Internacional - Política

Un escándalo racista en Estados Unidos hunde a los demócratas de Virginia

2019-02-12

Han bastado días para que todo ese edificio de triunfos políticos esté...

Pablo Pardo | El Mundo

Washington.- Hasta hace una semana, Virginia era el estado que el Partido Demócrata veía como un ejemplo de éxito. El territorio, conservador y rural, que alberga Richmond a la antigua capital de la Confederación, había dado en menos de una década un giro de 180 grados, al pasar de ser un bastión conservador a un estado en el que el nuevo Partido Demócratahabía copado la práctica totalidad de los puestos de poder con una agenda de centroizquierda. El candidato a la vicepresidencia con Hillary Clinton fue el senador por ese estado Tim Kaine. Y hasta hay un ex gobernador de Virginia -el amigo de Bill y Hillary Clinton, Terry McAuliffe- que no oculta su interés en entrar en la carrera presidencial.

Han bastado días para que todo ese edificio de triunfos políticos esté viniéndose abajo. La razón es el pasado de los tres cargos más altos del Partido Demócrata en Virginia: el gobernador, el vicegobernador, y el fiscal general. Los tres se han visto atrapados por una combinación letal, que incluye la controversia sobre la expansión de los límites legales al aborto en EU, las burlas del gobernador y del fiscal a los negros cuando eran jóvenes, y, en el caso del vicegobernador -que es, precisamente, afroamericano- un caso de presunto acoso sexual.

Todo empezó cuando la web de ultraderecha Big League Politics publicó una fotografía del gobernador, Ralph Northam, disfrazado de negro y junto a una persona con un traje del Ku Klux Klan. La imagen procedía del Anuario de la Facultad de Medicina en la que Northam había estudiado, y estaba fechada en 1984. Su impacto fue brutal. El gobernador no solo iba disfrazado de negro -algo que en EU es políticamente inaceptable, aunque no es ése el caso si alguien se disfraza de indígena o de asiático-, sino que, en realidad, iba de cara negra (Blackface). El Blackface es una tradición del vodevil estadounidense en la que un blanco se hace pasar por negro para caricaturizar y burlarse a las personas de esa raza. Ponerse así al lado de alguien con un traje del Ku Klux Klan equivale a ir con un traje que se mofa de los judíos y hacerse una foto junto a una persona con uniforme nazi.

Northam no dimitió. Y eso que se lo pidió el Partido Demócrata al completo, incluyendo la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi y seis candidatos y precandidatos a la presidencia en 2020. Todos le dijeron que se fuera para dejar el cargo en manos del vicegobernador del Estado, Justin Fairfax. Que, además, es afroamericano. Todo un caso de justicia política y poética.

Pero no es que no dimitiera. Nordham empeoró las cosas con una delirante rueda de prensa en la que desmintió que él fuera la persona de la foto, a pesar de que, declaró, él se había vestido de blackface en aquellos años para bailar como Michael Jackson. El gobernador se explayó en todo lujo de detalles explicando cómo se ponía betún en la cara para imitar al cantante. Un cantante cuyo nombre fue incapaz de recordar hasta que se lo recordó su esposa.

Claro que los problemas de Northam no habían acabado. Ese mismo sábado la cadena de televisión CBS divulgó una foto del Anuario de Northam en el Instituto Militar de Virginia, donde había cursado estudios de Secundaria, en el que el futuro gobernador aparecía con el mote "Coonman", un epíteto en desuso pero que todavía se usa en áreas rurales de Estados Unidos y que podría traducirse, salvando las distancias, como "El antinegro". Una vez más, el gobernador alegó que él nunca supo la razón por la que sus compañeros de clase le habían puesto -y él había aceptado- tan entrañable apodo.

Así que todo parecía dispuesto para que Northman, por más numantina que fuera su defensa, acabara yéndose y dejara el cargo para Fairfax. De hecho, hasta Mark Herring, el fiscal general del estado -cargo equivalente al de secretario de Justicia- le pidió que la dimisión. Pero apareció la profesora universitaria Vanessa Tyson, para declarar que Fairfax la asaltado sexualmente en 2004. Tyson ya había planteado esa denuncia al diario Washington Post hace un año, pero el periódico se había negado a publicarla, según ha explicado, porque no pudo corroborarla. Ahora, Tyson lanzaba urbi et orbi su carga contra Fairfax, que ha negado los cargos. Cuando todos en Virginia, incluyendo al Partido Demócrata, piden su dimisión, una segunda mujer ha acusado a Fairfax de acoso sexual. Parece que el vicegobernador está dispuesto a dimitir en las próximas horas.

Y, entonces, llegó el fiscal general, Herring, el mismo que había pedido la cabeza de Northam, para hacer un anuncio: él también se había disfrazado de Blackface en 1980, cuando tenía 19 años, en una fiesta en la que se burlaba de los raperos.

Toda la sucesión de escándalos es un desastre para el Partido Demócrata que, tras enarbolar las banderas de la raza -especialmente cuando ésta afecta a los afroamericanos- y del género se ha encontrado con que tiene el problema en casa, al menos en su plana mayor en Virginia.

Pero no es un desastre por casualidad. La exhumación de la primera foto de Northam fue llevada a cabo por activistas conservadores que se oponen a que Virginia pruebe una ley similar a la que recientemente ha creado Nueva York, en la que se extiende de manera drástica el periodo en el que es legal realizar aborto. Para los grupos que se oponen a esa ley, se trata de una ley que aprueba "el infanticidio". Y así lo dio a entender Donald Trump en su Discurso del Estado de la Unión el pasado lunes. Entretanto, la sucesión de escándalos amenaza con decapitar al Partido Demócrata de uno de los estados en los que podía argüir que había ganado la partida a los republicanos.



Jamileth