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Agenda Exterior: Venezuela


2019-02-08

Pólítica Exterior

¿Qué opciones tienen los países que apoyan a Guaidó?

Más de 50 países han reconocido a Juan Guaidó como presidente encargado o han reconocido a la Asamblea Nacional como la única autoridad legítima en Venezuela. Sin embargo, el poder sigue en manos de Nicolás Maduro, que ha rechazado convocar elecciones y soltar las riendas del país. Estados Unidos insiste en que todas las opciones están encima de la mesa, mientras los países de la Unión Europea que apoyan a Guaidó prefieren hablar de diálogo. Ante este impasse, preguntamos a los expertos qué opciones tienen los Estados que reconocen a Guaidó.

OPINIONES:

Pablo Bustinduy | Portavoz de Exteriores y diputado de Podemos por Madrid

Los países que han reconocido a Guaidó se han situado en un callejón sin salida diplomático. Guaidó no tiene capacidad para tomar decisiones efectivas, ni las más básicas. Un buen ejemplo es la crisis de ayuda humanitaria que vemos en este momento. Más allá de las implicaciones que tiene usar instrumentalmente la ayuda humanitaria, la realidad es que, aunque quisiera, Guaidó no puede conseguir que esta llegue a sus destinatarios, porque los funcionarios del Estado venezolano no le obedecen. Tampoco puede cumplir con su obligación de convocar elecciones en 30 días.

El gobierno español es consciente de esto, y lo manifiesta cuando afirma que el reconocimiento es político, sin aclarar qué va a pasar con las representaciones diplomáticas de cada uno de los países. Simplemente se tomó la decisión apresuradamente, por las presiones y sin ningún plan, lo que siempre es la peor de las opciones en el mundo de las relaciones internacionales.

De no rectificar esta línea de acción, la única alternativa para implementarla hasta el final es militar: bien una insurrección interna o una intervención externa. Estas son las opciones de Trump y del propio Guaidó, pero no pueden ser las de un país como España. Por eso hemos demandado al gobierno que rectifique y se sume a la única salida pacífica posible, la que representa la iniciativa de México y Uruguay. No hacerlo es una irresponsabilidad absoluta de consecuencias nefastas.

Carmen Beatriz Fernández | Presidente de DataStrategia Consultores

El 7 de febrero, unos 60 países han manifestado su reconocimiento a Guaidó como presidente encargado de Venezuela. Si hiciéramos el ejercicio de sobreponer el mapa de esos países que le apoyan con otro mapa global de la calidad de la democracia, ambos coincidirían bis a bis, y el ejercicio evidenciaría una realidad: en la crisis venezolana no existen dilemas ideológicos de izquierda-derecha, sino de democracia-dictadura.

En Venezuela hoy se juegan los valores democráticos globales, y el mundo parece haberlo entendido así. Es vital trabajar ahora por una solución que sea lo menos costosa posible para el pueblo venezolano. Y “lo menos costosa” involucra al tiempo como variable fundamental, en una nación devorada por la hiperinflación, donde los precios de los alimentos se duplican cada 10 días.

Está claro que la solución de la crisis debe arribar a unas elecciones a corto plazo, en condiciones libres y competitivas. Crear las condiciones electorales implica desmontar el sistema electoral de la dictadura, que incluye fórmulas como presos políticos, inhabilitación de candidatos, ilegalización de partidos políticos y uso del hambre como instrumento de control social. No es fácil ni corto.

El Consejo Europeo ha hecho explícitos unos términos de referencia para ayudar y acompañar la crisis venezolana hasta arribar a una solución electoral, a través de un Grupo Internacional de Contacto. Podría ser ese el camino correcto. Sin embargo, en vísperas de su presentación (prevista para este 7 de febrero en Montevideo), los gobiernos de Uruguay y México parecen haberle tendido una emboscada, con una propuesta alternativa, disparatada y completamente ajena a los tiempos políticos. El régimen de Maduro ha sido siempre un jugador “duro” y artero, pero no hay tiempo para más engaños ni trampas.

Para que la propuesta europea funcione es necesario que esa plataforma reconozca a Guaidó, y haga suya la lógica de la ruta que este ha definido: uno, cese a la usurpación; dos, gobierno de transición, y tres, elecciones libres. Solo así pasará a ser una entidad que facilite la transición, integrando a niveles ministeriales y técnicos, y sentando un apoyo útil para el rescate de la democracia en Venezuela.

Luis Esteban G. Manrique | Redactor jefe de Informe Semanal de Política Exterior.

Maquiavelo escribió que “nada hay nada más difícil de llevar a cabo, más peligroso de conducir o más incierto en su éxito que llevar la iniciativa en la introducción de un nuevo orden de cosas”. Después de haber roto muchas tradiciones y antecedentes diplomáticos, a la coalición internacional antichavista ya le queda muy poco por hacer, salvo preparar una invasión que no se va a producir en momentos en los que Trump está retirando tropas de Siria y Afganistán. Lo último que necesitan los venezolanos es que su país se convierta en un tablero donde las grandes potencias diriman sus conflictos. Un viejo proverbio africano dice que cuando los elefantes pelean, es la hierba la que sufre.

Derribar a un líder que tiene en sus manos el poder coactivo del Estado, por muy impopular que sea y aislado que esté, nunca es fácil. La dictaduras no se caen solas. Hasta el más estricto cerco económico puede romperse, como lo ha demostrado Corea del Norte. Y Maduro, a diferencia de Marcos Pérez Jiménez, que en 1958 encontró un refugio seguro en la España de Franco, sabe que su exilio sería todo menos dorado. La sombra de la Corte Penal Internacional es alargada.

El aparato policial-militar chavista, que ya tiene dos décadas, no se va desmoronar de un día para otro. La única educación formal que recibió Maduro fue el adoctrinamiento ideológico que le impartieron sus maestros cubanos en la isla, con su mezcla de dogmas, sectarismo, intereses, mártires, iluminados, creyentes y clientes. Chávez y Maduro sacrificaron la soberanía venezolana ante el altar del castrismo, una iglesia que ha durado ya 60 años. Aunque tiene herejes y apóstatas y ha perdido a su fundador, la ortodoxia castrista se mantiene firme en las catacumbas de La Habana, Caracas y Managua. Maduro, Diosdado Cabello y Tareck El Aissami son talibanes convencidos de que su misión es salvar a Venezuela de sí misma.

Pero no tengo dudas de quiénes serán los vencedores: quienes se han negado a arrodillarse. La renta petrolera ya no alcanza ni siquiera para alimentar a un país que importa el 75% de los alimentos que consume. Lo que había que robar, se robó ya. Obama siempre dijo que Venezuela era un asunto menor que había que dejar a los venezolanos y latinoamericanos, que nunca quisieron hacer nada hasta que se les vino encima la ola de refugiados. Pero recién han empezado las sanciones de verdad. Los que llevan la batuta de la protesta son líderes jóvenes forjados bajo el chavismo. Maduro tiene al 80% del país en contra. Si Trump, John Bolton y Elliot Abrams ganan la partida de póker geopolítico al Kremlin, Vladímir Putin dejará caer a Maduro, probablemente a cambio de concesiones en Siria y otros lugares.

Sergio Maydeu-Olivares | Consultor y analista internacional

El objetivo final de todos los gobiernos que actualmente reconocen a Guaidó como presidente encargado es que se produzca un cambio real en el ejecutivo venezolano, se inicie un período de transición y se convoquen nuevas elecciones presidenciales “libres y democráticas”. Cómo alcanzar dicho objetivo es en lo que difieren los gobiernos aliados de Guaidó, impidiendo la aplicación de una estrategia común.

Descartada una transición inmediata, el factor tiempo es el que va a marcar una resolución a corto o medio plazo de la crisis venezolana o una cronificación de la misma. Maduro es el principal interesado en que se dilaten los tiempos. Por el contrario, EU, principal aliado de Guaidó, busca una rápida resolución a la misma, mediante la amenaza de una intervención militar, la aplicación de nuevas sanciones económicas, la ofensiva diplomática sobre sus socios europeos y latinoamericanos o el inicio de una guerra humanitaria con el fin de desestabilizar internamente las estructuras de poder venezolanas. Ante este escenario, tanto el bloque europeo como el del Grupo de Lima, que han apostado abiertamente por Guaidó, se están alineando de forma individual por algunas de las vías abiertas por EU, siendo la vía humanitaria la que está aglutinando mayores adhesiones, aún a riesgo real de desborde de la crisis.

Si se quiere optar por una transición pacífica, los países aliados deberán optar por la vía de de la mediación, capitalizada por México, a la espera de que la presión interna sea lo suficientemente intensa como para romper la alianza Maduro-FANB. La promesa de una amnistía a los militares anunciada por Guaidó es un primer paso. Si todos los aliados de Guaidó están convencidos de que la presión interna y nacional provocará una caída pacífica del régimen, esta es la única vía.

Todos los países que apoyan a Guaidó coinciden en que solo podrá resolverse la crisis venezolana con la salida de Maduro, pero esta no se podrá darse sin su concurso.



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