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Las futbolistas del Mundial llevan maquillaje y les va muy bien, gracias


2019-06-21

Por ALLISON MCCANN, The New York Times

Francisca Ordega quería destacar en su tercera aparición en una Copa Mundial de Fútbol. En su primer Mundial, la futbolista nigeriana había usado trenzas estilo rastas y en el segundo, una cola de caballo ondulada y rubia. Esta vez quería algo más atrevido.

“Busqué algo verde y blanco”, dijo al referirse a extensiones de cabello con los colores del uniforme de su selección. “Pero luego vi unas azules y moradas y tenía que conseguirlas”. Apuró una orden desde Estados Unidos y se puso las extensiones ella sola.

Este 8 de junio, después de que Noruega derrotó a Nigeria 3-0 en el primer partido de las Superhalconas, Ordega revisó su cuenta de Twitter y vio que varias personas estaban diciendo que el equipo perdió por culpa del maquillaje, cabello y manicura de Ordega. Por eso “no corrió bien”, dijo un usuario.

Algunas personas que han visto el Mundial de Fútbol Femenino parecen creer que el desempeño atlético y la feminidad no pueden coexistir (“¿En serio la estadounidense Alex Morgan trae puesto maquillaje? ¿Su compañera Sydney Leroux usa pestañas postizas?”) o, como en el caso de Ordega, parecen irritadas por la apariencia de las futbolistas. Tales reacciones responden a ideas anticuadas sobre cómo las mujeres, específicamente las atletas, deben presentarse: ser fuertes pero no tanto; atléticas y aun así femeninas, y femeninas pero no tanto como para usar labial.

Es un espacio imposible de navegar y, tal vez por ello, muchas futbolistas en Francia 2019 lo están rechazando.

“Por primera vez en nuestra historia hay una masa crítica de chicas y mujeres que practican deportes”, dijo Mary Jo Kane, directora del Centro de Investigación Tucker sobre Niñas y Mujeres en el Deporte de la Universidad de Minnesota. “Por fin se sienten legitimadas de estar practicando un deporte, y lo van a acoger sin disculparse con nadie”.

Por mucho tiempo la idea y la historia que se promovían respecto a las mujeres en el deporte era muy “Te ves mejor de rosa”, dijo Kane; las ligas y organizaciones que estaban a cargo de los deportes femeninos querían mostrarlas como damitas para que los demás pudieran aceptar con menos dificultades que las mujeres son muy capaces de ser atléticas. Los uniformes de falda obligatoria, poco prácticos para deslizarse hacia tercera base o para derribar a otra jugadora, han sido parte de las ramas femeniles de diversos deportes por mucho tiempo. En Estados Unidos, la All-American Girls Professional Baseball League de los años cuarenta los usaba y apenas en 2009 la ahora desaparecida Women’s Professional Soccer promovió el uso optativo de faldas envolventes.

“De ese modo, cuando las mujeres se iban abriendo camino en un espacio sagrado supervaronil, su participación en los deportes se percibía como menos amenazante”, dijo Kane sobre la incursión de atletas estadounidenses en varias ramas después de que fue aprobada la ley federal de ese país Title IX, que prohíbe la discriminación a partir del género para actividades educativas como los deportes. “Era una manera de decir: ‘No se preocupen, son fuertes, poderosas y atléticas, pero siguen siendo femeninas'”.

En el torneo actual, otras pocas han destacado tanto como la ágil neerlandesa Shanice van de Sanden, cuyo corte de pelo casi al ras con una trama de color estilo leopardo es una obra de arte. Van de Sanden también usa labial rojo cuando juega —de hecho, lleva el tono Cherry Chic de Maybelline—, así como delineador negro. “Nunca voy a jugar sin mi labial”, dijo la volante que también juega para el club Olympique Lyonnais. “Es con lo que me siento más cómoda”.

Muchas otras atletas han dicho lo mismo sobre la elección de usar maquillaje: que las ayuda a sentirse más a gusto o más seguras y que por ello es importante para su desempeño en las canchas. La corredora olímpica Florence Griffith Joyner, conocida como Flo-Jo, fue una de las primeras atletas en hablar sobre ese vínculo: “Vestirse bien para verse bien, verse bien para sentirse bien, ¡y sentirse bien para correr rápido!”.

Hasta las empresas de cosméticos se han dado cuenta de ello y ahora venden delineador a prueba de sudor y otros productos para mujeres activas que quieren usar maquillaje. Massy Arias, entrenadora física personal, aparece en un anuncio de Cover Girl en el que corre, entrena, hace abdominales y levanta pesas mientras la cámara destaca sus músculos y su rímel. Al final del anuncio, Arias pregunta: “¿Qué, tú no usas maquillaje cuando vas al trabajo?”.

Van de Sanden dijo que empezó a ponerse maquillaje antes de sus partidos hace unos años, como parte de un ritual que adoptó la primera vez que se rapó. Comentó que a la gente le importaba más verla con labial que con el cabello al ras. “Algunos me dijeron: ‘Uy, qué raro’ o se reían”, dijo. “Pero no me importa. Sé que a otras personas también les gusta”.

La surcoreana Cho So-hyun me dijo que durante sus partidos llevaba un labial “borgoña con naranja” porque así se sentía más femenina. Marta, la brasileña que anotó su décimo séptimo gol en el partido contra Italia del 18 de junio —ahora es la persona que más goles ha anotado en mundiales, hombre o mujer—, traía labial de tono vino cuando lo hizo.

Para algunas jugadoras, la decisión de maquillarse o de pintarse el cabello no necesariamente es para verse más femeninas, sino para destacar o para promover sus marcas personales, al igual que hacen los atletas varones.

Los mundiales como Francia 2019 son de los pocos momentos en los que el mundo presta atención a muchas deportistas y por tanto es una gran oportunidad para intentar conseguir patrocinios y financiamiento. Muchas de las futbolistas ya están avanzando en este sentido.

“Ver a las atletas de élite tener la oportunidad de presentarse tal como quieren ser vistas es muy empoderador”, dijo Vikki Krane, psicóloga deportiva de la Universidad Bowling Green State cuya investigación se centra en género y sexualidad. “Si están utilizando un poco de la atención y el poder que tienen para hacerse notar, con tal de que sea una elección que ellas han tomado, deberían de tener toda la oportunidad de hacerlo”.

Megan Rapinoe, la delantera estadounidense, lleva años con un corte estilo pixie rubio. Para el Mundial eligió pintárselo de rosa pastel, al igual que la mediocampista canadiense Sophie Schmidt. La sudafricana Janine van Wyk eligió un color verde lima similar al de la camiseta de su selección.

Kane comentó que a pesar del progreso logrado hasta ahora, las opciones que realmente tienen disponibles las atletas son reducidas. Si deciden no usar maquillaje o llevar el cabello corto, en un estilo distinto a las nociones típicas de feminidad, las tachan de masculinas o marimachas. Y si deciden usar maquillaje o tener colas de caballo coloridas, también las critican.

Esta es una muestra del gran pánico que hay en algunos en torno a las deportistas y cómo socavan las percepciones tradicionales de los roles que les corresponden a las personas de cada género. En mayo, a la corredora olímpica de 800 metros Caster Semenya, de Sudáfrica, le ordenaron reducir sus niveles naturales de testosterona para poder competir. El organismo que rige el atletismo, IAAF, describió a Semenya como parte de un grupo de atletas “biológicamente masculinas con identidades de género femeninas”. La corredora dijo que su experiencia al atender las varias intervenciones médicas que le permiten competir la han hecho sentirse como una “rata de laboratorio” y que la descripción de la IAAF le “duele más de lo que es posible expresar con palabras”.

Ordega, la nigeriana, indicó que son “los mismos de siempre los que critican” su apariencia. “Son los que dicen: ‘Ay, ¿eres mujer y te vas a poner pantalones?’ o ‘¿En serio te vas a dejar corto el cabello? Así pareces chico’. Pero en cuanto intentas verte diferente, hacer algo más femenino, ¡de cualquier manera se quejan!”.

La manera en la que las atletas buscan presentarse es muy importante, dijo Kane, la psicóloga deportiva, porque por mucho tiempo la única manera que tenían de promover su deporte era mostrarse como “hiperheterosexuales”: casi desnudas en algunos momentos. Hace veinte años las jugadoras de la selección femenil australiana, apodadas las Matildas, vendieron un calendario en el que posaban sin ropa para recaudar fondos con los cuales entrenar y, en 2011, la selección francesa apareció sin camiseta en un anuncio que decía: “¿Así tenemos que vestirnos para que vayas a ver nuestros partidos?”.

Para Van de Sanden, el labial y su cabello no son solamente marcas visuales, sino una manera con la cual ella quiere expresar su personalidad por fuera de la cancha. “Amo jugar fútbol”, dijo. “Pero también me gusta verme bien en cuestión de usar maquillaje bonito o prendas lindas; eso también tiene significado para mí”.

Ante la pregunta de si hay alguna futbolista cuyo estilo le gusta en particular, la nigeriana Ordega inmediatamente respondió que Van de Sanden. “La primera vez que vi su cabello pensé: ‘¡Yo también quiero tenerlo así!'”.

El 17 de junio Nigeria perdió ante Francia por un gol en un partido para el cual Ordega se quitó sus trenzas moradas; usó su cabello en dos moños. Le pregunté si se había cambiado su estilo por las quejas que le mandaron en redes sociales.

“No. Solo quería algo nuevo. De hecho, que hablen lo que quieran”, comentó por mensaje de texto, al indicar que estaba aburrida pues había tenido el mismo estilo en los partidos de fase grupal previos. “Si clasificamos para la siguiente ronda, también voy a buscar algo distinto”.



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