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Decenas de miles de personas despiden a Maradona en la Casa Rosada

2020-11-26

A media mañana del jueves parecía improbable que todos quienes integraban la fila de...

Enric González | El País

Buenos Aires - La Casa Rosada se transformó en un recinto fúnebre, por dentro, y en un estadio, por fuera. Miles y miles de personas desfilaron desde las seis de la mañana, en Buenos Aires, ante el féretro cerrado donde reposaban los restos de Diego Armando Maradona. La familia del futbolista, encabezada por su exesposa Claudia Villafañe, decidió que la despedida fuera breve: hasta las cuatro de la tarde (hora local). El Gobierno había previsto que la ceremonia del adiós durara dos días. A media mañana del jueves parecía improbable que todos quienes integraban la fila de espera, de dos kilómetros a las once, pudieran ingresar en la residencia presidencial.

Las estrictas reglas de cuarentena saltaron por los aires. Las fronteras, cerradas desde el 20 de marzo, se abrieron para que la prensa extranjera (más de 800 acreditados) pudiera entrar en el país y cubrir el acontecimiento. La gente se aglomeraba entre las rejas que cerraban la fila desde la Plaza de Mayo hasta la Avenida 9 de Julio. No había distanciamiento físico posible: los infectólogos alertaron sobre la posibilidad de contagios múltiples de coronovirus.

En la fachada del palacio presidencial, rodeado de banderas, una pantalla ofrecía instantáneas de la vida de Maradona. Los cánticos de estadio (“A ver, a ver, el que no salte es un inglés”, “Diego, Diego, Diego”), las pancartas (“El diablo nos pinchó la pelota”, “La pelota está llorando”), la venta ambulante de gorras, recuerdos, choripanes y empanadas, la abundancia de cerveza tempranera, se transformaban en recogimiento junto al ingreso a la Casa Rosada. Uno por uno, quienes cruzaban el umbral eran rociados de alcohol desinfectante y conminados a no entretenerse. Las flores, sobre todo rosas, se amontonaban en un rincón.

Dentro permanecían Claudia Villafañe, la exesposa, y sus dos hijas, Dalma y Giannina, sentadas discretamente en un lateral de la sala. No hubo nada previsto para los otros tres hijos extramatrimoniales, pero reconocidos (Jana, Diego Junior y Diego Fernando), ni para quienes aseguran ser hijos ni para las muchas antiguas amantes: el lado oscuro del futbolista se eximió, su caótica vida familiar, las denuncias por violencia doméstica, se dejó de lado.

Antes de que la capilla ardiente se abriera al público, la familia cercana, los antiguos miembros de la mítica selección argentina que ganó el Mundial de 1986 y unos cuantos invitados personales, entre ellos el recién retirado Javier Mascherano, tuvieron ocasión de despedir a Maradona en la intimidad y con el féretro abierto. El papa Francisco les envió un rosario.

La noche había sido brava. La ingesta desaforada de alcohol y la presencia de un grupo de barras (hinchadas) de Boca Juniors condujeron a incidentes sin daños graves. Cuando salió el sol, quienes habían velado durante la noche fueron cayendo y el ambiente se hizo más tranquilo. Poco a poco, la multitud fue creciendo. Pese a que no funcionan todavía los autobuses de larga distancia, el medio de transporte más popular en Argentina, durante la jornada afluyeron aficionados de otras provincias. La gente lucía camisetas de todos los equipos, con predominio del azul y amarillo de Boca Juniors. “¡Yo vengo desde Jujuy, desde Jujuy!”, gritaba un hombre que decía haberse puesto al volante el día antes, en cuanto se conoció la noticia de la muerte. De los gritos y las risas se pasaba súbitamente al llanto.

La autopsia no ofreció sorpresas: el corazón de Maradona, aquejado de una miocardiopatía dilatada desde hacía años y con un rendimiento reducido al tercio de su capacidad, no pudo seguir latiendo. La crisis cardíaca fue acompañada de un edema pulmonar. El abogado del ídolo muerto, Matías Morla, calificó de “escándalo” el hecho de que la primera ambulancia (en total acudieron nueve al domicilio de Maradona en Nordelta) hubiera tardado media hora en llegar y exigió una investigación.



Jamileth