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Linchamiento verbal


2019-02-23

Por Carlos Alberto Pérez Cuevas | Revista Siempre

RAZÓN PRÁCTICA

Lo que los fascistas odian es la inteligencia.

Miguel de Unamuno

Dentro de dos semanas, este gobierno cumplirá sus primeros cien días al frente de la administración pública federal; es muy difícil en este periodo tan corto tener una evaluación plena y absoluta de funcionarios, estrategias y acciones. Sin embargo, ha sido una tradición global, y cien días permiten tener cierta certeza de cómo se  desarrollarán los ejes característicos de este primer gobierno de izquierda en México.

Han pasado ochenta y seis días, en medio de ocurrencias, amenazas, investigaciones contra quien osa contradecir al Ejecutivo; conferencias de medios mañaneras que se repiten en forma y contenido una y otra vez, donde nos hemos dado cuenta de que la voz de un solo hombre, el Ejecutivo federal, se impone por encima de leyes, instituciones y autoridades, lo mismo da si son subordinados en el Poder Ejecutivo o pares en otros poderes, incluso pasa por encima de organismos constitucionalmente autónomos.

“Al diablo las instituciones” dijo el hoy presidente en tiempos de campaña, la realidad nos ha llegado y ha hecho realidad esta amenaza, al diablo todos los organismos autónomos y las instituciones que fueron creadas durante el periodo neoliberal, así se justifica López Obrador de su atropello e injerencia, no le importa la división de poderes, ni la autonomía constitucional, para él son tapaderas de corruptelas y beneficiarias de intereses internos y externos a la nación.

No hay que hacer una defensa a ultranza de nadie, cada uno debe defenderse con la ley y la verdad en la mano, porque corrupción y corruptos existen en todas las áreas de gobierno, poderes y niveles, es de reconocerse la contestación del titular de la Comisión Reguladora de Energía, quien advirtió una serie de inconsistencias en las acusaciones que expresara el presidente en su contra.

Inmediatamente le surgieron investigaciones y amenazas directas del aparato de Estado vía la función pública, la fiscalía y autoridades hacendarias, justo de lo que se quejaron y fueron victimas, hoy reprimen y coaccionan a alguien por atreverse a discrepar con el presidente de la republica, pareciera que en pocas semanas regresamos al México de los años sesenta, donde se imponía la voluntad presidencial, se desaparecía a los adversarios, se ponían mordazas a los medios de comunicación y los empleados replicaban como esclavos lo que el supremo poder de la Unión encarnado en el titular del Ejecutivo deseara.

No había contrapesos, era el poder absoluto. Así se empieza a sentir el ambiente, cualquiera que piense y exprese lo contrario al presidente López Obrador es sujeto de amenaza, descalificación y descrédito público. La acusación inmediata es de corruptos, neoliberales, derecha, fifís, y empieza el linchamiento en voz del presidente para después aplastar con el aparato de Estado. Es un retroceso a los años sesenta en pleno 2019.



JMRS


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