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El peso desobediente


2009-07-12

Si no queremos que el peso se devalúe,
tendríamos que no dar motivos y componer
nuestra economía y finanzas.

Después de una prolongada euforia por los buenos deseos sobre la economía mexicana, luego de una inusitada y alebrestada opinión del secretario de Hacienda, Agustín Carstens, en el sentido de que "igual de fuerte que el desplome, así viene la recuperación económica", el mercado de cambios le respondió de diferente manera, casi con una bofetada, y de los 13.20 pesos por dólar en los que estaba fluctuando nuestra moneda, se disparó hasta los 13.70 pesos, perdiendo 50 centavos en un par de días.

Las reservas monetarias dan cuenta de un déficit de la reserva internacional del Banco de México en lo que va del año, al cierre de junio, de 11,316 millones de dólares, ubicándose en 74,125 millones de dólares; implicando una baja del 13.25 por ciento. Desde el 8 de octubre de 2008 se han inyectado al mercado 28 mil 949 millones de dólares. Este es el costo financiero por defender la cotización del peso con fines políticos.  Apenas pasaron las elecciones y el peso sufre una brusca caída del 5 por ciento en esta semana.

El mercado de cambios responde de esta manera y la respuesta no ha sido satisfactoria. El gobierno debe estar enfurecido, más todavía el coraje por la derrota electoral. Ese estado de ánimo se refleja en los mercados financieros. La bolsa de valores también hizo su reparo y perdió esta semana 389 puntos, 1.6 por ciento.

Luego de tantas lecciones sufridas no aprendemos que la cotización del peso frente al dólar o a cualquier otra moneda es de acuerdo con el resultado del diferencial inflacionario entre México y Estados Unidos, para medir la cotización peso-dólar. Pero también el mercado no es tan incauto para registrar y tomar en cuenta la inflación oficial que reportan las dependencias oficiales, sino la que en realidad es, la de los bolsillos del ciudadano. De tal forma el peso podría estar subvalorado respecto de la inflación oficial de los últimos 7 años (2002-2009), que en México fue del 20.25 por ciento, y en Estados Unidos, de 14.6 %, por lo tanto resulta un diferencial del 5.6 por ciento. Este entonces, el diferencial de inflación México-EU, debería ser la base para la devaluación del peso. Si  devaluamos la cotización que el peso tenía en el 2002, 10.56 pesos por un dólar, por este porcentaje de 5.6 por ciento, entonces estaríamos hablando de una cotización aproximada de 11.13 pesos.

FICCIÓN CONTRA REALIDAD

Pero, los mercados internacionales no evalúan como cierta la inflación oficial sino la que se palpa en la vida real. De acuerdo con los 13.70 pesos que está ahora cotizando, el mercado financiero ha estimado que la inflación en este periodo de 7 años ha sido del 43 por ciento, lo cual nos resulta que es creíble y real si recordamos lo que han subido -en términos reales-  los precios de nuestros consumos habituales, en donde se va nuestro gasto: tarifas, servicios, impuestos, transporte, gasolina, teléfonos, electricidad, colegiaturas, alimentos y bebidas, ropa, calzado,  etc. Entonces la cotización del peso en el mercado nos revela esta verdad oculta con mentiras, y que la inflación no fue del 20 por ciento del 2002 al 2008, sino 23 puntos arriba, poco más del doble.

También resulta una tontería filtrar tantos miles de millones de dólares al mercado de cambios, que ni son del gobierno, sino de la reserva monetaria que tiene otro uso y destino, para mantener a flote el peso y que se cotice barato, cuando en tal caso debería optarse por una libre flotación para que encuentre su nivel conforme la oferta y la demanda; y no estar surtiendo el mercado con dólares baratos, dólares que finalmente van a las empresas y trasnacionales para repatriar sus capitales, o para alentar la fuga de capitales. En el caso de las exportaciones se verían estimuladas con dólares caros. Pemex sería la más beneficiada.  Los importadores, claro que saldrían perjudicados, se desestimularían las compras del extranjero, saldría menos dinero del país. Y desde luego que las devaluaciones a quienes más golpea son a los más ricos, no a los más pobres, quienes sí, finalmente, pagan los platos que no rompen.

En fin, se podrían plantear decenas de hipótesis al respecto si hablamos de consecuencias, buenas y malas. Pero lo que si debe quedar claro es que la inflación, en la práctica, la mide el mercado de cambios, la cotización de nuestra moneda que actúa como un patrón auditor.  Y desde luego que la inflación incide en las cotizaciones de la moneda. Son afines de ida o de vuelta. Pero más aún, son mediciones reales que no toman en cuenta las oficiales, y tarde o temprano se ajustan y se encuentran en equilibrio.

FACTORES ESPECULATIVOS

Así también, fuera de las mediciones técnicas sobre las fluctuaciones monetarias, como el de la inflación, las presiones o distensiones sobre la economía y la política influyen especulativamente tomando en cuenta las expectativas conforme a las tendencias que se viven, en la arena política, en económico y financiero, en el bienestar o malestar de la población, en el empleo y desempleo; pero sobre todo en la seguridad o inseguridad de las personas y de los capitales. La violencia, la delincuencia y el terrorismo es el factor que más incide especulativamente sobre las monedas y las inversiones. En tales circunstancias el entorno de nuestro país no está para echar a sonar las campanas, sino más bien para tenerlas quietas y silenciosas, y ser más activo y efectivo en el hacer que en el pensar o declarar. La política y los desencantos sobre ella han propiciado este clima de inestabilidad, zozobra y de pánico entre la población que se encuentra amedrentada por las amenazas del crimen organizado que se encuentra encriptado en las altas élites del gobierno, como ha quedado demostrado. El secuestro encubierto es una calamidad todos los días, en los que se sueña o se padece.

Mientras prevalezcan estas condiciones, las expectativas para salir de la recesión se ven más difíciles, lejanas  y con visos de que pueda empeorar, principalmente por el desempleo, que al mismo tiempo se traduce en una baja todavía mayor de productividad. Si no hay productividad no hay recursos económicos para disponer. Sin recursos económicos, sin dinero, todo lo demás se vuelve una calamidad. Una verdadera crisis más allá de la que estamos viviendo.

Hay desde luego soluciones. Lástima que el gobierno esté tan lejos de ellas. No podemos esperar que los que se encuentran gobernando, como lo han demostrado, puedan surgir de ellos una solución acertada. Francamente no. Menos aún cuando cada uno de ellos tiene sus intereses creados, atípicos a los de la población. México bien administrado y bien gobernado sería una verdadera potencia económica capaz de resolver sus problemas, transformando desocupación en ocupación productiva generadora de riqueza. El campo es simple y llanamente una excelente opción, que los japoneses y chinos están aprovechando frente a la crisis global. La riqueza petrolera es para cuidarla y no para explotarla vanamente. No es lo mismo vender petróleo crudo que productos derivados y manufacturados.

Pero, finalmente, la corrupción es la quimera de mil cabezas que sigue siendo el azote de todos nuestros problemas. Es aquí donde debe estar el centro de atención y solución. Es aquí donde radica la impotencia ciudadana, sobre todo cuando los representantes del pueblo, los legisladores, nos han dado la espalda una vez instalados en sus curules y embestidos del fuero y la impunidad que les damos. Se olvidan de sus promesas de campaña y ya estando en la cúpula se contaminan de la maldita corrupción.

EXPECTATIVAS

Ante este panorama cada quién tiene que valorar la situación y las circunstancias y tomar sus propias decisiones, tomando en cuenta las opiniones que se vierten sobre las tendencias y expectativas económicas y financieras. Mal haríamos dejarnos llevar por la información tendenciosa y amañada que nos trasmiten los medios de comunicación comprometidos con los que solapan la realidad. Si de algo estamos hartos es de la contaminación audiovisual con mensajes y propaganda política que vemos por todos los medios, y que no dejan de hablar y de decirnos tantas mentiras, como también no dejan de vernos como si fuéramos unos tarugos.

Así que si no queremos que el peso se devalúe, tendríamos que no dar motivos y componer nuestra economía y finanzas. Ni por decreto, ni en Los Pinos, se puede regular su valor; sino que son las condiciones económicas, financieras y políticas, las que determinan su valor en el mercado, y las cotizaciones que valen son las que se registran en los mercados mundiales, en donde el peso está sujeto a la oferta y demanda global, en donde se cotiza diariamente.

Cuales son las expectativas de que la crisis se resuelva, que la recesión se convierta en reactivación económica, que la inflación baje, que el clima de alta tensión por la delincuencia y la violencia disminuya, que la clase gobernante actué con sensatez, eficiencia y honestamente. Sobre estas expectativas están puestas las de nuestra moneda también. Así de simple y hablando en términos generales.



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