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¿Y si escuchamos la alerta de las mariposas monarca sobre la crisis climática?


2022-08-11

Thelma Gómez Durán | The Washington Post

El 21 de julio se informó sobre otro hecho que nos recuerda que el futuro está cada vez más en vilo: la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) dio a conocer que la mariposa monarca migratoria (Danaus plexippus plexippus) entró a su lista roja como una especie en peligro de extinción. Un grupo de científicos revisó datos de casi una centena de publicaciones académicas y encontró que las poblaciones de monarcas migratorias han disminuido entre 22 y 72% en la última década.

Desde 1964, la lista roja es una herramienta para llamar la atención mundial sobre el presente y el futuro de la biodiversidad. Hoy la mariposa monarca es una de las 41,000 especies (animales, plantas y hongos) que transitan por algún punto de la ruta de la extinción. La población de estas mariposas aún es de millones de ejemplares, pero incluso así su futuro es incierto.

Lo que sucede con las monarcas es un reflejo del desdén histórico que hemos tenido hacia la Tierra, su biodiversidad y, ahora, hacia el cambio climático. Revertirlo tendría que ser una de las prioridades mundiales de gobiernos, empresas y ciudadanos, sobre todo si deseamos tener un futuro digno como humanidad.

Para entender por qué tener poblaciones de millones de individuos no garantiza librarse de la extinción es necesario saber que no todas las mariposas monarca migran. Hay poblaciones que son residentes de zonas tropicales del centro y norte del continente americano, y las islas del Caribe. Incluso hay monarcas en Australia. La UICN clasificó a esas poblaciones no migratorias en la categoría de “preocupación menor”: no están amenazadas ni desaparecerán en un futuro próximo.

Las monarcas que sí están en peligro son aquellas que cada invierno recorren buena parte de Norteamérica hacia el sur. Las monarcas migratorias se dividen en dos grupos principales: el que migra por el este, desde las grandes llanuras del norte de Estados Unidos y Canadá hasta los bosques de oyamel del centro de México; y el que viaja por la costa oeste para hibernar en los bosques de California. Las poblaciones de ambos han registrado disminuciones drásticas. Si en los años 1990 las colonias de monarcas, que recorren poco más de 4,000 kilómetros para llegar a los santuarios de Michoacán y Estado de México, ocupaban entre cinco y 10 hectáreas, en los últimos tres años no han ocupado más de tres, de acuerdo con los datos de WWF México, organización que desde 1993 realiza monitoreos en la zona.

Las monarcas que migran por el oeste a California enfrentan la situación más grave: su población ha disminuido alrededor de 95% si se compara con los números que tenía en los años 1980, según la iniciativa Western Monarch Thanksgiving Count.

La disminución en las poblaciones de la monarca se debe a diversas causas, pero una de las más significativas es el intenso uso de herbicidas en los campos de monocultivos que se extienden en la zona central de Estados Unidos. Eso ha llevado a una disminución importante de las Asclepias, también conocidas como algodoncillo: plantas silvestres de las cuales se alimentan exclusivamente las orugas de las mariposas monarca.

La falta de alimento en las zonas de reproducción de la mariposa se une a los incendios que han afectado a los bosques donde hiberna, así como las presiones que viven estas zonas forestales.

En México, desde 1986, el gobierno declaró 16,000 hectáreas de bosques de Michoacán y Estado de México como área natural protegida, y en el año 2000 las amplió a las 56,000 que hoy integran la Reserva de la Biosfera Mariposa Monarca. Eso llevó a que se prohibiera la tala en la zona núcleo de la reserva, se estableciera un pago por servicios ambientales a ejidos y comunidades que tienen terrenos en el lugar, y se impulsara el turismo en los santuarios como una alternativa económica para los pobladores.

Esas medidas han logrado conservar buena parte de la cobertura forestal de la reserva, pero no ha detenido por completo la tala ilegal: entre marzo de 2020 y el mismo mes de 2021 se perdieron 13.9 hectáreas en la zona núcleo. Además, dentro y fuera de la reserva, las presiones hacia el bosque crecen. En los alrededores se han registrado incendios, muchos provocados, para expandir la siembra de árboles de aguacate. La presencia recurrente del fuego, sobre todo dentro del área natural protegida, también es resultado de las cada vez más intensas sequías que se resienten en las zonas boscosas.

Las condiciones climáticas extremas están haciendo más vulnerables a los bosques templados como los de oyamel, como ha documentado el sitio Mongabay Latam, y colocando en una situación aún más difícil a especies como las monarcas migratorias. En 2002, por ejemplo, una tormenta invernal mató a cerca de 500 millones de estas.

Al declararlas en peligro de extinción, la UICN advierte que si la población de estas mariposas sigue en declive no podrá enfrentar las crecientes amenazas del cambio climático.

Quizá la mariposa monarca no se extinga: las poblaciones residentes y otras que se están estableciendo en lugares donde hay disponibilidad de algodoncillo dan señales de que la especie se adapta y busca caminos para garantizar su futuro. Investigadores como el doctor Alfonso Alonso, de la organización Monarch Butterfly Fund e investigador del Centro para la Conservación y la Sustentabilidad del Smithsonian Conservation Biology Institute, me dijo en una entrevista desde hace un año: lo que está en riesgo no es la especie, es el fenómeno migratorio de las monarcas. Y eso no es una cosa menor.

Las monarcas son uno de los principales motores que impulsan la conservación de la zona forestal del centro de México, donde se encuentran 57 ejidos y 13 comunidades. Muchas de las personas que habitan estos territorios, al igual que la mariposa, también son migrantes que viajan a otros estados y a Estados Unidos en busca de trabajo.

En invierno, cuando la monarca llega, muchos de esos migrantes también regresan a sus comunidades. Para ellos y sus familias el turismo es una de las pocas fuentes de ingresos que encuentran en su tierra.

Si la monarca deja de migrar no solo los bosques de oyamel quedarán más vulnerables, también lo serán las comunidades que se encuentran en ese territorio y, sobre todo, las áreas metropolitanas de Toluca y Ciudad de México, que reciben el agua que se genera gracias a la existencia de esas zonas forestales.

El listado de la IUCN no obliga a los gobiernos a realizar programas con metas concretas para evitar una extinción, pero si ofrece información para ayudar a tomar decisiones en favor de la conservación. Es una advertencia sobre todo el universo que se pierde cuando una especie desaparece. El ingreso de la monarca nos recuerda que, en tiempos de cambio climático, tener una población de millones no garantiza el futuro.

Por eso la urgencia de actuar con acciones individuales, pero también exigiendo a empresas y gobiernos que atiendan dos de los mayores retos que tenemos enfrente: mitigar el cambio climático y conservar la biodiversidad.
 



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