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Tomás Moro, político y humanista inglés


2017-06-01

Por: José Gómez Cerda 

Tomás Moro, político y humanista inglés, nació en Londres, en 1478, murió en esa misma ciudad en 1535, decapitado por orden del Rey Enrique VIII, por respaldar la posición de la Iglesia Católica, de oponerse a su divorcio.

Estudió en la Universidad de Oxford y accedió a la corte inglesa en calidad de jurista. Su experiencia como abogado y juez le hizo reflexionar sobre la injusticia del mundo, a la luz de su relación intelectual con humanistas europeos, como Erasmo de Rotterdam. Desde 1504 fue miembro del Parlamento, donde se hizo notar por sus posturas audaces en contra de las injusticias.

Su obra más relevante como pensador político fue su libro Utopía. En dicho escrito criticó el orden político y social establecido, bajo la fórmula de imaginar una comunidad perfecta; su modelo está caracterizado por la igualdad social, la fe religiosa, la tolerancia y el imperio de la Ley, combinando la democracia en las unidades de base con la obediencia general a la planificación racional del gobierno.

El Rey Enrique VIII, atraído por su valía intelectual, lo promovió a cargos de importancia: embajador en los Países Bajos (1515), miembro del Consejo Privado (1517), portavoz de la Cámara de los Comunes (1523) y canciller desde 1529. Fue el primer laico que ocupó este puesto político en Inglaterra. Tomas Moro fue la figura  política más atractiva de comienzos del siglo XVI, la voz de la conciencia de la primera Reforma inglesa, una de las tres mayores personalidades del Renacimiento inglés.

Ayudó al rey a conservar la unidad de la Iglesia Católica  de Inglaterra, rechazando las doctrinas de Lutero; e intentó, mientras pudo, mantener la paz exterior. Sin embargo, acabó rompiendo con Enrique VIII por razones de conciencia, pues era un católico ferviente. Moro declaró su oposición  y dimitió como canciller, cuando el rey quiso anular su matrimonio con Catalina de Aragón, para casarse con Ana Bolena; el rey rompió las relaciones con el Papado, se apropió de los bienes de los monasterios y exigió al clero inglés un sometimiento total a su autoridad. Inglaterra pasó de la religión católica a la anglicana, dirigida por Enrique VIII.

La  negativa de Tomás Moro a reconocer como legítimo matrimonio de Enrique VIII con Ana Bolena, prestando juramento a la Ley de Sucesión, hizo que el rey lo encerrara en la Torre de Londres, en 1534 y lo hiciera decapitar al año siguiente, acto que demuestra hasta donde llegó su  honestidad moral e intelectual. Un año después de la decapitación de Tomás Moro, Ana Bolena fue prisionera en la misma Torre de Londres, y también decapitada por orden del Rey.

En Tomás Moro podemos  encontrar un ejemplo de vida, un político honesto, modelo para  aquellos laicos que, queriendo vivir en medio del mundo, busquen transformarlo y llevarlo a Dios. Tomás Moro fue un modelo político, honesto por su afán de servir, veía la política como su modo de servir a Dios: su vocación.

El concepto de Utopía  fue propuesto por primera vez por Tomás Moro.

En su libro UTOPÍA Tomas Moro, en 1516 plantea la posibilidad de crear un estado justo en la que todos sus habitantes  alcanzan la felicidad, por la organización del Estado, que creen que es la mejor y única forma de gobernar honestamente.

UTOPIA es un país en el que no existe nada privado, todo es común y por lo que nadie  carece de nada. Sus habitantes son ricos aunque nada posean.

La idea de una isla “ningún  lugar” es una imagen perfecta, porque supone la necesidad de descubrir ese lugar.

Unos de los antecedentes a la obra de Tomás Moro, son LOS HECHOS DE LOS APOSTOLES, que dice; “La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma y nadie consideraba suyo lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común… No había entre ellos ningún necesitado porque los que eran dueños de campos o casas los vendían, llevaban el precio de la venta, lo ponían a los pies de los apóstoles y se repartía a cada uno según su necesidad” (Hechos 4, 32-35).

Este pasaje de los Hechos  de los Apóstoles, describe bien a Moro no sólo por ser mártir de la fe,  sino por su honestidad, coherencia y testimonio de vida cristiana, por su unidad de vida.

Junto a los Hechos de los Apóstoles, en Tomás Moro hemos de destacar la influencia notable de San Agustín, como lo demuestra el hecho de que en sus escritos sea el autor más citado entre todos los Padres de la Iglesia. Tenía un profundo conocimiento de “La Ciudad de Dios”, el libro de San Agustín, sobre los dos amores que fundaron sendas ciudades; la terrena y la celestial.

Ambos autores buscan ante todo comprender la relación entre la Ciudad de Dios, que no se puede, ni se debe identificar con la Iglesia terrenal, y la Ciudad de los hombres, tampoco identificable con cualquier tipo de forma de gobierno. En ese sentido, las obras de San Agustín y Tomás Moro, leídas en sus contextos históricos llenan de luz la doctrina tradicional de la Iglesia respecto a la relación de la Iglesia y del poder político. Uno de Teología de la Historia, otro de pensamiento utópico. Moro, como  San Agustín, poseía una fuerza interna: su pasión por la verdad, heredades de  Sócrates, Platón y Aristóteles.

En la época de Tomás Moro  estaba penetrando el pensamiento de Maquiavelo, que escribió justo en esos años sus obras principales: los Discursos sobre la primera década de Tito Livio y El Príncipe, quién  triunfaba con su modelo  de concebir el saber político. También Martin Lutero. Eran  los ideólogos a los que debía refutar con las armas de su pluma y de su  doctrina.



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