Espectáculos

Cinco personajes cruciales de 'Juego de Tronos'

2019-04-15

Todos los personajes de Juego de Tronos se han transformado, pero ninguno lo ha hecho tan...

Por Jorge Carrión | The New York Times

La última temporada de Juego de tronos está destinada a sumar capas de mito y de historia a una serie ya mítica e histórica: es la que más ha subido el nivel de la ambición serial, la que ha ganado más premios y probablemente la que ha despertado más pasiones. Sus ocho temporadas, esa década de dosis anuales de serotonina inyectadas directamente en las pupilas, ya forman parte de nuestra memoria emocional.

¿Quién no siente la predisposición a la épica y el drama en cuanto empieza a sonar la intro? ¿Quién no se levantó del sofá ante las escenas épicas de Hodor o de los dragones? ¿Quién no tembló ante el parricidio de Tyrion, la infamia de la Boda Roja o durante la Batalla de los Bastardos?

Son muchas las claves de su impacto global sin precedentes. Algunas de ellas ya se encuentran en las novelas de George R. R. Martin, como la extrema coherencia de Poniente —diseñado hasta el último detalle— y la fuerza de las historias y los símbolos de cada linaje. Aquí voy a destacar la capacidad que tienen las tramas y sus protagonistas para reunir los grandes temas universales con los nuevos temas de nuestra época. Veamos seis personajes que concilian tradición y actualidad. Y a ver qué sorpresas nos deparan en la octava y última temporada.

Daenerys Targaryen, la mesías populista

Desde que al final de la primera temporada la vimos renacer —Ave Fénix desnudísima y cenicienta—, rodeada por sus tres dragones, la heredera de la dinastía Targaryen ha encarnado dos figuras a menudo complementarias de la narrativa universal: la del exiliado y la del mesías.

Aunque hayamos visto a Daenerys en muchos tipos de paisajes, la vinculamos sobre todo con el desierto, tan bíblico. Pero con las temporadas pasa de ser una mesías que siguen unos pocos fieles a ser la líder de un inmenso ejército. En su camino hacia la victoria final sus decisiones van recordando a los de los dictadores y mandatarios populistas de los siglos XX y XXI. Es sabido que la distopía no es más que utopía más tiempo.

Arya Stark, la de las mil caras

Todos los personajes de Juego de Tronos se han transformado, pero ninguno lo ha hecho tan radicalmente como la hija menor de Ned Stark, quien a través de muchas adversidades y de tres maestros se ha ido convirtiendo en una máquina de matar. Tras los estudios secundarios de espada con Syrio Forel, su universidad se llama El Perro y su máster y prácticas profesionales tienen lugar entre los Hombres sin Rostro.

Pero en realidad su alma perteneció desde siempre al Dios de Muchos Rostros, porque de niña prefirió el rol de guerrero al de costurera; después de la muerte de su padre viajó un tiempo vestida de muchacho; y más tarde se disfrazó de sirvienta y entró incluso en una compañía de teatro.

La imagen de las máscaras en el templo —la Casa de Blanco y Negro— resume como pocas nuestra época de nicknames e identidades digitales. Aunque la historia de la orfandad y de la venganza de Arya sea tan antigua como la misma poesía, su mascarada es tan contemporánea como la propia internet. Es todas, es nadie: como cada uno de nosotros.

Cersei Lannister, terrorismo y maternidad

Del incesto —una soledad terriblemente compartida—, a la regencia de un hijo sádico —una soledad del todo incomprendida—, a la auténtica y definitiva soledad: la del poder que no se puede compartir con nadie, ni siquiera con su hermano amante, porque la primera regla del club del poder es que lo único que importa es la preservación del poder (y la segunda es idéntica).

Ese parecía ser el itinerario del personaje más fascinante de la serie, que lo vinculaba con el de clásicos como Edipo o Lady Macbeth. Hasta que una genial vuelta de tuerca nos la presenta inesperadamente embarazada. Está por verse si ese estado de gracia feminizará a una Cersei que, desde que llegó al Trono de Hierro, se ha ido vistiendo y comportando como su terrible padre. Pero no hay duda de que tanto la maternidad como el terrorismo (destruye el Septo de Baelor con una bomba de fuego valyrio en lugar de usar aviones suicidas o Goma-2) son dos temas centrales de este cambio de siglo.

Jon Nieve, el líder zombi

La figura del elegido, que no siempre se corresponde con la del mesías, recorre la historia de la ficción desde la Biblia hasta Harry Potter. Jon Nieve es un elegido sin ganas, el reverso exacto de Daenerys, quien más bien sufre un exceso de motivación. Por eso la escena de cama entre ambos es antítesis en estado puro, porque sudan al mismo compás un paciente de síndrome del impostor y una muchacha con delirios de grandeza (son secundarios el incesto que desconocen y la boda de la nieve con el fuego).

En términos de historia de los argumentos universales, la innovación del personaje se encuentra en que muere y resucita, sin que veamos el infierno, sin que haya descenso órfico ni rescate, convirtiéndose en un muerto viviente. Como si fuera necesario que fuera precisamente un (anti)zombi quien liderara a los humanos en su lucha contra los zombis. Como si fuera necesario conocer la muerte para combatirla (desde dentro).

El Rey de la Noche o el cambio climático

A diferencia de las hordas de zombis, que no conocen jerarquía ni liderazgo, el ejército de caminantes blancos sí cuenta con lugartenientes y con un rey. David Benioff y Dan Weiss han declarado que no piensan en el Rey de la Noche como en un supervillano —al fin y al cabo, en Poniente no existe el maniqueísmo—, sino como la encarnación de la Muerte.

Desde el capítulo piloto, Juego de tronos despliega una paleta de luces, colores y temperaturas. En un extremo está el sol abrasador del exilio de Daenerys y, en el otro, el frío glacial donde viven los salvajes y los caminantes blancos. El invierno está llegando; avanza en sentido sur. La mayor amenaza que enfrenta la humanidad viene del polo norte: en el plano de la metáfora, tenemos el cambio climático; en el de la acción, la posibilidad de incorporar a los escenarios de la fantasía heroica, dos géneros de gran popularidad: los zombis y el nordic noir.

La red monárquica

A medida que iban pasando las temporadas, los viejos líderes del mundo —Putin, Maduro— y los nuevos —Trump, Bolsonaro— hacían que el planeta Tierra se pareciera cada vez más a Poniente. Pero sabemos por experiencia propia que tanto en la realidad como en la ficción los nombres propios van caducando, que hoy en día los protagonistas son cada vez menos protagónicos.

“Pese a tantísimos personajes memorables más o menos plebeyos, al final la red principal es monárquica”.

Más allá de esos cinco rostros individuales que he destacado —y otros que el fan seguramente tiene cerca de su corazoncito, igual que yo tengo los míos—, lo que importa en Juego de tronos es la colmena. O la red, si seguimos con las claves contemporáneas. En otras palabras, desde el principio la serie nos ha dejado claro que en nuestra época ya no existen el bien, el mal ni los protagonistas que puedan representarlos, que todos somos somos ambiguos y prescindibles.

Jon Nieve, no obstante, al final resulta ser el hijo secreto de Lyanna Stark y Rhaegar Targaryen: un cuerpo rebosante de sangre azul. De modo que, pese a tantísimos personajes memorables más o menos plebeyos, al final la red principal es monárquica. Al fin y al cabo, en lo nuevo siempre subsiste lo viejo. Y Juego de tronos no es una excepción.



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