Internacional - Política

Israel se precipita hacia las terceras elecciones en menos de un año

2019-12-11

Salvo que se obre el milagro de un improbable pacto de Gobierno de última hora, los...

Juan Carlos Sanz | El País

Jerusalén.- Los diputados israelíes se disponen a hacerse el harakiri este miércoles al disolver la Kneset (Parlamento) antes de que expire a medianoche el plazo para formar Gobierno. Los parlamentarios, que han sido incapaces de superar el bloqueo político tras las legislativas celebradas en abril y septiembre, ya solo intentan evitar el ridículo de que unos nuevos comicios queden convocados automáticamente el próximo 10 de marzo, en plena festividad del Purim (carnaval judío). Para ello tienen que aprobar en apenas unas horas –tras cuatro votaciones en comisión y otras tres en pleno–, una ley que dé por concluida la legislatura y marque la cita con las urnas para el 2 de marzo. En un desenlace de esperpento, Israel se encamina hacia las terceras elecciones en menos de un año con un primer ministro en funciones, Benjamín Netanyahu, imputado por corrupción, mientras su rival, el centrista Benny Gantz, gana altura en los sondeos. El único acuerdo que ambos han alcanzado ha sido fijar la fecha de otras elecciones.

Salvo que se obre el milagro de un improbable pacto de Gobierno de última hora, los israelíes tendrán que volver a votar para intentar sacar a los partidos de un marasmo que empieza cobrar a tintes de maldición bíblica. En esencia, el sistema político se ha empantanado en el Estado judío a consecuencia de las tres acusaciones por fraude y cohecho presentadas el mes pasado por el fiscal general contra Netanyahu, y porque la oposición de centroizquierda no se fía en absoluto de las ofertas del veterano mandatario conservador para conformar una gran coalición.

Además de la tradicional fragmentación de la Kneset, derivada de un sistema electoral ultraproporcional, la polarización se ha extremado en la Cámara durante la década de poder de Netanyahu. En los comicios de septiembre, el ala conservadora sumó 55 de los 120 escaños, con los diputados del Likud del primer ministro (32), los dos partidos ultraortodoxos (16) y la extrema derecha (7). El bloque de centroizquierda agrupó a 54 parlamentarios de la alianza Azul y Blanco de Gantz (33), laboristas (6), izquierda pacifista (5) y Lista Conjunta de la minoría árabe israelí (13). La gobernabilidad quedó en manos de los ocho escaños de Israel Nuestra Casa, el movimiento laico del ex ministro de Defensa Avigdor Lieberman, quien propugnaba un Ejecutivo de unidad nacional.

Ante la deliberada ambivalencia de Lieberman –un ultraconservador enfrentado con el jefe del Ejecutivo, pero que también rechaza cualquier acuerdo con las fuerzas políticas árabes– la fórmula de gran coalición entre los dos grandes partidos se presentaba como la única salida posible. Sin embargo, los líderes del Likud y de Azul y Blanco intercambiaron en la noche de martes mensajes en la redes sociales que parecieron dar el portazo definitivo al acuerdo. Gantz ha propuesto a Netanyahu que, “si quiere evitar unas elecciones inútiles”, renuncie a la inmunidad parlamentaria y acate ser el segundo en una rotación para ejercer como jefe de Gobierno. “La Kneset no debe convertirse en un refugio (frente a la justicia)”, advirtió.

Era una oferta que el primer ministro que más tiempo ha ocupado el poder en Israel no podía aceptar. Netanyahu precisa mantenerse en el cargo, aunque sea en funciones, para protegerse de las acusaciones de la fiscalía. La imputación por cohecho, fraude y abuso de poder en tres casos de corrupción investigados por la policía a partir de 2015 quedó aplazada por las últimas legislativas. Ahora ya ha sido formalizada. Como primer ministro, no está obligado a dimitir mientras el Tribunal Supremo no dicte sentencia firme, de modo que un nuevo proceso electoral le garantizaría al menos otros seis meses de blindaje legal. Si es declarado culpable puede afrontar una condena de hasta 10 años de prisión. “Es difícil de creer que haya aún alguna oportunidad para impedir una tercera convocatoria a las urnas”, reconoció el martes el presidente de la Kneset, Yuli Edelstein (Likud) en una reunión con embajadores en Israel.

La nueva repetición electoral puede representar, no obstante, un doble riesgo político de secuencias impredecibles para Netanyahu. En el frente interno, le obligará a disputar el próximo día 26 unas primarias internas en el Likud, donde el exministro Gideon Saar ha consolidado un frente de rechazo al veterano líder. Los sondeos, mientras tanto, constatan que el gran partido conservador israelí obtendría mejores resultados con Netanyahu como cabeza de lista frente a la alternativa de Saar.

Las últimas encuestas elaboradas al filo de la disolución de la Kneset apuntan también a un ligero incremento del voto en favor del bloque de centroizquierda encabezado por Gantz (55 escaños) y a una caída en el bloque de la derecha (52 diputados), aunque siguen reproduciendo un escenario de bloqueo. La llave de la gobernabilidad de Israel sigue en manos de los intereses tácticos de Lieberman (8 parlamentarios).

Netanyahu no ha perdido el tiempo y ya ha comenzado su tercera campaña en lo que va de año. La anexión de las colonias de Cisjordania –y en particular del valle del Jordán– en un nuevo guiño a los colonos de los asentamientos y un acuerdo de defensa con EE UU frente a la amenaza regional de Irán, que podría ser bendecido por Donald Trump antes de las votaciones, son sus principales reclamos. Después de haber ganado media docena de comicios en su carrera política, el primer ministro vuelve a intentar seducir a un electorado israelí esencialmente nacionalista y conservador, obsesionado por el apocalipsis de una aniquilación bélica.



Jamileth