Internacional - Seguridad y Justicia

Tiroteo en Texas: quiénes eran las víctimas en Uvalde

2022-05-25

“Estaba como en shock”, dijo, luego de escuchar a los Rangers de Texas. Cuando...

Campbell Robertson, John Yoon, Christina Morales, Edgar Sandoval | The New York Times

El peor temor de un padre: perder a uno de sus hijos

Los dolientes han empezado a compartir los nombres de las víctimas del tiroteo en Texas del martes. La policía aún no ha dado a conocer una lista.

Jailah Silguero, de 10 años, era la menor de cuatro hijos, la “bebé” de su familia, según su padre. Le encantaba ir a la escuela y ver a sus amigos. El martes, fue una de las personas asesinadas en la escuela primaria Robb de Uvalde, Texas.

El lunes por la noche, Jailah le había dicho a su padre, Jacob Silguero, de 35 años, que quería quedarse en casa el martes. Era algo poco habitual en ella, y por la mañana, dijo Silguero, parecía haberlo olvidado. Se vistió y fue al colegio como siempre.

“No puedo creer que esto le haya pasado a mi hija, mi bebé”, dijo.

Añadió: “siempre ha sido uno de mis miedos, perder un hijo”.

Silguero y su familia se alistaban para ir a la funeraria el miércoles luego de haber pasado horas el día anterior en el centro cívico SSGT Willie de Leon en espera de recibir noticias de Jailah. Las autoridades le pidieron a la familia una muestra de ADN a través de hisopado.

“Luego de la prueba de ADN me imaginé que era algo malo”, dijo. “Como una hora después llamaron para confirmar que había fallecido”.

Silguero dijo que los hermanos de Jailah estaban muy afectados: “Solo quieren que su hermana regrese”.

Jailah Silguero estaba entre las 21 personas que fueron asesinadas, 19 menores y dos adultos, en la masacre del martes.

Dos primas en una clase

Jackie Cazares y Annabelle Rodriguez eran primas e iban en el mismo salón en la escuela primaria Robb. Jackie, que hizo su primera comunión hace dos semanas, era la sociable, dijo Polly Flores, quien era tía de Jackie y tía abuela de Annabelle. “Era extrovertida, siempre tenía que ser el centro de atención”, dijo Flores. “Era mi diva chiquita”.

Annabelle, estudiante del cuadro de honor, era más callada. Pero ella y su prima eran cercanas, tanto que la hermana gemela de Annabelle, que recibía educación en casa, “siempre estaba celosa”, dijo Flores. “Somos una familia muy unida”, dijo. “Es simplemente desgarrador”.

Una niñita que amaba a sus amigos

Amerie Jo Garza era una niña amistosa de 10 años a la que le encantaba la plastilina Play-Doh.

Amerie Jo estaba “llena de vida, una bromista, siempre sonriendo”, dijo su padre, Alfred Garza III en una breve entrevista telefónica. No hablaba mucho de la escuela, pero le gustaba pasar tiempo con sus amigas a la hora del lonche, en el patio durante el receso. “Era muy sociable”, dijo. “Hablaba con todos”.

La familia extendida de Amerie Jo se había reunido cuando los Rangers de Texas les dieron la horrible noticia el martes por la noche.

La pérdida de la familia sucedía luego de perder a varios seres queridos por la COVID-19 en los últimos dos años.

“Apenas estábamos teniendo un respiro, nadie estaba falleciendo”, dijo Garza. “Luego pasó esto”.

Garza, que trabaja en una agencia de autos usados en Uvalde, dijo que estaba en su hora del almuerzo cuando la mamá de Amerie Jo le dijo que no podía recoger a su hija de la escuela porque estaba cerrada por la emergencia.

“Me fui directo para allá y encontré el caos”, dijo. Recuerda haber visto que los carros se acumulaban en las calles cuando los padres intentaban entrar a la escuela para buscar a sus hijos. Había patrullas de policía por doquier.

Al principio, dijo, no pensó que nadie hubiera resultado herido. Luego escuchó que habían muerto niños. Durante horas esperó noticias sobre su hija.

“Estaba como en shock”, dijo, luego de escuchar a los Rangers de Texas. Cuando llegó a casa empezó a revisar fotos de ella. “Ahí es cuando como que me solté”, dijo. “Empecé a llorar y a dolerme”.

‘Unía al barrio’

A Eva Mireles, que estaba en la década de los 40, le encantaba enseñar a los niños de la primaria Robb, últimamente el cuarto grado. Los vecinos la describieron como una persona bondadosa que casi siempre estaba sonriendo.

“Unía al barrio”, dijo Javier Garcia, un vecino de 18 años que vivía en la casa contigua. “Amaba a esos niños”.

Un primo político, Joe Costilla, de 40 años, que vive al final de la cuadra, dijo que fuera del trabajo, a Mireles le gustaba correr maratones y era muy deportista. “Siempre estábamos juntos, en parrilladas, ella era una persona maravillosa”, dijo, conteniendo las lágrimas. Habían planeado reunirse durante el fin de semana del Día de los Caídos.

La madre de Costilla, Esperanza, corrió a su casa para consolar a sus nietos, de 14 y 10 años, quienes la conocían bien.

“Lo están tomando muy mal”, dijo. “Era el tipo de maestra a la que todos quieren”.

‘Chico duro’

José Flores, de 10 años, tenía una camiseta de color rosa que decía: “Los chicos duros van de rosa”. Su abuelo, George Rodríguez, lo llamaba “mi pequeño Josesito” y guardaba una fotografía del niño en su billetera.

Rodríguez, que también perdió a una sobrina en el tiroteo del martes, asistió a terapia en el centro cívico de Uvalde, pero dijo que le había ofrecido poco alivio del dolor. “Eran niños hermosos e inocentes”, dijo.

Xavier Lopez, de 10 años, ingresó al cuadro de honor el día que lo mataron. Estaba ansioso de volver a casa y compartirle la noticia a sus tres hermanos, pero sus abuelos dijeron que Xavier decidió quedarse en la escuela para ver una película y comer palomitas con sus compañeros.

Recordaron a Xavier como un jugador entusiasta de béisbol y fútbol que tenía una novia en la escuela con la que platicaba por teléfono.

Leonard Sandoval, de 54 años, abuelo de Xavier, estaba afuera de la casa familiar el miércoles intentando hallarle sentido a lo incomprensible. “¿Por qué?“, preguntó. “¿Por qué él? ¿Por qué los niños?”.
 



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