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Conversión y mensaje cristiano


2019-06-07

Por: P. Fernando Pascual, L.C. 

La voz de Cristo que nos invita a la conversión

La conversión es una experiencia hermosa, a veces difícil, que cambia profundamente los corazones.

Cuesta la conversión cuando uno mira sus propias fuerzas, cuando teme las reacciones de otros, cuando siente todavía el atractivo del mal.

Pero la conversión parece posible cuando nos dejamos mirar por Dios, cuando permitimos que la Sangre de Cristo borre nuestros pecados.

También hoy resuena la voz de Cristo que nos invita a la conversión: "El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en el Evangelio" (Mc 1,15).

En el núcleo del mensaje cristiano, la conversión brilla con especial intensidad. Se trata de apartarse de las tinieblas para empezar a vivir en la luz, que es Cristo (cf. Jn 1 y todo el simbolismo de la Vigilia Pascual).

"La noche está avanzada. El día se avecina. Despojémonos, pues, de las obras de las tinieblas y revistámonos de las armas de la luz" (Rm 13,12 13).

El "Catecismo de la Iglesia Católica" habla de la conversión en numerosos lugares. Entre ellos, podemos destacar uno que habla de la predicación constante de la Iglesia:

"Cristo, después de su Resurrección, envió a sus apóstoles a predicar en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones (Lc 24,47). Este ministerio de la reconciliación (2Co 5,18), no lo cumplieron los apóstoles y sus sucesores anunciando solamente a los hombres el perdón de Dios merecido para nosotros por Cristo y llamándoles a la conversión y a la fe, sino comunicándoles también la remisión de los pecados por el Bautismo y reconciliándolos con Dios y con la Iglesia gracias al poder de las llaves recibido de Cristo" ("Catecismo de la Iglesia Católica", n. 981).

La llamada del Buen Pastor llega a cada generación humana y nos invita al cambio más radical y decisivo: dejar el pecado para empezar a vivir en el Señor.

Ese es el mensaje de Jesús. Esa es la enseñanza de la Iglesia. Esa es la realidad que se celebra y vive en cada uno de los sacramentos, especialmente en el bautismo ("para la remisión de los pecados") y en la penitencia.



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