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El último vuelo de Kobe Bryant: “Helicóptero N72EX, vuela demasiado bajo y no le podemos guiar”

2020-01-27

Las condiciones mínimas para volar de los helicópteros de la policía de Los...

Pablo Ximénez de Sandoval, El País

El domingo por la mañana, la región de Los Ángeles amaneció cubierta de una niebla tan espesa que la policía de la ciudad decidió no sacar sus helicópteros a patrullar. Era demasiado peligroso. Tampoco despegaron los aparatos del sheriff esa mañana. "Básicamente por el mal tiempo", reconoció el sheriff, Alex Villanueva. No se veía nada. Kobe Bryant, sin embargo, decidió llevar a su hija y a dos amigas a su partido de baloncesto en la otra punta del condado en helicóptero. Bryant utilizaba este medio de transporte a menudo desde sus tiempos de estrella de Los Angeles Lakers para evitar el tráfico de la ciudad. El vuelo duró 41 minutos. Los nueve ocupantes del helicóptero murieron al estrellarse contra un área montañosa muy cerca de su destino por causas aún desconocidas.

El aparato era un helicóptero Sikorsky S-76B con matrícula N72EX, construido en 1991. Era propiedad de la compañía Island Express. Las comunicaciones con las distintas torres de control del área de Los Ángeles muestran que el piloto pidió permiso para volar en modo SVFR (Special VFR), un término que en la jerga aeronáutica significa que no se cumplen las condiciones mínimas de visibilidad para volar en modo visual. Por eso se pide un permiso especial. Solo se puede hacer en zonas controladas.

Las condiciones mínimas para volar de los helicópteros de la policía de Los Ángeles son una visibilidad de al menos dos millas (3,2 kilómetros) y 800 pies (244 metros) de altura antes de llegar a la capa de nubes. El departamento consideró que el domingo por la mañana no se cumplían esas condiciones. Un vecino de la zona donde se estrelló el helicóptero, en las montañas de la costa, dijo a The New York Times que aquella mañana en ese barrio la niebla era "tan espesa como una piscina de leche" y que era difícil hasta conducir. Toda la ciudad se despertó comentando que no se veía nada. 

Los datos de control aéreo muestran que la aeronave sale a las 9.06 (hora local) del aeropuerto John Wayne de Santa Ana, en el condado de Orange, el trozo de costa más acomodado al sur de Los Ángeles, donde vive la familia Bryant. El trazado del radar muestra cómo el helicóptero se dirige hacia el norte por el este de Los Ángeles.

Van a Thousand Oaks, al noroeste de Los Ángeles y a unos 120 kilómetros en línea recta de Santa Ana. Allí, la hija de Kobe Bryant, Gianna Maria Onore, de 13 años, va a jugar a las dos de la tarde un partido de baloncesto contra un equipo de Fresno. Con ellos viajan dos compañeras de equipo, los padres de una de ellas y la madre de la otra. También está a bordo la segunda entrenadora asistente de Bryant, que es el entrenador del equipo de las niñas. En el manifiesto de vuelo constan ocho pasajeros y el piloto.

El helicóptero se dirige al norte en línea recta atravesando el Este de Los Ángeles. Cuando llega a la zona del zoo de Los Ángeles, en el parque Griffith, el piloto contacta con la torre del aeropuerto Bob Hope, en Burbank. Pide permiso para pasar. Según la grabación de las conversaciones con la torre publicada en LiveATC.net y recogida por los medios locales, desde la torre le dicen que hay una aeronave que está volando por IFR (por instrumentos, sin visibilidad) y que espere. El helicóptero se queda 15 minutos dando vueltas encima del zoo de Los Ángeles.

A las 9.30, la torre de Burbank le dice al piloto que puede pasar, que lo haga rodeando el aeropuerto por el norte, siguiendo la autopista 5. La torre da permiso al helicóptero para volar en modo SVFR y le dice que se mantenga a menos de 2,500 pies (762 metros) de altura.

A partir de ahí, comienza su viaje hacia el oeste, donde está el suburbio de Calabasas. El piloto del helicóptero le dice a la torre de Burbank que su plan es seguir la autopista 118 hacia el oeste y luego seguir la autopista 101 hasta su destino. Dan por terminada la comunicación y el helicóptero contacta entonces con el otro aeropuerto del norte de Los Ángeles, el de Van Nuys. La torre de Van Nuys le dice que el viento está en calma y la visibilidad es de dos millas y media.

El piloto del helicóptero confirma a la torre de Van Nuys que está volando en modo visual a 1,500 pies de altura (457 metros). Rodea el pequeño aeropuerto, que se utiliza sobre todo para vuelos privados, y gira entonces hacia el sur. Ahí es donde entra en el área montañosa de Thousand Oaks y Calabasas. El control del vuelo pasa entonces al sistema SoCal. Son las 9.42.

El controlador de vuelo pregunta tres veces al piloto si requiere ayuda con el vuelo. No hay respuesta, seguramente porque el helicóptero vuela tan bajo que no accede a la señal. En la última comunicación, el controlador le dice: “Helicóptero N72EX, vuela demasiado bajo para guiarlo en este momento”. No se refiere a que la altura sea peligrosa, sino a que vuela tan bajo que no alcanza la señal de radio y no pueden hablar.

Los datos de Flightradar24 muestran que el aparato se acerca a las montañas a 1,200 pies de altitud (365 metros). De pronto, a las 9.43 se eleva bruscamente en apenas un minuto hasta los 2,000 pies (609 metros).

A las 9.45, el aparato desaparece del radar. A las 9.47, el teléfono de emergencias de los bomberos de Los Ángeles recibe la primera llamada de un testigo diciendo que un helicóptero se ha estrellado cerca del número 4,200 de Las Virgenes Road, en las colinas de Calabasas.

Los restos del aparato se encuentran repartidos en un área del tamaño del un campo de fútbol en una colina de difícil acceso a pie, explicó el sheriff de Los Ángeles, Alex Villanueva. A la llamada acudieron 56 miembros de los equipos de emergencias entre bomberos y médicos. El sheriff y el forense del condado anticiparon que la identificación de los cadáveres llevará “días”. Los forenses aún trabajaban por la noche en la recuperación de los restos.

En cuanto a la investigación de las causas del accidente, apenas acaba de comenzar. Los equipos de la Administración Federal de Aviación (FAA) y de la Comisión Nacional de Seguridad en el Transporte (NTSB) se harán cargo de las pesquisas. La investigación tendrá que descartar el posible fallo mecánico del aparato y, en último término, la responsabilidad del piloto por volar en esas condiciones. El aparato en cuestión no había tenido ningún problema serio anterior y se trata de un helicóptero de lujo. Distintos expertos en los medios estadounidenses expresaban el lunes sus dudas de que hubiera sufrido un fallo mecánico repentino.



JMRS