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Después de los ataques petroleros en Arabia Saudita, todas las opciones conllevan un gran riesgo


2019-09-18

 

(CNN) — Después de los ataques de este fin de semana a la planta procesadora de petróleo más grande del mundo, las preguntas son simples: ¿quién lo hizo, desde dónde y cuál será la respuesta?

Pero, en medio de una serie de señales mixtas, las respuestas no son tan sencillas.

El redoble de tambores para responsabilizar a Irán es cada vez más fuerte, y lo que suceda después tendrá una profunda influencia en el futuro de toda una región.

El secretario de Estado de EE. UU., Mike Pompeo, no tuvo dudas el sábado sobre quién había llevado a cabo los ataques contra la planta de Abqaiq y un campo petrolero saudí, sacando 5,7 millones de barriles por día de producción. “Irán ha lanzado un ataque sin precedentes contra el suministro de energía del mundo”, tuiteó.

Horas después de que los rebeldes hutíes en Yemen se responsabilizaran de los ataques, Pompeo replicó: “No hay evidencia de que los ataques vinieran de Yemen”.

Irán previsiblemente rechazó la acusación de Pompeo.

El presidente de  Estados Unidos, Donald Trump, fue beligerante, pero menos concluyente. Tuiteó el domingo que Estados Unidos estaba “cargado y listo dependiendo de la verificación”, sugiriendo una respuesta militar, pero remitió a Arabia Saudita para identificar a los culpables. Luego, el lunes, se inclinó para culpar a Irán y tuiteó: “Dicen que no tuvieron nada que ver con el ataque a Arabia Saudita. ¿Ya veremos?”

El domingo por la noche, los funcionarios estadounidenses publicaron imágenes satelitales que indicaban que el ataque había venido del norte, Yemen está al sur de Arabia Saudita, y que hubo 17 puntos de impacto en Abqaiq, siete más que la cantidad de drones que los hutíes afirmaron haber mandado. Plantearon la posibilidad de que se lanzara una mezcla de drones y misiles desde el propio Irán o el sur de Iraq, donde la fuerza i-al-Quds de Irán tiene una presencia sustancial.

El lunes, otro funcionario estadounidense dijo que los ataques no se originaron en Iraq. El Gobierno iraquí está tratando desesperadamente de no elegir bandos en la creciente confrontación entre Estados Unidos e Irán, y ha negado con vehemencia que su territorio podría haber sido utilizado para lanzar los ataques.

Después de consultar a sus abogados durante el fin de semana, los saudíes declararon el lunes que los ataques no fueron causados por los hutíes ni fueron lanzados desde Yemen, pero no llegaron a sugerir de dónde habían sido lanzados.

“Todas las pruebas prácticas e indicadores y las armas utilizadas en ambos ataques muestran preliminarmente que se trata de armas iraníes”, dijo el portavoz de la coalición liderada por Arabia Saudita, el teniente coronel Turki al-Malki, sin proporcionar detalles sobre las armas.

Eso nos deja con muchos aspectos negativos, y no mucho en el camino de una “identificación positiva”.

¿Punto de inflexión para la distensión estadounidense-iraní?

Mucho dependerá de si las agencias de inteligencia de EE. UU., trabajando con las sauditas, pueden descubrir evidencia concluyente que señale la fuente del ataque.

Si la evidencia respalda el análisis de Pompeo de que esto es propiedad y operación de Irán, es difícil imaginar que no haya represalias contra Irán. La sofisticación y la severidad del ataque serían un cambio radical del acoso a los petroleros y el derribo ocasional de drones en el Golfo: esto eliminó el 5% de la producción mundial de petróleo en minutos.

Los diversos escenarios se complican tanto por la imprevisibilidad de la Casa Blanca como por los opacos procesos de toma de decisiones en Irán.

En junio, Estados Unidos estuvo a pocos minutos de un ataque contra lugares en Irán pertenecientes al Cuerpo de Guardias Revolucionarios Iraníes (IRGC) antes de que Trump los cancelara.

El lunes, el jefe de gabinete del Vicepresidente Mike Pence sugirió que el comentario de “cargado y listo” de Trump unas horas antes no necesariamente implicaba una respuesta militar.

La semana pasada, Pompeo dijo que Trump estaría dispuesto a reunirse con el presidente iraní Hassan Rouhani “sin condiciones previas”, algo que el propio presidente había dicho en junio. Trump luego contradijo tanto a su secretario de Estado como a sí mismo, mientras culpaba a los medios.

Es difícil evaluar cuál es la línea roja de Trump con Irán; él es reacio a los enredos extranjeros, considerándolos como costosas distracciones de poner a “Estados Unidos primero”. John Bolton, quizás su asesor más agresivo sobre Irán, acaba de abandonar la Casa Blanca.

Ian Bremmer, fundador de la firma de consultoría geopolítica Eurasia Group, señala que “la extraordinaria diversidad de los principales asesores, en su experiencia, temperamento e ideología” (y tal vez su rotación) hace que leer las intenciones de la administración sea una ocupación peligrosa.

Sin embargo, en algún momento, el concepto de disuasión debe ser armado para que signifique algo. El Instituto de Washington señaló en julio que, “hasta ahora, efectivamente no ha habido respuesta a las provocaciones de Irán; aunque el presidente Trump tiene razón al desear evitar la guerra, hay muchas opciones en el espectro entre la guerra y la inacción”.

Los aliados del Golfo de Estados Unidos quieren garantías de que Estados Unidos les respalda; hasta ahora, un verano de escalada, ya sea por parte de Irán o sus representantes, no ha generado una respuesta más allá de un endurecimiento de las sanciones de Estados Unidos.

Es igualmente un desafío discernir las tácticas de Irán. Los intransigentes en el IRGC, los elementos más moderados en el Gobierno de Rouhani y el liderazgo religioso son parte de un proceso de toma de decisiones impenetrable. Algunos analistas se preguntan si el IRGC llevó a cabo esta operación para garantizar que cualquier posibilidad de diálogo sea anulada; otros creen que una escalada tan drástica habría requerido consenso en Teherán.

Pero si Irán está implicado en el ataque, el momento, días antes de que el presidente Rouhani vaya a la Asamblea General de la ONU en Nueva York, no lo ayudará a proyectar una imagen de inocencia herida.

Encrucijada peligrosa

Una respuesta militar a los ataques casi seguramente interrumpiría y tal vez incluso destruiría el arduo trabajo, liderado por Francia, para que Irán vuelva a cumplir con el acuerdo nuclear a cambio de alivio de las paralizantes sanciones estadounidenses. Los franceses han estado proponiendo una línea de crédito de 15,000 millones de dólares para Teherán, pero quieren la aquiescencia de Washington. El presidente Trump parecía simpatizar con la idea, pero otros funcionarios de la administración se han resistido.

Una represalia más grande que un golpe simbólico (piensa en Siria 2016) impulsaría el acuerdo nuclear, el JCPOA, un paso más cerca del colapso, 16 meses después de que Trump retiró a Estados Unidos del acuerdo.

Entonces, la región se encuentra en una encrucijada peligrosa, donde las represalias podrían generar escalada rápidamente. Martin Griffiths, enviado especial de la ONU para Yemen, dice: “De una cosa podemos estar seguros, y es que este incidente muy grave aumenta las posibilidades de un conflicto regional”.

Si bien puede haber muchas incertidumbres, la resistencia de la política regional de Irán no es una de ellas. Ha pasado décadas y miles de millones en busca de lo que llama “seguridad absoluta” al expandir su influencia del Líbano a Yemen, desafiando el papel de Estados Unidos en la región y confrontando a las potencias sunitas del mundo árabe.

Como el Centro Soufan, un grupo sin fines de lucro de seguridad global, escribió en mayo: “Las tácticas regionales de Irán son difíciles de interrumpir con sanciones estadounidenses o incluso globales, en la medida en que los esfuerzos de Irán son económicos e implican trabajar con socios que han establecido bases de apoyo en los países donde operan”.

Esos socios incluyen a los hutíes, Hezbolá en el Líbano y la milicia chiíta en Iraq. El líder de Hezbolá, el jeque Hassan Nasrallah, dijo en junio: “Estados Unidos sabe bien que cualquier guerra contra Irán no se limitará a las fronteras de Irán. Toda la región arderá”.

Estos grupos son los seguros de Irán, repartidos en miles de kilómetros.

El enigma a largo plazo de cómo contener e incluso revertir esas ambiciones persistirá mucho después de que el humo haya desaparecido de Abqaiq.



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