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Cautela y desconfianza en los mercados


2009-07-28

José Manuel Rodríguez Solar

Lo mismo pueden quebrar las empresas que los bancos

Todas las inversiones a estas alturas, después de tantos sobresaltos y hechos insólitos, resultan un albur, ninguna puede ser considerada completamente segura, ni siquiera las inversiones bancarias de renta fija; menos aún en medio de tan acrecentada especulación que priva en los mercados financieros y bursátiles y ante las turbulencias financieras en apogeo. Como corolario de la crisis que estamos viviviendo podemos decir que la confianza en las inversiones se ha perdido y hoy todas son inseguras. Los inversionistas están asustados.

Lo mismo pueden quebrar las empresas que los bancos y entonces los inversionistas ante el disimulo de los gobiernos y autoridades reguladoras de los mercados financieros, se quedan sin su dinero y tal vez haciendo reclamaciones infructuosas ante los juzgados o tribunales civiles, como ocurre con pequeños y grandes inversionistas que confiaron sus inversiones en empresas como General Motors, Chrysler, Citigroup, o cualquier otra de las miles que están en bancarrota no solo en Estados Unidos sino en todo el mundo. 

Es el caso de estas grandes empresas y bancos que se consideraban los más grandes, seguros y solventes, iconos del imperialismo y del neoliberalismo, que han puesto a temblar a todo el sistema financiero mundial.

El caso de General Motors, una empresa centenaria, de tradición, abolengo y la preferida de barones y magnates del dinero, es el más sonado y reciente del atraco a accionistas e inversionistas que salieron defraudados y que perdieron todo su dinero. Hasta los inversionistas -que a través de bonos financiaron durante años las operaciones de esta empresa- salieron trasquilados de la noche a la mañana y ya no pudieron recuperar sus inversiones.

Las acciones de GM ya no se cotizan en la bolsa de valores de Nueva York y ahora solamente se especula con ellas en el mercado negro a menos de 40 centavos de dólar, cuando hace un año valían arriba de los 20 dólares; pero en realidad no valen ni un solo centavo.

A los inversionistas que prestaron su dinero a esta misma empresa través de "bonos" con un rendimiento fijo, ahora, resulta que a estos les van a liquidar sus inversiones cuando la empresa, protegida por el gobierno norteamericano y en complicidad, quiera, pueda y de la manera que se les dé la gana. 

Tanto los tenedores de "bonos" como de "acciones" han sido terriblemente defraudados, de tal forma que el ciento por ciento de sus inversiones en esta empresa se ha perdido, o se mantienen en el aire de lo insospechado, sin ninguna expectativa que calme su desesperación.

Las empresas, los empresarios mejor dicho, jugaron con el dinero de sus inversionistas, como si sus bonos o sus acciones, fueran apuestas de azar.  Estados Financieros falsos, manejos contables fraudulentos, saqueo constante a través de estratosféricos sueldos, bonos, viáticos, canonjías, etc.; fueron unas de las tantas artimañas que usaron estos directivos de las empresas para defraudar a cientos de miles de inversionistas que confiaron en la solvencia de sus compañías.

Cómo es posible que tales empresas hayan tenido que terminar y culminar en bancarrota, cuando por más de un siglo acumularon grandes ganancias del boom automotriz, financiero y bursátil.

De la noche a la mañana se han revelado situaciones insospechadas. Revelaciones que han puesto a temblar no sólo al sistema financiero sino a los mismos gobiernos de los países a los que pertenecen.

Cientos de miles de millones de dólares han tenido que desviarse de los presupuestos gubernamentales para su salvamento para que no se colapse la economía mundial que atraviesa la gran depresión y recesión de la que todos sabemos y somos testigos. Pero más que para salvamento de la economía ha sido para rescatar a los grandes defraudadores del sector financiero privado, tales los casos de Bernard Madoff y Allen Stanford, dos auténticas joyas de la estafa mundial y de toda la historia, que con la complicidad y contubernio de autoridades y bancos estafaron a miles de inversionistas.

En estas circunstancias la confianza en el sistema financiero mundial está en jaque mate y va a costar mucho trabajo que se recupere. De tal forma los inversionistas deberán ser muy cautelosos y desconfiados de hoy en adelante. Los altos rendimientos son además, a partir de hoy, una advertencia del alto grado de riesgo que corren los que invierten su dinero en esas empresas, personas o bancos que ofrecen maravillas y desaparecen el dinero por arte de magia.

Valiente chiste que ni las inversiones de renta fija, no especulativas, tengan los riesgos de los que estamos hablando, como si fueran pronósticos deportivos, billetes de lotería o apuestas en carreras de caballos. Peor aún, que ni los bancos sean seguros y que los gobiernos se hagan de la vista gorda.

En síntesis, más vale pájaro en mano, que cientos volando. Más vale el oro físicamente que cualquier otra inversión de papel. Especialmente y mientras la incertidumbre esta en el aire y los mercados financieros y bursátiles en el ojo del huracán, en medio de semejante crisis económica mundial.



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