Religión

Las iglesias estaban ansiosas por reabrir; ahora se enfrentan a casos de coronavirus

2020-07-13

El virus se ha infiltrado en los sermones dominicales, las reuniones de los ministros y los...

Por Kate Conger, Jack Healy y Lucy Tompkins, The New York Times

El virus se ha infiltrado en los servicios dominicales, en las reuniones de los ministros y en los campamentos juveniles. Más de 650 casos en Estados Unidos han sido vinculados a instalaciones religiosas durante la pandemia.

Semanas después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, pidió que les permitieran a los templos volver a abrir en Estados Unidos, nuevos brotes de coronavirus están apareciendo en las iglesias de todo el país donde se han reiniciado los servicios religiosos.

El virus se ha infiltrado en los sermones dominicales, las reuniones de los ministros y los campamentos de jóvenes cristianos en Colorado y Missouri. Ha causado estragos en las iglesias que reabrieron con la cautela de pedir el uso de cubrebocas y el distanciamiento social en las bancas, así como en las que desobedecieron los confinamientos y se negaron a acatar los nuevos límites sobre el número de fieles.

Los pastores y sus familias han dado positivo, al igual que los porteros de las iglesias, los encargados de recibir a las personas en la puerta principal y cientos de asistentes. En Texas, alrededor de 50 personas contrajeron el virus luego de que el pastor le dijo a la congregación que podían volver a abrazarse. En Florida, el mes pasado murió una adolescente después de asistir a una fiesta de jóvenes en la iglesia.

Según una base de datos de The New York Times, más de 650 casos de coronavirus han sido vinculados a casi 40 iglesias y eventos religiosos en todo el país desde el inicio de la pandemia, y muchos de estos se han presentado durante el mes pasado, cuando los estadounidenses retomaron las actividades que solían tener antes de la pandemia.

“Hay una línea muy delgada entre proteger la salud y la seguridad de la gente y proteger el derecho al culto”, señaló George Murdock, comisionado de un condado en el noreste de Oregón, donde se ha rastreado el brote más grande del estado hasta una iglesia pentecostal de un condado vecino. “Línea por la que hemos estado transitando con mucho nerviosismo todo el tiempo”.

Aunque miles de iglesias, sinagogas y mezquitas de todo el país han estado teniendo encuentros virtuales o en los prados y estacionamientos para proteger del virus a sus miembros, el derecho a celebrar servicios religiosos dentro de los templos se convirtió en una disputa política cuando Estados Unidos estaba saliendo con dificultad del confinamiento esta primavera. En mayo, el presidente declaró a los lugares de culto parte de un “servicio esencial” y amenazó, pese a que no está claro si tenía la autoridad para hacerlo, con anular la orden que diera algún gobernador de mantenerlos cerrados.

Sin embargo, ahora que el virus ataca con violencia a Texas, Arizona y otros bastiones evangélicos del sur y del oeste, algunas iglesias que lucharon por reabrir están siendo obligadas a cerrar de nuevo y se plantean si acaso es posible rezar en congregación de manera segura.

“Nuestras iglesias han seguido los protocolos de los cubrebocas, de entrar por una puerta y salir por otra y del distanciamiento social”, afirmó Cynthia Fierro Harvey, obispa de la Iglesia Metodista Unida de Luisiana, donde tres iglesias volvieron a cerrar a lo largo de la semana pasada. “Y aun así la gente ha dado positivo”.

Otras congregaciones han seguido desobedeciendo a pesar de los contagios en aumento, pues sostienen que las reglas del estado que limitan el número de asistentes a los servicios religiosos violan su derecho constitucional al culto.

Algunos grupos cristianos se opusieron a una nueva regla en California que no permite cantar en los lugares de culto. En Nevada, la iglesia Calvary Chapel Dayton Valley está cuestionando las reglas estatales que limitan las reuniones religiosas a 50 personas mientras que autorizan a los casinos y a otros comercios que están volviendo a abrir a que operen sin esos límites.

“Están minimizando el papel que juega la religión en la vida de los estadounidenses al insinuar que es más importante ir al gimnasio que ir a la iglesia”, señaló Kristen K. Waggoner, consejera jurídica de Alliance Defending Freedom, un grupo conservador de libertad religiosa que entabló una demanda contra Nevada y que ha cuestionado otras restricciones estatales relacionadas con las asambleas religiosas. Waggoner afirmó que la gran mayoría de las iglesias cumplen o superan los lineamientos federales sanitarios para su reapertura.

No obstante, debido a que en las últimas semanas han aparecido nuevos casos y grupos desde Florida hasta Hawái, pasando por Kansas, los expertos en salud pública han subrayado que, incluso con el distanciamiento social, el virus puede propagarse con facilidad por el aire al cantar los himnos y predicar los sermones dentro de espacios cerrados. Uno de los primeros brotes masivos del coronavirus tuvo lugar en una iglesia secreta de Corea del Sur.

“Es un lugar ideal para el contagio”, afirmó Carlos del Rio, experto en enfermedades infecciosas en la Universidad Emory, al referirse a las congregaciones en las iglesias. “Se reúnen muchas personas en un espacio cerrado. Además, hablan a un volumen alto y cantan. Eso es justamente lo que no queremos”.

Los feligreses de la iglesia bautista Graystone en Ronceverte, Virginia Occidental, comenzaron a enfermarse diez días después de que los servicios dominicales se reanudaran, a fines de mayo. El uso de cubrebocas era opcional. Ha habido por lo menos 51 casos confirmados y tres muertes vinculadas a la iglesia, dijeron los funcionarios de salud local.

Charles Hiser, de 82 años, fue el primero de tres fieles en morir después de contraer el virus.

Su hija, Libby Morgan, dijo que su padre había vivido solo y había pasado los últimos meses encerrado en casa para mantenerse a salvo. Ella le llevaba víveres y hablaba con él regularmente por teléfono para que no se sintiera solo. Pero Hiser extrañaba ir la iglesia bautista Graystone, donde había asistido a los servicios religiosos durante aproximadamente 30 años, dijo su hija. Así que tan pronto se reanudaron los servicios regulares regresó, pero evitó el cubrebocas.

En dos semanas, había dado positivo para el virus.

“Pensaba que estaría a salvo allí”, dijo Morgan. “Sabes, estás en la iglesia. Al igual que un niño que va a la escuela, se supone que debe sentirse seguro”.

La iglesia ahora reabrió, de nuevo, después de un cierre de dos semanas.

Solo había seis casos registrados de coronavirus en el condado de Union, en la zona rural noreste de Oregón, cuando, el 22 de mayo, la iglesia pentecostal Lighthouse United anunció su reapertura en una publicación de Instagram en la que también citó los comentarios de Trump acerca de la reapertura de las iglesias.

Ahora, ese condado ha registrado 356 casos, muchos de los cuales fueron rastreados hasta la iglesia.

Se cree que el brote tuvo su origen en una boda que se celebró ahí, a la cual asistieron personas de otros lugares, dijo Dan Satterwhite, pastor de una iglesia afiliada a Lighthouse United en el pueblo vecino de Pendleton. El pastor de la iglesia de Island City contrajo el virus y su esposa fue hospitalizada, señaló Satterwhite.

Satterwhite dijo que, en su propia iglesia, los asistentes estaban respetando el distanciamiento social y la mayoría de ellos usaban cubrebocas. Al principio, había transmitido en vivo por Facebook los servicios, pero algunos fieles rogaban por regresar a la iglesia y otros no tenían un acceso estable a internet.

“Estoy intentando hacer lo correcto. Sé que muchas personas no lo ven así, pero quienes lo creen sienten que la iglesia es esencial”, afirmó Satterwhite. “Se tienen que considerar otras cosas además de solo la salud física; también existe la salud espiritual”.

El brote ha avivado el rencor contra la iglesia por parte de los residentes que creen que sus miembros actuaron con negligencia, pero algunos funcionarios locales defendieron el proceder de esta. En un evento virtual de la alcaldía, el alguacil Boyd Rasmussen del condado de Union mencionó que la congregación había trasladado sus servicios religiosos al exterior en un intento de aplicar el distanciamiento social después de una queja que recibió la oficina del alguacil. La iglesia también realizó pruebas de coronavirus en su estacionamiento luego de que se reportaron casos, señaló J. B. Brock, director de emergencias del condado.

Ron Arbaugh, pastor de Calvary Chapel en San Antonio, dijo que su iglesia había seguido “la ley al pie de la letra” e intentó practicar el distanciamiento social desde que se le permitió reabrir en mayo. Los porteros de las iglesias, los encargados de recibir a las personas en la puerta principal y los líderes del ministerio de los niños usaron cubrebocas. Las familias se sentaron espaciadas en los bancos. Aproximadamente la mitad de la congregación usó cubrebocas.

Pero ahora, cerca de 50 feligreses y miembros del personal —incluidos el pastor y su esposa— han dado positivo para el coronavirus. Arbaugh dijo que hasta ahora todos los casos habían sido leves.

Dijo que no sabe cómo se propagó el virus en la iglesia, o quién lo trajo, pero que ahora se arrepiente de haber anunciado, después de varias semanas de reanudación de los servicios, que los feligreses podrían abrazarse de nuevo.

“En retrospectiva, debería haber dicho: solo mantengan la distancia”, dijo. “En un ambiente espiritual teníamos personas que estuvieron por tanto tiempo lejos de la congregación y aislados. Estaban dolidos. Llegamos a un punto en el que pensamos que necesitábamos servicios religiosos normales”.

Más de 80 casos se han relacionado con Kanakuk Kamps, un campamento juvenil cristiano en Missouri. Melisa Fisher, una madre cuyos hijos adolescentes asistieron a las instalaciones a principios de junio, dijo que los líderes del campamento habían pedido a los campistas que se pusieran en cuarentena durante dos semanas antes de llegar y que controlasen sus temperaturas. A los campistas les dieron cubrebocas para usar en entornos grupales, aunque no se les exigió utilizarlos en grupos más pequeños de campistas con los que compartían habitación, dijo.

“No creo que el campamento deba ser penalizado o mal visto por haber funcionado”, dijo. “Hicieron lo posible para que los chicos tuvieran algún tipo de normalidad”.

A pesar de que las principales denominaciones cristianas, las sinagogas y las mezquitas de todo Estados Unidos se han esmerado en diseñar planes detallados para su reapertura y han impuesto reglas estrictas, parece que algunos de los casos recientes han surgido en iglesias que no exigían el uso de cubrebocas ni que los miembros guardaran su distancia.

En Fort Myers, Florida, Carsyn L. Davis, integrante de la orquesta de una secundaria, asistió con otros cien chicos a una fiesta de jóvenes en su iglesia el 10 de junio. No usó cubrebocas y los chicos participantes en el evento, anunciado como una fiesta de compañerismo y juegos para celebrar el reinicio de los servicios religiosos de la iglesia, no mantuvieron su distancia, de acuerdo con el informe de un forense del condado de Miami-Dade.

Tres días después de la fiesta, Carsyn, quien padecía asma y de niña había superado un extraño trastorno neurológico, empezó con dolor de cabeza, presión sinusal y tos leve. El 23 de junio, dos días después de su cumpleaños número 17, falleció.

El pastor de la iglesia, Dustin Zarick, dijo en un video publicado en Facebook que la iglesia había cancelado todas las actividades de los jóvenes debido a que “varias familias habían sido afectadas por la COVID-19”. Señaló que la iglesia había tomado esta “decisión proactiva” con el fin de mantener a salvo a sus miembros.

“Son totalmente falsos los informes de los medios de comunicación y las publicaciones que acusaron a la iglesia de ignorar los protocolos o de participar activamente en prácticas que exponían el virus a nuestra congregación”, declaró la iglesia en un comunicado enviado por correo electrónico al Times.

Satterwhite, el pastor de Oregón, señaló que el escrutinio había recaído de manera injusta sobre las iglesias mientras que las empresas donde hubo brotes no enfrentaron las mismas represalias. “Creo que algunas personas se empeñan en usar este tipo de cosas para tratar de cerrar las iglesias”, señaló, y añadió que agradecía los comentarios favorables de Trump acerca de que las iglesias son esenciales.

Satterwhite mencionó que, al evaluar su responsabilidad como líder religioso, recurría a sus creencias. “Mi creencia es que tengo fe en Dios”, comentó. “Si Dios quiere que contraiga la COVID-19, lo voy a contraer. Y si Dios no quiere que me dé COVID-19, no me dará”.



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