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En el Huerto de Getsemaní


2018-03-29

 

Por: Margarita Gonzalez 


El hombre elige acompañar al Señor y viene el enemigo a debilitar su fortaleza, a menguar su decisión.

El Apóstol eficiente es aquel que, habiendo comprendido la Grandeza del Ministerio Evangelizador, pone en práctica recursos de honradez y diligencia para acercar a otros lo comprendido por su corazón.

La Paz será el atributo de estos Apóstoles que brillan como Luceros en el Reino de Dios.

El Cielo agradece a estos apóstoles que Evangelizan y hacen presente el Reino de Dios entre sus hermanos, edificando mentes y cuerpos en el correcto hacer de los Hijos de Dios.

El dolor profundo que experimenta el Hijo del Hombre al ser arrancado de su familia, le hace exclamar el lamento que hay en su corazón: “Padre, si es posible, que pase de Mi este cáliz”,  pero recordando la Grandeza y Trascendencia de Su Misión, acepta sufrir en Su Persona el escarnio del pecado, aunado a las penas del sufrimiento de su dolorosa pasión.

Se sume en un mar de atrocidades humanas, de perjurios y graves faltas que le oprimen Su Corazón.

Allí, en la conciencia de lo que asume, la responsabilidad de la liberación y redención del linaje humano, es que atraviesa un estado de pena inenarrable, que hace brotar sangre de su corazón, y que brota por la piel, signo del estado de sufrimiento de los castigos que el hombre merecía, y que acepta en Su Persona, para devolver Libertad y Honra al Pueblo de Dios.

La libertad garantiza el deseo humano de asumir, libremente, el linaje celeste, ser pueblo de Dios.

La Redención implica el coraje de permanecer firmes en donde corresponde, siendo  fieles a pesar de los obstáculos y sufrimientos, para dar cumplimiento a lo ofrecido por Dios, devolver al hombre su Estatura Original, acrecentada por la Gracia Infinita concedida por el Hijo de Dios: Formar parte de Esta Familia Sagrada, como Hijos muy amados por el Corazón de Dios.

Así, el hombre redimido es aceptado como Hijo del Padre, que le da un lugar privilegiado en Su Reino de Amor.

--Y, ¿acerca de la Hora Santa?...

El Amor Incondicional de Dios suplica a sus hijos que velen y oren al menos una hora, para acompañar al Hijo en este momento de Suma Grandeza y Honra, y tan lleno de dolor.

Ambos, discípulos y Maestro, necesitan compartir un momento de abandono y comunión con el Hijo que necesita de los suyos para cumplir y restituir el grave daño que la desidia y la pereza operan en el corazón humano, y los apartan del verdadero Gozo de estar atentos y vigilantes ante las acechanzas del enemigo, que los quiere apartar del verdadero sentimiento de Gozo que es estar en la Presencia de Dios.

El Dios Infinito acude a los suyos para experimentar su compañía, su presencia, su oración.

Y así, en el transcurso del tiempo, se sigue ofreciendo la Hora Santa, que nos remite a la Hora en que Jesucristo, como Hijo del Hombre, asume los pecados del mundo y se ofrece como Víctima, para con Su Generosidad, dar al hombre Nueva Vida, Nueva Dignidad, Nuevo Conocimiento del Amor de Dios.

La Dignidad  os ha sido dada.   Realícenla con sus obras y testimonios, asúmanla en sus vidas y vivan la Libertad y Redención operada por el Hijo de Dios en beneficio de todos y que se realiza en quienes viven el Privilegio y la Honra de ser Redimidos por el Señor, de acuerdo al querer de su corazón.  
 



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