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Trump y Xi Jinping, los líderes más poderosos del mundo, se reúnen en Pekín 


2017-11-08

Macarena Vidal Liy, El País

Un emperador al alza, muy al alza, y otro en horas bajas. El presidente chino, Xi Jinping, recién reforzado como el líder indiscutible de su país, y el estadounidense, Donald Trump, lastrado por unos bajos índices de popularidad y diversos escándalos, se reúnen a partir de este miércoles y durante dos días en Pekín. Será una visita, ha dejado ya claro Pekín, por todo lo alto: “una visita de Estado y más”, la ha descrito Cui Tiankai, el embajador chino en Washington. Los dos hablarán de Corea del Norte, de comercio, del mar del Sur de China y de toda una gama de asuntos para dar forma a la relación bilateral más importante del mundo.

Ambos líderes mantienen una buena relación personal. Trump, que tiene debilidad por los líderes autoritarios, se ha deshecho en elogios sobre su homólogo chino, al que felicitó por su “elevación” en el 19 Congreso del Partido Comunista clausurado hace dos semanas. Y Xi, ha dicho, “me considera un amigo”. Los dos comparten una visión similar: si el uno quiere “hacer grande a Estados Unidos de nuevo”, el otro quiere hacer realidad “el sueño chino del rejuvenecimiento de la nación”.

Aunque ambos se encuentran en momentos distintos. Trump desarrolla su primera gira asiática bajo el peso de su baja popularidad en casa, el escándalo en torno a la influencia rusa en las elecciones que le han dado la presidencia -cumplirá el aniversario en Pekín-, y ahora, el reciente tiroteo en una iglesia de Texas que ha dejado al menos 26 muertos. Su visión de hacer grande a su país pasa por un repliegue dentro de sus fronteras.

En cambio, Xi ha quedado encumbrado como el líder con más poder de su país desde los tiempos de Mao. Su país se encuentra en ascenso y, según ha expuesto en el Congreso del partido, su plan es convertirlo en una gran potencia, con aspiraciones de liderazgo y mucha mayor presencia a partir de ahora en el escenario internacional. “No buscaremos la hegemonía militar o económica, no habrá imperialismo, pero no cederemos en lo que afecte a nuestra soberanía, seguridad o desarrollo, nuestros intereses básicos”, explica Li Yongcheng, de la Universidad de Estudios Internacionales en Pekín.

Pekín está dispuesto a encandilar a Trump. Tras su llegada, en la tarde, habrá un paseo por la Ciudad Prohibida, una ceremonia del té y un banquete con todas las campanillas. El jueves, las reuniones oficiales tendrán lugar en el descomunal Gran Palacio del Pueblo. Un programa destinado a encandilar al antiguo empresario que cuenta entre sus elogios preferidos “lo mejor” y “lo más grande”.

Corea del Norte será, como en las etapas previas del viaje presidencial -Japón y Corea del Sur-, el asunto dominante. China, el gran aliado de Pyongyang, ha movido fichas estos últimos meses: ha votado a favor de nuevas sanciones contra el régimen de Kim Jong-un y ha ordenado el cierre de las empresas norcoreanas en su territorio. Trump acaba de declarar que Xi “ha ayudado mucho. Veremos cuánto ha ayudado pronto”.

El comercio será otro de los grandes asuntos a abordar. El presidente estadounidense se ha lamentado en varias ocasiones de lo que, en su opinión, es una relación desequilibrada netamente a favor de Pekín. “Nuestro déficit es masivo”, repetía el lunes en Tokio. El trato, sostenía, “tiene que ser recíproco”. China debe ofrecer igualdad de condiciones a las empresas e instituciones de EE UU, opina Washington.

Ambas partes suscribirán numerosos acuerdos comerciales. Aunque los expertos dudan de que se acuerden medidas sustanciales: “China está dispuesta a firmar todos los acuerdos comerciales del mundo, con tal de que no se metan en política industrial y el tipo de cuestiones de acceso al mercado que quieren evitar”, indicaba Christopher Johnson, del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) en una reunión con periodistas en Washington.

Y aquí es donde ambas partes pueden chocar. No en esta visita, donde todo serán sonrisas. Pero más adelante, es posible que, según predicen algunos analistas, Estados Unidos endurezca el tono. Orville Schell, director del Centro de Relaciones China-EE UU de la Asia Society en Nueva York, publica en la revista digital ChinaFile que “no me sorprendería ver que la Administración Trump (…) empieza a jugar una estrategia mucho más dura, incluso de confrontación, de manera que nos pueda sorprender”.

También saldrá a relucir otro asunto espinoso en la relación bilateral, las reclamaciones territoriales de China en el mar del Sur de China. Aunque tras la llegada al poder de Rodrigo Duterte en Filipinas, las disputas de soberanía en esas aguas se han acallado, EE. UU. ha seguido llevando a cabo patrullas en las cercanías de islotes que Pekín declara como suyos. Algo que causa una profunda irritación en China.

No está claro hasta qué punto Trump sacará a relucir la cuestión de los derechos humanos, tradicionalmente uno de los grandes puntos de desacuerdo entre Washington y Pekín. Un grupo de escritores internacionales -como Margaret Atwood, Chimamanda Adichie o Philip Roth- le ha pedido en una carta que interceda por Liu Xia, la esposa del premio Nobel de la Paz muerto en cautiverio Liu Xiaobo, y a quien nadie ha vuelto a ver desde el funeral.

Tampoco está claro si sacará a relucir la censura o el control sobre Internet. Aunque tendrá ocasión de sufrir en sus carnes la "Gran Cibermuralla" que China impone a las comunicaciones cibernéticas en su territorio: A menos que utilice algún programa informático específico para saltársela, el presidente que ha hecho de Twitter su gran arma de comunicación no podrá acceder a esta red social durante casi 48 horas.



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