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Parejas del mismo sexo se apresuran a casarse antes de que el nuevo presidente de Brasil asuma el poder


2018-12-31

Por Shasta Darlington | The New York Times

SÃO PAULO — Tan solo horas después de que Jair Bolsonaro ganó la elección presidencial de Brasil con una victoria aplastante para los conservadores, Carolina Zannata y su novia llamaron al notario público más cercano y fijaron una fecha para su boda.

El matrimonio igualitario ha sido legal en Brasil desde 2013, y Zannata dijo que ella y Aline Foguel no habían sentido prisa por casarse. Sin embargo, el triunfo de Bolsonaro —un político de extrema derecha que alguna vez dijo: “Soy homofóbico, a mucha honra”— las hizo cambiar de parecer.

“Nos asustamos”, dijo Zannata. “Debemos aprovechar los derechos que tanto trabajo nos costó obtener porque quizá no gocemos de ellos después”.

El 1 de enero, Bolsonaro asumirá el cargo y una de sus prioridades es cumplir con su promesa de campaña de defender “el verdadero significado del matrimonio como la unión entre un hombre y una mujer”.

En cuanto comience su presidencia, tendrá el poder de cumplir su promesa. Su partido también se convertirá en la segunda fuerza más grande en la cámara baja, gracias a todo el apoyo que recibió en las urnas en octubre.

Los expertos en leyes dicen que lo más seguro es que el Supremo Tribunal Federal anule la legislación que revierta la legalización del matrimonio igualitario, pero no está claro cuánto tiempo podría tomar el proceso.

“Podría haber intentos para hacer que el matrimonio igualitario sea ilegal, pero la constitución prevalecerá”, dijo José Fernando Simão, profesor de Derechos Civiles y Derecho Familiar en la Universidad de São Paulo. Y agregó: “Es natural que la gente esté preocupada. Es una comunidad que en el pasado ha sido muy marginada”.

Por ello, a principios de diciembre, Zannata y Foguel reunieron a familiares y amigos para una boda sencilla en la oficina del notario, seguida de un almuerzo festivo. Se unieron a una ola de parejas homosexuales que se apresuraron a llegar al altar por amor, pero también por temor o como una manera de rebelarse ante lo que pueda hacer el gobierno entrante.

Cuatro de las cinco ceremonias en la oficina del notario esa mañana de sábado eran matrimonios entre personas del mismo sexo.

De acuerdo con la asociación de notarios de Arpen, el número de matrimonios igualitarios en todo Brasil aumentó un 66 por ciento en noviembre. En São Paulo, la ciudad más grande de Brasil, hubo 57 matrimonios de personas del mismo sexo tan solo en los primeros diez días de diciembre, en comparación con los 113 que hubo en todo el mes de diciembre de 2017.

Bolsonaro, durante años un personaje menor en el congreso y más conocido por sus ataques contra las mujeres, así como las personas homosexuales y las negras, logró convertir la corrupción desenfrenada y los crímenes violentos de Brasil en una oportunidad electoral, pues se anunció como el candidato que restauraría el orden público.

También ganó muchos votos con su agenda culturalmente conservadora. Mientras hacía su campaña, acusó a los gobiernos previos con tendencias de izquierda de distribuir “kits de homosexualidad” en las escuelas, una referencia a los materiales educativos que, según él, “pervertían” a los estudiantes.

Para muchos en la comunidad LGBT, el temor más grande es que la retórica feroz de Bolsonaro ha impulsado una nueva era de intolerancia e intimidación con el potencial de provocar violencia.

“La gente ahora tiene un discurso abiertamente homofóbico que antes les daba vergüenza expresar”, dijo Foguel. “Tengo mucho miedo de volver a vivir un pasado que creí haber conquistado. He tenido ataques de pánico”.

Las elecciones polarizadas detonaron una ola de ataques motivados políticamente, generaron mensajes virulentos en las redes sociales e incluso llevaron a la creación de un juego de computadora en el que los jugadores pueden usar un avatar de Bolsonaro y asesinar a simpatizantes de la izquierda, feministas y personas homosexuales.

Zannata dijo que no había dado importancia al ambiente lúgubre hasta que vio un video que mostraba a una multitud de fanáticos del Palmeiras, un equipo de futbol con sede en São Paulo, quienes coreaban un mensaje acerca de cómo Bolsonaro, en ese entonces candidato a la presidencia, asesinaría a las personas homosexuales.

Zannata, una fanática apasionada del Palmeiras, siempre había ido a sus partidos, comentó.

“Son machistas, pero me aceptaban”, dijo acerca de los otros fanáticos. “Ahora tengo miedo de ir al estadio”.

Ante la posibilidad de un cambio en los derechos legales, Maria Berenice Dias, la dirigente del departamento de diversidad sexual del Colegio de Abogados de Brasil, animó a las parejas homosexuales “que quieran casarse a apresurarse a formalizar su unión antes del término del año”.

Las parejas homosexuales acudían a las notarías públicas y en las redes sociales se observó mucho apoyo, también ante las bodas apresuradas.

“Siento mucha solidaridad”, dijo Rossanna Pinheiro, proveedora de paquetes de karaoke para fiestas, quien decidió donar su equipo a las bodas y organizar voluntarios. “La gente lo está haciendo por miedo, aunque no tengan suficiente dinero ni para los documentos de matrimonio. Quería ayudar”.

Pasteleros, planeadores de bodas, fotógrafos y DJs se han unido a la causa y han ofrecido sus servicios de manera gratuita, mientras que los activistas de los derechos de las personas homosexuales han organizado una serie de bodas grupales.

En una ceremonia reciente, organizada por voluntarios en una fábrica readaptada en São Paulo, cuatro parejas que habían logrado alistar sus bodas en menos de tres semanas se dieron cita ante el altar.

“Nos resistiremos”, dijo Victor Silva Paredes, de 23 años, antes de caminar hacia el altar con su padre. “Luchamos por estos derechos y no vamos a regresar al clóset”.

Para Noah Beltramini, un hombre trans, fue un momento de felicidad pero también uno de varios pasos apresurados que debía dar. No solo se está dando prisa para casarse sino también a cambiar de manera oficial su nombre y su identificación de género, como lo permitió a principios de este año una resolución del Tribunal Supremo Federal.

“No era algo que me preocupara antes”, comentó. “Pero con Bolsonaro me siento totalmente vulnerable”.

“Luchamos por estos derechos y no vamos a regresar al clóset”.
Victor Silva Paredes, participante de una boda grupal

En muchos aspectos, la boda grupal fue muy tradicional: con novias que llevaban vestidos blancos, una banda de voluntarios que tocaba baladas de amor y un enorme pastel que después devorarían los invitados. Pero también fue visiblemente una declaración política.

“El amor no tiene raza, color, sexo ni género”, declaró el oficiante de bodas. “Hoy es el día en que todos respetarán su decisión”.



Jamileth


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