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FC Barcelona, esclavos del tridente


2016-11-21

Ramon Besa, El País

Los números actuales del Barça en la Liga remiten a los tiempos de Frank Rijkaard, por los puntos y por el marcador del Camp Nou, y abren el recurrente debate sobre la dependencia de Messi. Han perdido dos partidos (Celta y Alavés) y empatado otros dos (Atlético y Málaga) de los 12 disputados, y en los cuatro la participación del argentino ha sido parcial o nula, como el sábado en el Camp Nou. Ocurre que de los 10 puntos cedidos, siete han sido en su propio estadio y tres en cancha contraria (Balaídos) después de visitar San Mamés, Mestalla y Pizjuán. No aprovechan los azulgrana el factor campo y tuvieron dificultades para batir también al Granada por 1-0.

Al Barcelona le cuesta enfrentar a los contrarios que defienden con una línea de cinco, como dispuso Juande Ramos, y difícilmente es capaz de ganar un partido por la vía épica, simbolizada en Piqué, un coloso cuya aportación ofensiva ante el Málaga resultó tan estéril como en Vigo. Los barcelonistas tiraron hasta 54 centros, récord histórico desde 2005, y ninguno fue rematado a la red, pese a que disparó hasta 28 veces sobre el portal del soberbio Kameni. Paco Alcácer, inédito desde el minuto 10 al 41, no fue la solución, su ansiedad y desmoralización resultaron contagiosas hasta para Neymar. No está acostumbrado el equipo a jugar con un ariete como el delantero del Valencia, que ahora mismo corre el riesgo de sentirse inútil y perdido, como si no fuera precisamente un jugador apto para el Barça.

El equipo de Luis Enrique está concebido para atacar con el tridente que forman Messi, Luis Suárez y Neymar. O, en caso contrario, se despliega a partir de los movimientos de Messi. Y, en su ausencia, se remite a la pegada de Suárez. Ausentes el uruguayo y el argentino, no encontró recursos colectivos ni individuales —agravados por la lesión de Iniesta—, tampoco tácticos, para abatir al Málaga. El Barça no se quedaba a cero en su estadio desde la visita precisamente del equipo andaluz en 2015. El virus FIFA, manifiesto también en la visita del Alavés, le ha afectado tanto como las lesiones, que han condicionado las rotaciones de Luis Enrique.

Los azulgrana escarmentaron la pasada temporada, cuando el desplome de abril amenazó el doblete, y aspiran a resistir ahora para estar en plena forma cuando se disputen los títulos, circunstancia que obliga a no hacer más concesiones en la Liga después de que la diferencia con el Madrid haya aumentado a cuatro puntos después del derbi del Calderón.

Al Barça, sin embargo, le aguarda un calendario exigente: el domingo visita Anoeta, donde no gana desde 2007, y después recibe al Madrid y al Espanyol, con una visita de por medio a Pamplona. Neymar, además, está apercibido de sanción, después de que Luis Suárez cumpliera el ciclo de cinco tarjetas contra el Málaga.

Los rivales exigirán la mejor versión de un equipo que ahora mismo es irregular e inestable, discontinuo, capaz de protagonizar buenos y malos momentos en el partido más difícil, como pasó en Manchester y Sevilla. A veces le ha faltado finura, en otras contundencia, también ha estado falto en ocasiones de profundidad y velocidad, y mayoritariamente da la sensación de que juega siempre como si en el campo estuviera el tridente, incluso los días en que no actúan Messi ni Luis Suárez. No es una cuestión solamente de identidad ni de estilo, sino que los tres delanteros han simplificado para bien —casi siempre— y también para mal el fútbol del Barça.



JMRS


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