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Agravio tras agravio


2014-09-05

Miguel Ángel Velázquez, La Jornada

Son tan iguales, priístas y panistas, que a partir de sus derrotas en la ciudad de México desarrollaron cierta necesidad de venganza, que pasa de uno a otro, y que se muestra en muchos actos contrarios a los habitantes del Distrito Federal.

Lo que sucedió en el Zócalo durante la perorata del día 2 del mes del cinismo es parte de esas venganzas. Para nadie es un secreto que en actos como el que se dio aquel día, el gobierno de la ciudad cede el control, por ejemplo del centro del DF, a las agencias de seguridad de la Presidencia de la República.

Es más, hay veces que se requiere llamar a la memoria para tener en cuenta que, por mandato constitucional, el jefe de la policía es un nombramiento que llega desde la misma Presidencia de la República, y el control de las fuerzas policiacas también queda bajo los mandos del mismo gobierno federal.

No se trata, por ningún motivo, de explicar desde aquí lo que pareciera una omisión dolorosa del gobierno de Miguel Ángel Mancera, pero no es posible tener en claro la película sin los datos que nos permitan una reflexión acertada. Por eso no es posible pasar por alto que las autoridades del DF poco o nada pudieron hacer frente a la invasión de vehículos a la plancha del centro político de todo el país.

El Zócalo de la ciudad de México es la protesta política, el grito de independencia, la postal que representa a todo México, el lugar por donde desfilan las fuerzas armadas y desde donde se rinden los mal altos honores a nuestra bandera y a la patria. Pero todo eso, o por todo eso, a los priístas nada importa, porque la historia no les merece respeto.

Y más: en el caso de los habitantes de esta ciudad, llevar los vehículos de los invitados fue un acto pensado; la logística empleada por quien sea, de la Presidencia de la República, no pudo ser un acto exigido por las circunstancias. La invasión se planeó, seguramente se discutió y se aprobó. Pero en lo político hay un trasfondo que merece el análisis.

Se quiso humillar a muchos de los habitantes del DF. Convertir su Zócalo en estacionamiento es un hecho que ofende, desde luego, a la ciudad. La Plaza también es un símbolo para quienes habitan la capital, y sólo en un acto de venganza se podría pensar en dañar a una población que rechaza a la derecha política una y otra vez.

Y es que, como dijimos, no es posible que desde las más altas esferas de las agencias de seguridad de la Presidencia de la República no se hubiera tenido en cuenta, para nada, cada uno de los significados que tiene esa plancha para buena parte de los capitalinos, porque, si no es así, desde mañana podríamos exigir nuestro derecho para estacionarnos en pleno Zócalo. Qué tal.

De pasadita

Y ya que hablamos de agravios, la señora Dhyana Quintanar, que hasta ayer fungía como directora de Planeación de la Secretaría de Movilidad, es una destacada –eso se dice– bióloga, que algo de lo que le dio la universidad deberá estar aplicando en los planes que se elaboran desde los proyectos de movilidad que se hacen en esa secretaria, y, como es tan eficiente, pues ahora la mandaron a otro puesto donde también podrá desarrollar lo que aprendió: será la nueva Autoridad del Espacio Público. Cómo ven.

Por cierto, ¿sabía usted que desde febrero pasado Miguel Ángel Mancera había anunciado lo que ahora quiere Peña Nieto convertir en noticia fresca? Nos referimos a las cuatro obras de ampliación del Metro. Así que aguas con lo que se oye, y aguas con lo que le tratan de vender.



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