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Pekín culpa a un curso de bachillerato por la radicalización de Hong Kong


2019-09-03

Por Tiffany May y Amy Qin, The New York Times

Están sentados en filas ordenadas, con su uniforme muy bien planchado. Pero en esta clase, debido a que están debatiendo sobre los fundamentos de la democracia y los derechos civiles, los estudiantes hongkoneses de bachillerato provocan que Pekín se preocupe de que se salgan de control cada vez más.

El curso obligatorio de civismo, conocido aquí como Estudios Liberales, ha sido el sello distintivo del plan de estudios de Hong Kong durante años; los estudiantes y los maestros señalan que el objetivo es formar mejores ciudadanos que estén más comprometidos con la sociedad.

No obstante, los funcionarios de China continental y los partidarios de Pekín señalan que el protagonismo de los jóvenes de la ciudad en las recientes manifestaciones masivas es la señal más clara de que esta tradición de libertad académica ha llegado demasiado lejos y ha dado paso a una generación de rebeldes.

“El plan de Estudios Liberales es un fracaso”, afirmó en julio un exdirigente de Hong Kong, Tung Chee-hwa. “Es una de las razones detrás de los problemas actuales de la juventud”.

Debido a que los estudiantes de bachillerato de Hong Kong regresan a la escuela esta semana luego de un verano de manifestaciones, existe la inquietud de que la lucha que ha tenido lugar en las calles de la ciudad se traslade a las aulas.

Los estudiantes de las universidades y de las escuelas de bachillerato en toda la ciudad ya tienen planeados boicots a las clases con el fin de aumentar la presión para que el gobierno satisfaga las demandas de los manifestantes, las cuales incluyen el sufragio universal y la eliminación completa de un controvertido proyecto de ley de extradición.

En respuesta, las autoridades han estado tomando medidas para despolitizar los campus. En un aviso emitido el mes pasado, el Departamento de Educación de la ciudad instruyó a los maestros que si les plantean “preguntas difíciles” sobre los acontecimientos actuales, podrían decir: “No sé” o “Tampoco lo entiendo”.

El Partido Comunista que gobierna China ha considerado durante mucho tiempo a la educación una herramienta ideológica fundamental para formar ciudadanos leales. Con el régimen de Xi Jinping, el dirigente autoritario del país, el partido ha aumentado la educación patriótica en el continente, lo cual ha ayudado a moldear a una de las generaciones de jóvenes más nacionalistas que el país haya visto en años.

Los intentos anteriores del partido para instaurar programas similares de educación patriótica en Hong Kong, un territorio chino con más libertades civiles de las que hay en el continente, han fracasado. Sin embargo, existe la inquietud de que la tradición de libertad académica de Hong Kong, valorada desde hace mucho tiempo, esté una vez más en la mira del partido.

En meses recientes, los funcionarios de Pekín han subrayado en repetidas ocasiones la necesidad de una educación patriótica más enérgica en Hong Kong.

“De verdad existe un problema con la educación nacional de los jóvenes de Hong Kong”, comentó en una conferencia de prensa el mes pasado Xu Luying, vocera de la Oficina de Asuntos de Hong Kong y Macao del gobierno de China. “En el primer año de escuela deberían enseñarles a amar con pasión al país y a la patria”.

Lo que para el partido está en riesgo es nada menos que la legitimidad de Pekín ante los ojos de la siguiente generación de Hong Kong. Este quiere acercar a Hong Kong y a Pekín al promover un patriotismo que fomenta los logros del partido y maquilla su historia turbulenta.

Es una misión en la que la jefa ejecutiva de Hong Kong, Carrie Lam, había prometido trabajar incluso antes de que asumiera el cargo en 2017, pues dijo, en ese entonces, que insistiría en fomentar el mensaje “Soy chino” en las escuelas primarias y de preescolar.

Ahora parece que el plan de estudios liberales está desplazándose una vez más a la línea de combate de esa lucha. Es un curso de bachillerato diseñado para inculcar un pensamiento crítico y abarca temas que van desde la identidad de Hong Kong hasta el cambio climático. Por otro lado, en China continental, el plan de estudios oficial se concentra en los logros económicos recientes del partido. Pero a los maestros se les otorga un amplio margen para impartir temas que Pekín considera subversivos.

Esto incluye estudiar la represión de los manifestantes en favor de la democracia en la plaza de Tiananmén en 1989, o la vida de Liu Xiaobo, el ganador del Premio Nobel de la Paz que murió en 2017 estando bajo custodia del gobierno chino por su participación en la demanda de una reforma democrática.

Muchos educadores y defensores de la democracia en Hong Kong señalan que ese curso les enseña a los estudiantes a ser analíticos y objetivos, incluso cuando se trata de analizar los errores del partido. Ellos sostienen que presentar una versión distorsionada de la historia es socavar el rigor intelectual de un sistema que invariablemente se ha clasificado entre los más altos en los índices de educación global.

“Quieren hacer que los jóvenes sean más tontos y menos conscientes”, comentó Hoi Wai-hang, de 38 años, quien ha impartido la clase de Estudios Liberales durante diez años.

No obstante, los funcionarios a favor de Pekín han acusado a los estudios liberales de alimentar las actitudes en contra del continente.

Algunas personas, como Tung, el exdirigente de Hong Kong, culpan al plan de estudios. Otras, incluyendo la Hong Kong Island Chaoren Association, una organización comunitaria con tendencias favorables a Pekín, culpan a los maestros. En julio, este grupo mencionó que los estudiantes no deben tomar clases de Estudios Liberales en la escuela debido a que podrían ser influidos por las posturas políticas de sus maestros.

“No quiero que en este momento los maestros influyan en su opinión acerca de la situación de Hong Kong”, señaló Joseph Yu, vicepresidente de la asociación.

En 2014, tras la oleada de manifestaciones en favor de la democracia encabezadas por los jóvenes y conocidas como la Revolución de los Paraguas, se hicieron críticas parecidas al plan de estudios.

Pese a que en ese entonces no se le hicieron cambios al curso, los expertos afirman que esta vez, la atención renovada sobre el tema indica que los dirigentes de Hong Kong y Pekín creen firmemente que se requiere de un cambio. También ha evidenciado la contradicción cada vez más insostenible entre estos dos sistemas: uno que ostenta la libertad académica como un valor central y otro que hace hincapié en el control ideológico sobre todo lo demás.

“Hasta cierto punto, los Estudios Liberales hicieron que estas mentes jóvenes despertaran a la idea de que se puede lograr un cambio si se unen a las protestas”, comentó Willy Lam, analista político y profesor en la Universidad China de Hong Kong.

“Esa es la peor pesadilla de Pekín”, añadió Lam. “Emplearán todos los medios para ponerle remedio a esta situación”.



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