, así como la credibilidad que conlleva que sus grandes equipos, como el F. C. Barcelona y el Atlético de Madrid, tengan ramas de mujeres.

En 2018, las selecciones femeninas Sub-17 y Sub-19 de España ganaron sus respectivas Eurocopas y el equipo Sub-20 terminó en segundo lugar en el mundial de su categoría. La atención de los medios ha aumentado. Los patrocinadores corporativos también han empezado a mostrar interés en el fútbol femenino, con lo cual esas empresas pueden asociarse a una causa social (al mismo tiempo que reciben beneficios tributarios por el patrocinio). Además, ha ido calando la insistencia de las españolas, por medio de muy concurridas manifestaciones, respecto a promover la equidad de género y exigir un cambio.

“El éxito de las mujeres en todos los campos es importante para que la sociedad española rompa barreras y evolucione”, dijo Jorge Vilda, de 37 años y quien fue contratado como seleccionador de la mayor femenina después del desastre posmundial de 2015. Vilda también es el director técnico para todas las selecciones femeninas de la RFEF.

Vilda señaló que el ejemplo que se estaba dando en España era “una manera de mostrar que un deporte muy masculinizado en Europa también lo pueden practicar las mujeres al más alto nivel, que son capaces de llenar estadios y atraer una numerosa audiencia en televisión”.

Dicho eso, aún hay problemas persistentes.

Técnicamente, la ley española no da cabida para que haya una liga femenina que sea profesional y en varios deportes todavía hay previsiones para anular contratos a algunas atletas si llegan a embarazarse.

Pero sí ha habido varios cambios, algunos de ellos pequeños o casi simbólicos. Por ejemplo, en la primera división de la liga femenina española ya es posible para las jugadoras usar camisetas que tengan su nombre en el dorsal para que puedan ser identificadas por la afición. Las seleccionadas han logrado que les dupliquen sus pagos diarios, a unos 135 dólares.

También ha habido un aumento en la inversión corporativa. Según reportes, la enorme empresa energética Iberdrola paga entre 3,3 millones y 5,5 millones de dólares al año para patrocinar a los principales clubes de la liga femenina. La empresa de comunicaciones Mediapro dio 10 millones de dólares para extender su contrato por los derechos de transmisión de la liga hasta 2022.

Stanley Black & Decker, una empresa estadounidense de herramientas, está pagando casi 4 millones de dólares al año para poner su nombre en los uniformes del Barça Femení. En parte gracias a ello, el club fue el primero en España en obtener ganancias que compensen su inversión; las jugadoras del equipo y sus directivos dijeron que por ello pueden pagar salarios que van desde 90,000 hasta 150,000 dólares para algunas de sus estrellas. Esta temporada, el Barça fue el primer club español en alcanzar la final de la Liga de Campeones en la rama femenil.

Las jugadoras en la liga femenina ahora también reciben un pago por sus derechos de imagen. Todo el arbitraje de la primera división corre a cargo de mujeres. Esta temporada se jugó una decena de partidos en inmensos estadios donde también compiten los equipos varoniles de España. Se transmitieron por televisión más de cien de los encuentros.

De acuerdo con autoridades y jugadoras, hay iniciativas para establecer un salario mínimo en la liga, de entre 17,000 a 22,500 dólares, con un apartado para cubrir algunos costos de posible maternidad.

“No se han establecido las condiciones en la liga que permitan a las mujeres tener la seguridad de que, cuando tengan un contrato, cuenten con todos los derechos laborales que deberían”, dijo María Teixidor, directora para las divisiones femeniles en el Barcelona. “Hay que mejorar eso. Y es importante que las futbolistas puedan sentirse seguras de que serán tratadas como se merecen cuando estén embarazadas”.

Vilda afirmó que, desde 2017, la cantidad de jugadoras registradas en España ha aumentado de 42,000 a 60,000. El objetivo es que el fútbol supere al baloncesto como el deporte más atractivo para las mujeres.

En España, las mujeres comenzaron a jugar fútbol en la década de 1930, comentó Soler, la profesora catalana, pero su participación prácticamente desapareció durante el franquismo. Había una actitud despectiva; se cuenta que en 1970, cuando un equipo precursor del Barcelona Femení jugó su partido inaugural, se escuchó por el altavoz al comentarista decir, mientras las jugadoras corrían por la cancha: “Se le debe haber roto el sujetador”.

Algunas futbolistas en esa escuadra no oficial del Barça contaron que varias veces las intentaban descalificar al llamarlas lesbianas, decirles que se fueran a sus casas a lavar los platos o al reprenderlas diciendo que el fútbol las volvería incapaces de tener hijos.

Lolita Ortiz, ahora de 74 años, fue capitana de aquel equipo de 1970. Recordó que alguna vez un periodista le preguntó si temía que los espectadores asistieran solo para verles las piernas a las futbolistas. Su respuesta surrealista habría enorgullecido a Dalí: “Y tú cuando vas a la playa, ¿qué miras? ¿Jirafas?”.

Ortiz confesó que lloró este marzo cuando el partido del Barcelona y el Atlético de Madrid femeninos tuvo una cifra récord de asistencia en el Wanda Metropolitano, el mismo sitio donde se celebró la final de la Liga de Campeones varonil en mayo.

“Plantamos una semillita que creció”, dijo la excapitana.

No obstante, persisten los estereotipos nocivos en contra de las mujeres y aunque el fútbol femenil está en una transición vertiginosa no se ha estabilizado. De entre los dieciséis clubes de la primera división femenina, solo son completamente profesionales el Barcelona, el Atlético y uno o dos clubes más. Solamente dos equipos tienen directoras técnicas. El Real Madrid, uno de los clubes más ricos y con más aficionados en el mundo, ni siquiera tiene una rama femenina.

En esta temporada ha habido otras cifras de asistencia llamativas en Europa –entre ellas una de 48.121 personas cuando el Athletic de Bilbao recibió al Atlético de Madrid y una multitud de más de 39,000 asistentes para un partido de los clubes italianos Juventus y Fiorentina en marzo—, la asistencia a muchos de los juegos femeniles sigue rondando apenas cientos de espectadores.

Incluso para un club tan poderoso y progresista en este aspecto como el Barcelona, la asistencia promedio de local es de solo mil personas, a pesar de que las entradas son gratuitas. Las jugadoras de varios equipos de la división femenil más alta necesitan tener otros empleos; Vicky Losada, la capitana del Barcelona y mediocampista en la selección nacional, dijo que reciben un sueldo de poco más de 300 dólares al mes, apenas lo suficiente para pagar el combustible de algún auto.

“Están sacando dinero de sus bolsillos para poder jugar fútbol”, dijo Losada. Se dijo preocupada de que, con el tiempo, la brecha financiera entre los equipos de la liga española también agrande la brecha en cuanto a competitividad. “No es algo bueno”, opinó. “Estamos trabajando para que eso cambie”.

De acuerdo con las seleccionadas actuales, Vilda ha fomentado una estrategia más profesional y disciplinada en el equipo. Dicen que mejoró la preparación, aumentó el tamaño de su equipo y promovió tácticas como las del ingenioso estilo Barcelona en cuanto a posesión del balón y los pases.

“Creo que podemos hacer algo grandioso en este Mundial”, dijo la defensa Celia Jiménez Delgado. “Siempre tienes un mejor rendimiento cuando alguien está de tu lado y tiene las mismas metas que tú”.

Entre los españoles hay una esperanza de que esta Copa del Mundo sea un momento trascendental para el fútbol y para otros deportes que practican las mujeres. En febrero, el gobierno español presentó el borrador de un proyecto de ley que exigiría igualdad de género en los deportes. El presidente Pedro Sánchez declaró por esas fechas que “ser mujer y deportista no puede seguir siendo una cuestión de heroicidad, y el deporte femenino no puede seguir a la sombra de las categorías masculinas”.

Es tal el sentimiento de posibilidad que en el Día Internacional de la Mujer de marzo pasado, Ernesto Valverde, directivo del equipo masculino del Barcelona, sugirió que algún día el afamado club sería dirigido por una mujer.

“En el mundo del fútbol se están dando pasos para que la mujer tenga más presencia y el fútbol femenino está creciendo mucho”, dijo.



Jamileth