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Argentina ante Chile, una victoria inmerecida


2017-03-24

Ezequiel Fernández Moores, The New York Times


Aunque anotó el penal que dio a la Argentina su triunfo en el partido contra Chile por las eliminatorias para el Mundial de Rusia 2018, Messi terminó frustrado, insultando a un juez de línea. Victor R. Caivano/Associated Press

En pocos lugares debe vivirse tan pasionalmente el fútbol como en Argentina. Hace exactos cuarenta y un años, el 24 de marzo de 1976, el país sufría el golpe de Estado que iniciaba la más sangrienta de sus dictaduras. Los militares anunciaban por cadena nacional los comunicados que, uno tras otro, establecían el estado de sitio e imponían puras prohibiciones. Hasta que llegó el número 23. Era el comunicado que no prohibía, sino que, por lo contrario, autorizaba. La TV podía trasmitir el partido amistoso que la Blanquiceleste jugaba ese mismo día ante Polonia en Chorzow.

Era la selección de César Luis Menotti que dos años después daría a la Argentina su primera Copa de la FIFA, el Mundial 78, en cuya final venció 3-1 a Holanda en tiempo extra, en el Estadio Monumental de River Plate. La segunda copa fue la de Diego Maradona en México 86. Leo Messi estuvo a un paso de lograr la tercera en el último Mundial de Brasil 2014. Alemania le ganó la final 1-0 en tiempo extra. La selección Albiceleste sigue igualmente como número uno en la clasificación de la FIFA y buscará revancha en la próxima Copa de Rusia 2018. Pero difícilmente podrá lograrlo si juega tan mal como lo hizo este jueves contra Chile.

El Estadio de River estaba de fiesta como en el Mundial 78. El partido tenía un morbo especial porque Chile había sido el verdugo en las dos últimas finales de Copa América (2015 y 2016) y la selección Blanquiceleste debía ganar para salir del incómodo quinto puesto de la eliminatoria sudamericana, sin boleto directo a Rusia. Más de cincuenta mil personas vibraron cuando sonó el himno nacional. Lo cantaron en su nueva versión, sin la letra original, acompañando la música con un “Oooh” prolongado. Pura emoción colectiva. Escuché por primera vez esa versión del himno cuando Argentina jugó acaso el partido más brillante de su historia. Seis cero a Serbia y Montenegro en la primera fase del Mundial de Alemania 2006. Ese día Messi anotó su primer gol con la selección mayor.

Muchos atribuyen el nacimiento del himno del “Oooooh” a los hinchas argentinos que acompañaron a la selección de rugby, los Pumas, cuando logró un histórico tercer puesto en el Mundial de Francia 2007. Como sea, la selección de Messi ganó el jueves 1-0 a Chile y subió al tercer puesto de la eliminatoria. Pero el rugby no se agotó en ese himno guerrero. Argentina ganó el jueves como si estuviese jugando al rugby. Con pelotazos hacia adelante y sin destino claro. Y arrinconada en su arco en los minutos finales, como los Pumas que defendían con fiereza su in goal en el mundial de 2007. El juego de la selección Albiceleste ante Chile, para ser claros, fue un insulto para el país de Maradona y de Messi.

“Jugamos brillante, diez puntos”, sintetizó, sin embargo, Edgardo “Patón” Bauza. El técnico argentino, campeón de la Copa Libertadores de América con Liga Deportiva Universitaria de Quito en 2008 y con San Lorenzo de Almagro en 2014, se está convirtiendo en un personaje de risa. Unos días antes del partido, con Argentina todavía sin boleto directo al mundial, dijo suelto de cuerpo al diario La Nación que no sabía qué haría de su vida después de que ganara la copa en Rusia. Dio como un hecho que será campeón, como lo fueron Menotti en 1978 y Carlos Bilardo en 1986.

Sin embargo, en los siete partidos que lleva al frente en el puesto (tres triunfos, dos empates y dos derrotas), Argentina tiene escasos minutos de juego aceptable. El jueves ante Chile, pese a la victoria —inmerecida— el juego fue aún peor. Ganó gracias a un penal más que discutible sancionado por el árbitro brasileño Sandro Ricci cuando Angel di María se dejó caer dentro del área. Messi había fallado su disparo en la serie de penales que definió la final de Copa América ganada por Chile en 2015. El jueves no falló. A cuentagotas, volvió a ser la única luz del equipo. Pero terminó frustrado, insultando a un juez de línea. Seguramente consciente de que, pese al optimismo de Bauza, Argentina jamás podrá ganar un mundial jugando así.

Pero ¿acaso Gonzalo Higuaín no es el goleador que costó a Juventus 94 millones de euros? ¿Y el Kun Agüero? ¿Y Di María? ¿No son “los cuatro fantásticos”, como se empeña en llamarlos la prensa argentina? En la selección casi nunca lo han sido. También Javier Mascherano naufragó el jueves, pese a que Chile no tuvo en el mediocampo a Arturo Vidal, su mejor jugador, que cumplió una fecha de suspensión.

El fútbol argentino tiene técnicos triunfadores en Europa. Diego Simeone en Atlético Madrid, Jorge Sampaoli en Sevilla y Mauricio Pochettino en Tottenham, solo por citar a algunos. Pero ninguno de ellos fue contratado para la selección. Tampoco Marcelo Bielsa. Allí está Bauza, el optimista eterno. Dijo que para la próxima fecha del martes, contra Bolivia, en los 3600 metros de altura de La Paz, se imagina una selección que “corte, corte y corte” el juego, que mantenga el marcador cero-cero hasta los setenta minutos y que defina acaso en los últimos veinte, tal vez con un gol de pelota parada. ¿Habrá que esperar acaso otro penal regalado que dispare Messi? Poco, demasiado poco, para tanta pasión.

 



yoselin


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