Internacional - Seguridad y Justicia

Perdura el trauma, 6 años después de masacre en Francia

2021-10-20

“Eso me dicen, pero en realidad en ese momento no me di cuenta. Para mí, lo más...

Por LORI HINNANT

PARÍS (AP) — Los sobrevivientes recuerdan sentirse como animales, presas de caza, deshumanizados.

Han hablado durante más de dos semanas sobre lo ocurrido en el teatro Bataclan de París el 13 de noviembre del 2015.

Los testimonios, en un tribunal especialmente asignado, son la primera vez que los sobrevivientes narran y aprenden qué exactamente ocurrió esa noche en el Bataclan, poco a poco armando el rompecabezas de lo sucedido.

En total, 130 personas perdieron la vida esa noche en el Bataclan, en el estadio nacional y en bares y restaurantes cercanos, en un estallido de violencia coordinada, perpetrada por el grupo que se hace llamar Estado Islámico. Cientos de personas más resultaron heridas, física y psicológicamente.

Los nueve atacantes perecieron. El único sobreviviente entre ellos, que huyó corriendo cuando la bomba que cargaba no estalló, es uno de los 14 hombres siendo enjuiciados.

Esa noche el grupo de rock norteamericano Eagles of Death Metal se presentaba en el Bataclan. Clarisse, entonces de 24 años, estaba en la sala de abrigos a punto de salir a comprar cervezas. Cuando estallaron los tiros a las 9:47 p.m., ella no tenía a donde correr sino hacia dentro, donde estaba el público.

Pero los terroristas estaban corriendo detrás de ella, persiguiéndola.

“En ese momento acepté que iba a morir, que me iban a pegar un tiro por la espalda, y empecé a pensar, ¿me dolerá? ¿perderé el conocimiento? ¿o será una muerte instantánea?”, relata Clarisse.

Edith -- quien como los demás sobrevivientes pidió no usar su apellido -- recuerda que estaba en el bar, cerca de unas escaleras que llevaban al público. Recuerda bajar corriendo por las gradas “como un instinto casi animal”.

Repentinamente se tiró al piso, se escondió debajo de un asiento, y vio un hombre muerto a su lado.

La metralla inicialmente surgió en ráfagas largas.

“Y entonces fue por pedazos. Un grito, un disparo, un celular sonando, una súplica, otro disparo. No había salida”, relató Edith a los jueces, nerviosamente quitándose y volviéndose a poner sus anillos de los dedos.

Thibault y su esposa estaban en el teatro, cerca del escenario. Fugazmente vio a uno de los hombres armados. “Vi que tenía el rostro descubierto así que entendí que él no se iba a ir, y fue en ese momento que acepté que me iba a morir”.

Su triste consuelo: “Por lo menos no dejaré ningún huérfano”.

En ese momento, unos cinco minutos después del inicio de la violencia, el piso de la sala estaba empapado en sangre. Los atacantes parecían estarse alejando, y el público se abalanzó sobre el escenario.

Clarisse estaba entre la multitud que subió corriendo por unas escaleras, lo más alto que podían. Terminaron en un salón con un inodoro en la esquina. Ella se encaramó en el inodoro y rompió el techo, atravesando un enjambre de cables y fibra de vidrio.

Thibault y su esposa Anne-Laure estaban también entre la multitud, pero perdieron el contacto al subir por las escaleras. Las tuberías se rompieron, el cuarto se inundó, pero uno tras uno los sobrevivientes se encaramaron en el inodoro y al llegar al nivel superior le daban la mano al siguiente para ayudarlo a subir.

Todos menos Anne-Laure. “Yo salí corriendo, buscando un lugar donde esconderme como un animal”, testificó la mujer. “Después estaba sumamente enojada conmigo misma por haber hecho eso”.

La pista frente al escenario estaba repleta de muertos y heridos. Entre ellos estaban Pierre-Sylvain y su novia. Cuando estalló la violencia se dio cuenta que había sido baleado y que ella también.

“El piso entero estaba cubierto de cuerpos y era imposible distinguir entre los vivos y los muertos. Estaba en un teatro, pero en realidad estaba en una fosa común”, relató Pierre-Sylvain. Salió del lugar tropezando entre los cuerpos.

Fue entonces que se dio cuenta que había sido baleado en la cara. La bala había entrado y salido justo debajo del ojo.

Los primeros dos policías llegaron a las 9:56 p.m., armados sólo con pistolas. Uno le disparó a un atacante, que detonó su bomba.

“Me cayeron encima restos humanos que eran del atacante, junto con plumas que supongo, eran de su chaqueta”, contó otro sobreviviente, Amandine.

Edith, escondida debajo del asiento, fue evacuada a eso de las 11:30 p.m. Los presentes fueron sacados en fila por policías que les instruían a no mirar, pero eso era imposible.

“La mera cantidad de cuerpos inertes, de personas que hace pocos minutos estaban bailando”, recuerda Edith con manos temblorosas.

En el piso de arriba, los dos atacantes que quedaban acorralaron a 11 hombres y mujeres en un pasillo angosto. Le ordenaron a uno de los rehenes a sentarse con la espalda junto a la puerta y que narre los gritos de la gente herida al otro lado.

Los terroristas empezaron a negociar con la policía usando el celular de uno de los rehenes. Entonces la policía irrumpió usando un enorme escudo antibalas que se tambaleó y cayó sobre una mujer.

Uno de los atacantes vació su fusil y el otro se voló en pedazos. El edificio entero se estremeció. Ambos atacantes murieron pero los 11 rehenes sobrevivieron. Eran las 12:18 a.m.

Uno por uno, los sobrevivientes fueron evacuados por la policía a través de la pista frente al escenario. Abriéndose paso entre los cuerpos, David, angustiado, se preguntaba, “¿colaboré yo en esto? ¿participé yo en esto?”

Tardó más de una hora hasta que la policía halló a los sobrevivientes escondidos en los closets y en el techo, que fueron los último en salir.

El juez le pregunta a Clarisse si está consciente de que salvó muchas vidas esa noche.

“Eso me dicen, pero en realidad en ese momento no me di cuenta. Para mí, lo más importante era no morir, era hacer todo lo posible por salir de ahí”, explicó la mujer.

Thibault, quien atribuye a Clarisse haberle salvado la vida, describe que al salir del edificio se sintió nuevamente como un ser humano. Pero añade: “El sentimiento de culpabilidad es sumamente fuerte, ¿por qué sobreviví yo y tantos otros no?”

Edith concuerda en sentirse culpable por salir del Bataclan con vida e ilesa. Dice que ahora se siente como una sombra de lo que una vez fue. Tiene un tatuaje del Bataclan en su brazo izquierdo.

“Todos seguimos atrapados dentro del 13 de noviembre”, narra la mujer.



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