Formato de impresión


La verdadera caridad


2019-06-21


Después de haber proferido tremendas increpaciones a los escribas y fariseos - los siete "ay de vosotros" -, Nuestro Señor mostró el amor que Él tiene por los seres humanos.

Simple y emotiva comparación

Dijo el Redentor:

"¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a aquellos que te fueron enviados! ¡Cuántas veces Yo quise reunir a tus hijos como una gallina reúne a sus pollitos debajo de las alas, pero no quisisteis!" (Mt 23, 37).

La Sabiduría Eterna y Encarnada utiliza esa simple comparación para expresar una verdad sublime que toca los corazones más endurecidos, desde que no coloquen obstáculos.

¡Cuántas pruebas tenemos de que Dios nos ama! Él nos creó, nos sustenta en el ser, nos redimió por su Pasión y Muerte. Por el Bautismo, nos concedió la gracia de tornarnos sus hijos. Exclama San Juan Evangelista: "¡Mirad qué amor tuvo el Padre para llamarnos hijos de Dios, y nosotros lo somos!" (I Jn 3, 1).

El amor de Jesús por nosotros es concedido a través de María Santísima, Medianera universal de todas las gracias. Y Ella nos ama tanto que San Luis Grignion de Montfort afirma ser el amor de Ella hacia nosotros incomparablemente mayor que la suma de los amores de todas las madres del mundo por un único hijo.

Debemos corresponder a ese amor, como ordena el Primer Mandamiento: "Amar a Dios sobre todas las cosas." Y, consecuentemente, amar a Nuestra Señora y la Santa Iglesia, Esposa Mística de Cristo.

Ese amor se muestra por las obras.

Se puede comparar el amor a una cruz, que posee un asta vertical y otra horizontal. El amor arriba referido es vertical. Pero existe también el amor horizontal, o sea, aquel que debemos tener a nuestros hermanos. "Este es mi mandamiento: amaos unos a otros, así como Yo os amé. Nadie tiene amor mayor que aquel que da su vida por sus amigos". (Jn 15, 12-13).

Antigüedad cristiana, Edad Media y mundo actual

En los principios de la era cristiana, durante las sangrientas persecuciones del Imperio Romano contra la Iglesia, había entre los católicos tal bienquerencia que los propios paganos decían: "Ved como ellos se aman y como están dispuestos a morir uno por el otro." Después vinieron las terribles invasiones de los bárbaros, pero la Iglesia, movida por su gran amor a las almas, los convirtió.

En la Edad Media había la perfecta caridad, pues "la filosofía del Evangelio gobernaba los Estados [...], la influencia de la sabiduría cristiana y su virtud divina penetraban las leyes, las instituciones, las costumbres de los pueblos, todas las categorías y todas las relaciones de la sociedad civil".

Pero con la decadencia de la Edad Media explotaron movimientos llenos de odio al bien, la verdad y la belleza, que se lanzaron contra la Iglesia y la Civilización Cristiana: el protestantismo, la Revolución Francesa, el comunismo, etc. A respecto de ese tema, Dr. Plinio Corrêa de Oliveira escribió, en 1959, la obra "Revolución y Contra-Revolución", que fue traducida para los principales idiomas de Occidente.

Y desembocamos en una situación donde en la humanidad, por haber despreciado el amor a Dios y al prójimo, el odio prolifera. Así, "el terrorismo amenaza, los secuestros se arrastran, el robo de niños prolifera, el comercio de órganos humanos aumenta, el crimen, los vicios y la falta de respeto se imponen; asistimos cotidianamente a la expansión de odios, guerras intestinas e internacionales, matanzas de inocentes, al desaparecimiento gradual y progresivo del instituto de la familia... ¡En fin, cuánto más habría para enumerar!"

No tienen origen en las afecciones transitorias y caprichosas

El amor a Dios y al prójimo es también llamado caridad. Sobre la verdadera caridad, escribe Dr. Plinio Corrêa de Oliveira:

"Así como el agua verdaderamente pura no es aquella que nace en los valles sombríos, sino aquella que, salida de lo más profundo de las entrañas de la tierra, se eleva hasta la cumbre de los montes, de donde brota en vetas cristalinas, así también la verdadera caridad no es el sentimiento que tiene su origen en las afecciones naturales, transitorias y caprichosas de los hombres unos por los otros, pero sí el amor que, salido de lo más profundo del corazón humano, se eleva a Dios, y de allá, en vena límpida y cristalina, desciende, como desde lo alto de una montaña, sobre todas las criaturas.

"La primera caridad, por tanto, la caridad verdadera y exenta del lodo de los afectos humanos, es la que se eleva directamente a Dios."

Tergiversación del sentido de la palabra "amor"

La caridad no puede ser confundida, como muchas personas juzgan, con el "amor todo hecho de sensibilidad desparramada e ilógica, de afectos nebulosos y sin base en la razón, de oscuras condescendencias consigo mismo, y excusas acomodaciones de consciencia. Sino es el amor verdadero, iluminado por la Fe, justificado por la razón, serio, casto, recto, perseverante; en una palabra, el amor de Dios".

"¡Cuán diferente es este purísimo amor divino del sentimiento romántico y egoísta que el mundo hoy osa llamar de amor, maculando el sentido más profundo de esta palabra!"

La palabra "caridad" ha sido tan deturpada como sucedió con el término "libertad".

Madame Roland - que era, además, revolucionaria - fue condenada a muerte por los ultra revolucionarios durante la Revolución Francesa, en 1793. Al momento de subir al andamio para ser guillotinada, en una plaza en París, se volvió para la gigantesca estatua de la libertad allí existente y gritó: "¡Libertad, libertad, cuántos crímenes son cometidos en tu nombre!"

Y hoy se podría decir:

"¡Caridad, caridad, cuánta locura y cuánto crimen se cometen en tu nombre!"

Pidamos a la Santísima Virgen la gracia de aumentar nuestro amor a Dios y al prójimo, así como de sentir que somos amados por Ella, como si cada uno de nosotros fuese su hijo único.



regina


Copyright ElPeriodicodeMexico.com