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Deuda y más deuda


2016-04-12

Carlos Fernández-Vega, La Jornada

Lo que la Secretaría de Hacienda recorta, el Banco de México mágicamente lo recupera, y los dos enormes tijeretazos presupuestales practicados por el ministro del (d) año, más el anunciado para 2017, resultan peccata minuta para el doctor catarrito, aunque finalmente no servirá de mucho pues todo se adeuda.

Resulta que la junta de gobierno del Banco de México informó que en 2015 esa institución financiera registró un resultado neto (lo que en una empresa privada serían utilidades limpias de polvo y paja) superior a 378 mil millones de pesos, un mundo de dinero si se compara con lo que Luis Videgaray le ha restado –y le restará– al presupuesto de egresos de la Federación.

Ese monto supera con creces al recortado por el ministro a los presupuestos de 2015 (124 mil millones de pesos) y 2016 (132 mil millones), y todavía queda un remanente que parcialmente cubriría el anunciado para 2017 (175 mil millones).

Sin embargo, la benevolencia del Banco de México no es total, puesto que del monto citado conserva alrededor de 139 mil millones para incrementar sus reservas de capital y de revaluación de activos, y el resto –alrededor de 239 mil millones– tiene por destinatario al gobierno federal, vía la Secretaría de Hacienda.

Felicidades, pues, mexicanos incrédulos, que reapareció el dinero recortado, pero sólo para pagar deuda. Así es. Tal remanente debe destinarse, por ley, a disminuir el endeudamiento y mejorar la posición financiera del gobierno federal.

Sólo para pagar deuda y juntar unos centavitos para la liquidez del gobierno federal y su gabinetazo. Si alguien pensaba que con esos dineros se retomaría, por ejemplo, el proyecto del tren de alta velocidad México-Querétaro (aquel en el que aparecía Juan Armando Hinojosa Cantú, el amigo de Peña Nieto, donador de la Casa Blanca y la de Malinalco, y hoy de nueva cuenta en la picota por los Panama papers) pues simple y sencillamente erró en el análisis.

El problema es que, por un lado, con los dineros liberados por el Banco de México el gobierno federal pagará algo de su voluminosa deuda pero, por el otro, seguirá endeudándose hasta la coronilla, por la simple razón de que su estrategia es contratar deuda para pagar deuda, en una ruta que no tiene fin. Y tan no lo tiene que a estas alturas el débito total del sector público roza los 9 billones de pesos y aún le restan dos años para pedir más deuda.

Ayer mismo la Secretaría de Hacienda detalló que 167 mil millones de pesos (70 por ciento de los dineros que le entregará el Banco de México) se destinarán a recomprar deuda existente del gobierno federal (hasta por 103 mil millones de pesos) y a disminuir el monto de colocación de deuda del gobierno federal durante 2016 (al menos 64 mil millones, de acuerdo con la citada dependencia del Ejecutivo).

Se trata, de acuerdo con Hacienda, de amortizar deuda pública del gobierno federal (no del sector público en general) contratada en ejercicios fiscales anteriores, o a la reducción del monto de financiamiento necesario para cubrir el déficit presupuestario que, en su caso, haya sido aprobado para el ejercicio fiscal en que se entere el remanente, o bien, una combinación de ambos conceptos.

Del 30 por ciento restante, explicó la dependencia a cargo del ministro, 70 mil millones de pesos se canalizarán a una aportación al Fondo de Estabilización de los Ingresos Presupuestarios y aproximadamente mil 700 millones al pago de aportaciones pendientes a organismos internacionales (como el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco de Desarrollo de América del Norte, entre otros), mismas que constituyen una inversión de capital del gobierno federal.

Bien, pero por otro lado en 2016 el gobierno federal tiene planeado (y para ello cuenta con autorización del Legislativo) contratar deuda interna por no menos de 535 mil millones de pesos y externa por alrededor de 100 mil millones adicionales, para un total de 635 mil millones de pesos, es decir, un monto casi cuatro veces mayor al que, gracias al Banco de México, destinaría a disminuir la deuda del gobierno federal, de tal suerte que a ese paso no habrá remanente, por voluminoso que sea, que alcance para nada.

Allá por finales de enero pasado el fabuloso ministro del (d) año anunciaba que la dependencia a su cargo analiza rescatar a Petróleos Mexicanos a consecuencia del desplome de los petroprecios y las crecientes pérdidas acumuladas por la ex paraestatal, con Emilio Lozoya al frente de la tienda. Y gritaba a los cuatro vientos que no quepa ninguna duda: el gobierno federal está preparado y listo para respaldar a Pemex.

Pues bien, casi tres meses después el ministro sigue consultando al oráculo para el asunto del anunciado rescate financiero de la ahora empresa productiva del Estado, aunque vanamente porque ayer mismo la Secretaría de Hacienda reconoció que el gobierno federal continúa analizando los instrumentos a su disposición para apoyar a Petróleos Mexicanos. Las características del referido apoyo serán dadas a conocer en los próximos días, es decir, lo mismo que anunció en enero pasado.

Entonces, del regalo del Banco de México ni un solo centavo se destinará a la empresa del Estado que más ha contribuido, y lo sigue haciendo, a las finanzas públicas. Ni un caramelo pues, mientras el flamante director de Pemex, José Antonio González Anaya, hace circo, maroma y teatro para reflotar financieramente a la ex paraestatal, al tiempo que la Secretaría de Hacienda le exprime hasta el último centavo.

Qué tal: remanentes para pagar deuda, sin dejar de endeudarse a manos llenas. Total, les quedan dos años y pico y no lo pagan ellos.

Las rebanadas del pastel

Alegraos, mexicanos sumisos, que –entiéndase bien– “la corrupción no es un tema racial, (aunque) sí un tema cultural… pero cultural como seres humanos” (filósofo de la cleptocracia y desfacedor de entuertos por conflicto de intereses Virgilio Andrade, quien en sus ratos libres despacha como secretario de la Función Pública). ¡Ole! Atracad, pues, pero cultamente… Si de cínicos y cinismo se trata, allí está la asociación de panistas y perredistas para formar un frente anticorrupción e impulsar leyes que la combatan. Ajá, y ¿quién la encabezará? ¿Los chuchos o los blanquiazules de los moches?... Y el chiste del día va por cortesía de Miguel Angel Mancera: no se permitirán abusos de Uber. Juar, juar.



KC


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